Éditions Ruedo ibérico

Ruedo Ibérico, al fin, en España

Juan Goytisolo


La historia viva, verdadera y profunda del genocidio cultural franquista -y las diversas formas de resistencia opuestas al mismo durante la interminable cuarentena de su dominación- está por hacer. Los numerosos estudios y trabajos colectivos sobre el tema escritos a la muerte del dictador no abarcan en la masa ingente de nombres, hechos y documentos aportados el aspecto hiriente, doloroso, traumático, del problema: la mutilación espiritual impuesta a tres generaciones de españoles, lo destruido o atrofiado en las conciencias, la extrema pobreza e invalidez de las respuestas de quienes se enfrentaron a su empresa a partir de esquemas fatalmente insuficientes y truncos, mediatizados ab initio por la precariedad y maniqueísmo de su propia situación.

La ruptura y vacío impuestos por los programadores de la desinformación -los apagadores políticos a que se refería Larra- han afectado gravemente todos los órdenes de la vida cultural del país y es obvio que la seguirán afectando aún durante mucho tiempo: las secuelas de tan larga enfermedad no pueden ser eliminadas de la noche a la mañana y quien más, quien menos, todos guardamos las cicatrices de los golpes y heridas sufridos en nuestro fuero interior.

Nos guste o no, debemos admitir que la miseria y mimetismo que, hoy como ayer, configuran la vida intelectual española serán muy difíciles de erradicar. Los filósofos, novelistas, científicos, historiadores, no se improvisan, e imaginar, como Cadalso, que bastaría con suprimir la censura del Santo Oficio para asistir al florecimiento de un nuevo Siglo de Oro, es tomar los buenos deseos por realidades constantes. Mientras las ambigüedades y contradicciones de la presente situación política permiten la resurgencia de episodios tan lamentables como el proceso y condena de Els Joglars, algunos de los «apagadores» más notorios de los buenos tiempos de la dictadura asumen hoy sin empacho ni rubor algunos la dura tarea de revitalizar nuestra anémica vida cultural bajo el flamante uniforme de la llamada Unión de Centro Democrático. Entre los cambios operados en el país durante los dos últimos años, el primero y más importante habrá sido pues el del cambio de chaqueta.

Aislamiento, desinformación, maniqueísmo han marcado con su impronta la totalidad de la vida española entre el 39 y el 76, y un posible tribunal encargado de establecer la lista de crímenes llevados a cabo por el sistema franquista contra el pueblo español debería condenar a aquél no sólo por lo que ha destruido, impedido y frustrado, sino también por la obligada debilidad de las respuestas de quienes lo combatimos con sus armas, desde dentro de los límites tan irrisorios como anacrónicos de su exiguo campo dialéctico: actos de voluntad y aun de fe, en vez de análisis objetivos; panfletos en vez de estudios; literatura de resistencia de valor circunstancial e inmediato en vez de una expresión literaria responsable, a la altura de la exigencia de los tiempos.


Historia y análisis político

Discontinuidad histórica, según la acertada definición de Vicente Lloréns, que reproduce en 1978 situaciones vividas siglo y medio antes (habría que evocar aquí la continuidad de la discontinuidad). Pues resulta imposible resumir mejor la actual situación que con estas líneas de su bellísimo ensayo titulado Liberales y románticos: «Ocurrió entonces en 1830 lo que había de ocurrir otras veces, no sólo en el aspecto literario, en la España moderna. Un largo y penoso esfuerzo para ponerse a tono con el espíritu del tiempo, y cuando el objetivo parecía logrado, ya tal espíritu había tomado una nueva dirección. De ahí la confusión, el tropel innovador y el persistente anacronismo de la cultura española, que vive en los tiempos modernos no sólo en una posición de inseguridad, sino moviéndose constantemente a contratiempo.». Verdaderamente, para España no pasan días.

En la ardua, laboriosa lucha contra el maniqueísmo, aislamiento y desinformación en que hemos vivido los españoles de izquierda -no hablo de los otros, en razón de su aceptación resignada o gozosa de lo que podríamos llamar analfabetismo voluntario- el papel desempeñado por Ruedo Ibérico ha sido capital. Desde la fecha de su fundación a la reciente instauración en el país de un régimen más o menos democrático -yo pienso «menos» que «más»-, José Martínez y su equipo de colaboradores se han esforzado en facilitar tanto a los españoles del interior como a los de la diáspora aquello que más desesperadamente necesitaban: por un lado, los materiales y documentos que les negaba el franquismo, a fin de poder juzgar la historia contemporánea del país, los orígenes y responsabilidades de la guerra civil, las razones del triunfo de Franco con un mínimo conocimiento de causa; por otro, la elaboración de un análisis político no condicionado por el sometimiento a las conveniencias y consideraciones tácticas de ningún grupo o partido.

Junto a la divulgación de obras ya clásicas de Brenan, Thomas, Jackson, Koltsov, Gibson, Hermet, Peirats, Southworth, Borkenau, etcétera, la publicación de una serie de textos fundamentales marxistas o libertarios de Trotski, Bujarin, Kautsky, Andrés Nin, etcétera, y, sobre todo, de estudios especializados sobre diversos aspectos concretos de la realidad franquista, como los llevados a cabo por Claudín, Ynfante, Rincón, Martínez Alier y muchos otros en excelentes volúmenes donde se abarcaba la crisis universitaria .y el problema de las nacionalidades, la dominación económica de las «cien familias». y la situación en las cárceles, la estrategia de los partidos y las contradicciones del desarrollo capitalista hispano. Se trataba con ello de crear algo que no había existido hasta entonces, a saber, un espacio plural de discusión en el que las distintas corrientes políticas e ideológicas del antifranquismo pudieran confrontar libremente sus opiniones sin acusarse recíprocamente de toda clase de lacras y herejías o de hacer el juego del régimen español.

Las divergencias en la dirección del PCE que debían desembocar en la exclusión de Claudín y Semprún, favorecieron, por otra parte, la aparición de Cuadernos de Ruedo Ibérico, publicación que, pese a su difusión limitada, es hoy un punto de referencia indispensable para el conocimiento y análisis de la realidad hispana de los dos últimos decenios. Si los Cuadernos de Ruedo Ibérico no supieron ofrecer la alternativa concreta a la línea política del Partido Comunista que muchos esperábamos, se debió exclusivamente al hecho de que los dirigentes excluidos no se propusieron nunca la tarea de elaborarla. Pero ello propició a fin de cuentas este ejido de ideas sin el cual la formación de un pensamiento democrático resulta imposible.


Autores del interior y exiliados

En el terreno literario -cuya responsabilidad asumí de hecho, sino de derecho desde el comienzo de la revista-, CRI divulgó textos de autores del interior y exiliados, en especial aquellos que, por una razón u otra, resultaban conflictivos de cara a la censura franquista: Max Aub, Bergamín, José Angel Valente, Angel González, mis hermanos Luis y José Agustín, Carlos-Peregrín Otero, Jaime Gil de Biedma, etcétera. Allí publiqué la mayoría de los ensayos que componen mi libro El furgón de cola y allí apareció mi extenso estudio sobre la obra inglesa de Blanco White antes de que, con rara sabiduría, don Ricardo de la Cierva dictaminara que su difusión en España no ponía en peligro los fundamentos del Régimen que le alimentaba y al que entonces servía con escrupulosa fidelidad. Tenacidad con tenacidad se paga: la saña de la dictadura contra nuestra empresa nos persiguió hasta el final. En el otoño de 1975, durante la interminable agonía del verdugo, los servicios especiales franquistas hicieron volar la librería del Barrio Latino, por fortuna sin causar bajas.

La integración de Ruedo Ibérico en la vida políticocultural es así un acontecimiento de talla, del que todos debemos felicitarnos. Para millares y millares de españoles, su catálogo ha sido por espacio de veinte años la bocanada de oxígeno que permitió asegurar el buen funcionamiento de sus pulmones: el objetivo primordial de muchos viajes al extranjero y un hito importante en la formación de su conciencia política e incluso de los sentimientos y querencias de un proyecto de vida rigurosamente personal.


In El País, 6 de mayo de 1978