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	<title>Éditions Ruedo ibérico &#187; Artículos sobre Ruedo</title>
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		<title>La crítica de la Transición en las páginas de Ruedo ibérico</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 18:32:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión y discusión]]></category>
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Joan Martinez Alier
 
Introducción
 
Un reciente ensayo sobre la Ley de Amnistía de 1977 de una becaria de la Universidad de Zaragoza (María García Yeregui) escrito con precisión y con la pasión propia de una magnífica nueva generación de historiadores contemporáneos, sostiene con razón que en España no se debatió fuerte y abiertamente sobre los crímenes franquistas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ruedoiberico.org/blog/2011/07/la-critica-de-la-transicion%c2%a0en-las-paginas-de-ruedo-iberico/martinez-alier-paris-2011-2/" rel="attachment wp-att-1187"><img src="http://www.ruedoiberico.org/blog/wp-content/uploads/2011/07/Martinez-Alier-Paris-2011-2-200x300.jpg" alt="Martinez Alier, Paris 2011-2" title="Martinez Alier, Paris 2011-2" width="200" height="300" class="alignleft size-medium wp-image-1187" /></a> </p>
<p><strong>Joan Martinez Alier</strong></p>
<p> <br />
<strong>Introducción</strong><br />
 <br />
Un reciente ensayo sobre la Ley de Amnistía de 1977 de una becaria de la Universidad de Zaragoza (María García Yeregui) escrito con precisión y con la pasión propia de una magnífica nueva generación de historiadores contemporáneos, sostiene con razón que en España no se debatió fuerte y abiertamente sobre los crímenes franquistas durante la Transición.<span id="more-1186"></span> El debate solo ha empezado ya entrado el siglo XXI gracias a los historiadores y gracias al proceso del juez Garzón. Apenas se habló entonces acerca de la violencia política ejercida durante la dictadura y la guerra civil en términos de violaciones de los derechos humanos. La evidencia del silencio la encuentra en el análisis de los contenidos del diario El País y de la revista Triunfo. No usa ni hay razón para que use ni parece haber leído los <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> cuya difusión era relativamente escasa. ¿Fuimos la excepción que confirma la regla? ¿Cómo acallaron a otras voces como las nuestras?<br />
 <br />
La denuncia y el debate político de tales crímenes contra los derechos humanos habría sido cortada por la Ley de Amnistía de octubre de 1977, que amnistiaba (art. 2f) los delitos cometidos por funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas (tales como el no perder la vida y vivir en libertad). Quienes habían impedido el ejercicio de tales derechos, fueron amnistiados. Mejor dicho, se auto-amnistiaron con la aquiescencia de los partidos políticos de centro y de izquierda que habían ganado escaños en las primeras elecciones en España desde 1936, las de 1977.<br />
 <br />
Y así fue, ni en la política parlamentaria ni en la prensa y la televisión se debatió abierta y ampliamente sobre los crímenes franquistas, ni durante el gobierno de UCD hasta 1982, ni en el período socialista de 1982 al 1996, ni en el gobierno de Aznar del Partido Popular (cuyo presidente es Manuel Fraga, ex ministro de Franco) hasta el 2004. Se empezó por fin a despertar la memoria histórica en el ámbito parlamentario con el gobierno de Zapatero, por presión de los historiadores y de los “nietos” de quienes habían sido asesinados y enterrados en fosas comunes y con los intentos muchas veces frustrados de revisar retrospectivamente la legalidad de las sentencias de muerte de los consejos de guerra franquistas. No hubo tampoco en España una Comisión de la Verdad como en Sudáfrica o en Perú. Llamaba la atención en Argentina o en Chile que la justicia española pudiera arrinconar y hasta juzgar a militares y torturadores de esos países y por el contrario no hiciera nada contra los franquistas.<br />
 <br />
La Transición no logró pacificar los ánimos en el País Vasco. A partir de 1982, el gobierno socialista se implicó en operaciones ilegales contra ETA, como lo había hecho la UCD. La prensa de derecha y el PP usaron los GAL para erigirse paradójicamente en defensores de los derechos humanos contra el PSOE aunque se sabía que UCD había estado implicada en similares actividades. Con los socialistas con la inocencia prontamente perdida y a la defensiva, no era momento de pensar en abrir el tema de los crímenes franquistas y de derogar o cambiar la Ley de Amnistía de 1977. Con el gobierno de Aznar, entre 1996 y 2004, era incluso más difícil esa derogación. Con el gobierno de Zapatero, pudiera haberse considerado la posibilidad de discutirla pero los propios socialistas no querían hacerlo. Si el PP se refuerza en las elecciones del 2012, se alejará más esta posibilidad, diga lo que diga el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Uno puede preguntarse si es todavía posible que el caso Garzón pueda desembocar a través de la justicia europea en una reconsideración de la (pretendida) amnistía de los crímenes franquistas de 1977. De hecho, a Garzón se le ha acusado por la justicia española de haberse saltado expresamente la Ley de Amnistía de 15 de octubre de 1977 pues él quería investigar (en el auto que dio el 16 de octubre de 2008)  si, como parecía,  Franco y el resto de los jefes militares y colaboradores que se rebelaron contra la República  habían ideado un plan de exterminio sistemático de sus oponentes que acabó con, al menos, 114.266 desaparecidos (además de los muertos comprobados). Según Garzón, este plan constituiría un delito de crímenes contra la humanidad no previsto en la ley de 1977. Los muertos comprobados quedaban al margen (posiblemente por haberse amnistiado o prescrito los hechos).</p>
<p>La organización Human Rights Watch el 18 de marzo de 2010 explicó en un comunicado que Garzón era  investigado penalmente por prevaricación, al intentar indagar presuntas detenciones ilegales y desapariciones forzadas de más de 100.000 víctimas, ocurridas entre 1936 y 1951, mientras que los tribunales españoles han impedido sistemáticamente las investigaciones sobre abusos cometidos durante la guerra civil que sufrió el país (1936-1939) y la dictadura del General Franco (1939-1975), invocando la Ley de Amnistía de 1977. Uno de los principales argumentos en contra de Garzón usados por la justicia española ha sido que él sostuvo equivocadamente que la Ley de Amnistía de 1977 no se aplicaba a los delitos que él quería investigar.<br />
 <br />
Para diversas organizaciones de derechos humanos internacionales, conviene derogar la Ley de Amnistía de 1977 pues los gobiernos tienen la obligación de garantizar a las víctimas directas e indirectas de violaciones de derechos humanos la justicia y las reparaciones adecuadas. Hay opiniones legales, como las del propio juez Garzón, que aseguran que la Ley de Amnistía de 1977 no impide investigar (algunos de) los crímenes franquistas pero el hecho es que esos crímenes no fueron investigados judicialmente durante más de treinta años desde la llegada la democracia, y que el propio Tribunal Supremo parece pensar (contra Garzón) que la Ley de Amnistía era una ley de punto final, por muchas protestas nacionales o internacionales que haya al respecto. Por otro lado, se argumenta (en el caso español, con treinta años de retraso) que la causa contra los crímenes del franquismo está avalada por la doctrina internacional, según la cual, las leyes de punto final no pueden ser aplicadas cuando se trata de crímenes contra la humanidad. Ciertamente pues, ha habido en los últimos años varios pronunciamientos de organismos internacionales instando a España a derogar la Ley de Amnistía de 1977 dada la imprescriptibilidad de este tipo de delitos. Y el Parlamento español no ha hecho ningún caso ni creo que vaya a hacer ningún caso. La impunidad de los franquistas quedó atada y bien atada.<br />
 <br />
El pésimo ejemplo español de la Transición permitiendo la auto-amnistía de criminales al servicio de una larga dictadura podía servir pour encourager les autres. Por suerte este no fue el caso en Argentina gracias a una ironía de la historia, es decir, la guerra de 1982 de la señora Thatcher en las Malvinas derrotando a los militares argentinos, y gracias a las protestas de las ciudadanas y ciudadanos. En Chile la Transición ha sido más a la española pero no totalmente. Irónicamente otra vez, la diferencia chilena se dio en parte por la intervención del juez Garzón con su auto de detención contra Pinochet en Londres que causó gran irritación a Thatcher que admiraba la política económica neoliberal de Pinochet. Ese auto de Garzón contra Pinochet reseña la larga lista de convenios internacionales pertinentes y le debe haber servido de entrenamiento para sus frustradas actuaciones contra el franquismo años más tarde.<br />
 <br />
<strong>Treinta años no es nada</strong><br />
 <br />
José María Benegas, político socialista protagonista del debate sobre la Ley de Amnistía de 1977, la describió acertadamente (11/11/2007) como una ley de punto final. Como exigía la nueva situación política, se había amnistiado a los presos del franquismo ofreciendo a cambio el olvido jurídico de los crímenes franquistas. (http://www.elsiglodeuropa.es/siglo/historico/2007/761/761benegas.html).<br />
 <br />
Entre el recuerdo de los Pactos de la Moncloa y la conmemoración de los veinticinco años de la victoria del PSOE en octubre de 1982, el treinta aniversario de la Ley de Amnistía ha pasado casi desapercibido. Me correspondió el honor de representar al Grupo Socialista en el pleno del Congreso de los Diputados que aprobó la ley. Era la primera vez que intervenía en el hemiciclo. Fue una sesión solemne. La amnistía fue una de las más queridas y sentidas reivindicaciones de la izquierda. No podíamos empezar una nueva etapa democrática con juicios del pasado pendientes, gente en la cárcel y todavía miles de personas viviendo en el exilio político. Como todo en aquel entonces, la Ley de Amnistía fue producto de un pacto en el que los vencidos de la guerra civil y perseguidos durante cuarenta años nuevamente tuvimos que guardarnos nuestros sentimientos y demostrar generosidad política para poder avanzar en el proceso democrático. Lo digo porque la Ley de Amnistía de octubre de 1977 fue una ley de punto final en virtud de la cual nada de lo ocurrido entre el 18 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977 podría ser objeto de reclamación, como ya he explicado recientemente en estas páginas. Es decir, renunciamos a revisar el pasado y exigir las responsabilidades generadas durante cuarenta años de dictadura.<br />
 <br />
Vean que los diputados socialistas y comunistas se guardaron sus sentimientos y también, supuestamente, los de millones de familiares de víctimas del franquismo. Estuvieron a buen recaudo durante décadas, antes y después de la Transición. Ahora bien, sostengamos con el juez Garzón que la española Ley de Amnistía de 1977 no comprende imprescriptibles delitos contra los derechos humanos reconocidos internacionalmente tales como desapariciones y secuestro de niños. Podría también pensarse que, no ya los asesinados desaparecidos en la guerra y postguerra (como García Lorca) sino también los asesinados con paradero (como Lluís Companys), fueron víctimas de crímenes contra la humanidad que de ninguna manera podían ser amparados por la Ley de Amnistía de 1977. Si este fuera el caso, ¿cómo se explica entonces que en 1980, 1985, 1990,1995, 2000, 2005 ningún fiscal y ningún juez español iniciaran causas por crímenes franquistas? ¿Habrá que pensar que estaban prevaricando? ¿Cómo es posible que haya habido que esperar al juez Garzón en el 2008, cuando el propio juez Garzón actuaba en Chile y Argentina desde antes? Y si no era Garzón, ¿por qué no actuaron en 1980, 1985,1990, 1995, 2000 fiscales democráticos y de larga trayectoria anti-franquista como por ejemplo Jiménez Villarejo? Eso no tiene una contestación, pienso yo, de técnica jurídica ni de circunstancias personales, sino sociológica y política. El miedo perduraba aunque disminuía. Además la interpretación oficial y celebratoria de la Transición en términos de una reconciliación que había liberado a los presos políticos franquistas y que excluía elucidar judicialmente los crímenes franquistas era casi unánime en al arco parlamentario (y de ello se hace eco el diputado Benegas) predominando también en los medios de difusión masiva.<br />
 <br />
Antes de 1975, Gabriel Jackson había aventurado cifras sobre los muertos de la represión franquista durante y después de la guerra similares a las que ahora se manejan (y muy distintas de las de Hugh Thomas). Un historiador del régimen,  Salas Larrazábal, publicó un balance mucho más favorables para los franquistas que el de Jackson (yo logré publicar una temeraria carta contra los inventos de Salas Larrazábal en la revista <em>Destino</em> en 1975). Desde 1977 hasta el 2007 hubo durante 30 años investigación histórica en España que mejoró enormemente la que había podido hacerse antes sobre los crímenes del franquismo pero no hubo intentos de juicio contra los franquistas por delitos contra derechos humanos. Porque la verdad es que los franquistas habían sido amnistiados en 1977 (según creían y creen aún la gran mayoría de parlamentarios y el aparato judicial) con el beneplácito de Partido Comunista, el Partido Socialista, el PNB y CiU. En el Parlamento en 1977 solo expresó una queja desde la izquierda contra la Ley de Amnistía el diputado Francisco Letamendía, autor prolífico de libros sobre la historia de Euskadi en Ruedo ibérico, autor también de “El NO vasco a la Reforma” en esos años de la Transición, amigo mío y de la editorial Ruedo ibérico a la cual había aportado con Miguel Castells Arteche (y con el pseudónimo Kepa Salaberri) un excelente libro sobre el <em>Proceso de Burgos</em> de 1970 en el cual él había sido el más joven abogado.<br />
 <br />
Los colectivos de nietos de las víctimas del franquismo pueden comparar la Transición españolas con la argentina “donde (como ha escrito Diego Barcalá, 1/11/2009, www.publico.es) las leyes de punto final fueron derogadas para que los responsables de la tortura política desfilen ante los tribunales democráticos”. No ha sido fácil. Uruguay ha estado oscilando entre el ejemplo español y el argentino. En España, el blindaje de la Ley de Amnistía de 1977 (que tal vez contravenga tratados internacionales pero cuya vigencia es respaldada fuertemente no solo por la justicia sino por destacados políticos socialistas) permite que Garzón pasara fulminantemente de tardío acusador a acusado.</p>
<p><strong>Los<em> Cuadernos de Ruedo ibérico</em></strong><br />
 <br />
Con José Manuel Naredo y con quien fue el alma de las Ediciones Ruedo ibérico de París, José Martínez Guerricabeitia (que era veinte años mayor que nosotros, nacido en Villar del Arzobispo, Valencia, en 1921), tomamos la entonces atascada revista <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> con brío en 1974, y editamos desde el número 43-45 hasta el número final, el 63-66 en 1979 publicado ya en Barcelona (dedicado íntegramente al ecologismo y a criticar la energía nuclear). Los <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> (CRI en lo siguiente) habían empezado en 1964-65 con apoyo de Jorge Semprún y de Fernando Claudín que habían sido expulsados del Partido Comunista, y en ellos y en sus suplementos escribieron jóvenes estudiantes y profesionales como Manuel Castells, Joaquín Leguina, Juan Muñoz García y muchos otros. Varios fueron a parar al PSOE, otros como Naredo y yo nos mantuvimos independientes durante y después de la Transición. Un aislamiento doloroso, con amistades desgarradas o perdidas con personas que a veces, ahora, ya han muerto haciendo imposible una conversación pausada sobre quién tenía más razón.<br />
 <br />
Cuando el PSOE triunfó en 1982 parecía hacerse realidad por un bello momento el verso de Salvador Espriu, <em>només uns dits joves si encara són nets, guariran les plagues de l’estesa pell</em>, solamente unos dedos jóvenes, todavía limpios, podrán curar las llagas de la extendida piel de toro de España. Pero los ministros del PSOE habían tragado ya todos los sapos de la Transición excluyente, se habían des-moralizado ya antes de ser ministros, habían optado por la continuidad y no supieron resolver el contencioso pendiente en el País Vasco porque se habían subordinado mentalmente con la amnistía a la versión que convenía a los franquistas. La Transición no fue un ejemplo de “a enemigo que huye, puente de plata” sino, al contrario, “si no puedes ganar a tu enemigo (ni lo intentas), júntate con él”, a expensas de los excluidos especialmente en Euskadi.<br />
 <br />
El final de los gobiernos de Felipe González (que hicieron algunas cosas muy buenas como meter a España en la Unión Europea) fue una mezcla de tragedia y de zarzuela. La tragedia de los GAL (cuyos actos no han sido aún juzgados en su totalidad) y la corrupción al estilo de la ladrona directora del Boletín Oficial del Estado y del jefe de la Guardia Civil fugado a Bangkok.<br />
 <br />
En un artículo enviado a <em>CRI</em> y que no se publicó, Joaquín Leguina nos había recomendado a los que quedábamos en Ruedo ibérico en 1977 que nos metiéramos en el PSOE, pero ¿cuántas dimisiones tendríamos en la cuenta (a ejemplo de Ignacio Sotelo) si le hubiéramos hecho caso?<br />
 <br />
Tal vez quien más artículos escribió en <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> fue Luciano Rincón que vivía en Bilbao y que estuvo preso varios años por su labor para la editorial. Juan Goytisolo llevó desde el principio hasta el final la asesoría literaria, publicando el mismo varios ensayos. Mi primer artículo, sobre la agricultura andaluza, fue en el 1967, en el número 13-14, se llamaba “El Reparto”. El economista J. M Vegara (que estaba en Paris, más tarde concejal en Barcelona con el Partido Socialista de Cataluña, amigo muy cercano de Pascual Maragall, ambos autores con pseudónimo en Ruedo ibérico), me trajo en julio de 1968 a La Habana donde yo investigaba historia agraria, el primer ejemplar de <em>La estabilidad del latifundismo</em> escrito entre 1963 y 1967 entre Oxford y Córdoba. En Andalucía hablé con anarquistas sobrevivientes, escuché de escondidas Radio España Independiente en algún cortijo y entendí cómo el poder del franquismo se basaba en la memoria de una gran matanza, en la represión continuada y en un gran miedo. Recuerdo otro artículo mío en Ruedo ibérico (y en <em>Marcha</em>, de Uruguay) de 1970 con el título: “España: el miedo empieza a desaparecer”. Muy prematuro.<br />
 <br />
Naredo por su parte tomó su primer café con Pepe Martínez cuando a los 22 años visitó París en el verano de 1963, para acudir a una reunión de estudiantes comunistas que tuvo lugar en Arrás (tras esta reunión fue expulsado del Partido Comunista por sus desavenencias con la dirección de Santiago Carrillo). Ese primer contacto de Naredo se afirmó al residir en Paris durante 1966-1967 para hacer un curso de postgrado sobre las Cuentas Nacionales y la “técnicas de la planificación” francesas, completado con un stage en el INSEE. A raíz de ello coordinó la publicación en los <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> y en sus voluminosos suplementos, de documentados ensayos de un grupo de “jóvenes economistas” madrileños (en un principio compuesto por Juan Muñoz García, Arturo Cabello, Santiago Roldán, que venían elaborando junto con Naredo, en una columna semanal de la revista Triunfo firmada como “Arturo López Muñoz”). La relación de Naredo con Ruedo ibérico se afianzó todavía más durante su segunda estancia en París entre 1970-1973 trabajando en la OCDE y estrechando su colaboración escondida con los Cuadernos de Ruedo ibérico y con la propia empresa editorial.</p>
<p>En el nacimiento de la nueva época de la revista en 1974, Naredo y yo éramos ya pues viejos conocidos de Ruedo ibérico, habíamos comido muchos platos de pasta cocinados y servidos por Marianne Brüll, factótum de Ruedo ibérico, en el 27 de la rue du Sommerard cerca de la sede de la rue de Latran, un <em>rite de passage</em> para los más iniciados. No éramos unos recién llegados, éramos amigos de Pepe Martínez y jóvenes estudiosos. Pero él sabía mucho más. Había hecho la guerra, había estado en la cárcel y en el exilio, sabía fabricar libros, vivía en Paris desde 1947. Pierre Vilar decía de él que era “anarco-marxista”. El, con Nicolás Sánchez-Albornoz, Ramón Viladás, Vicente Girbau y Elena Romo había fundado las Éditions Ruedo ibérico en París el año 1961. En el 2011 caen dos aniversarios que podrían celebrarse en el Colegio de España de París, pues Pepe Martínez murió hace 25 años en Madrid el 12 de marzo del 1986, el día del referéndum de la OTAN. Costaba olvidar que la OTAN había albergado a Salazar. Pepe Martínez murió en el silencio y soledad impuestos por el consenso de la Transición. El decía una frase: la guerra efectivamente había acabado pero le iba a suceder una larga época de “guerra” sobre la historia de la guerra y del franquismo.<br />
 <br />
Entre 1974 y 1978 publicamos diversos ensayos contra la Transición. Una selección va a publicarse próximamente en la editorial Backlist de Barcelona, compilada por el joven historiador Xavier Diez que aprovechará la ocasión para dar cuenta también de los animados debates actuales sobre la Transición. Hay artículos de esos años escritos a tres o cuatro manos, con Alfonso Colodrón, con Alberto Hernando, con Naredo y Pepe Martínez. Pusimos mucha atención en las muchas huelgas del postfranquismo. Había una tradición en Ruedo ibérico de crítica al dominio del PC sobre Comisiones Obreras. Juan Antonio Diaz y Santiago Lopez Petit habían publicado un libro en Ruedo ibérico que se llamaba <em>Comisiones Obreras: entre el fraude y la esperanza</em>. El Pacto de la Moncloa no hubiera sido posible sin ese dominio del PC sobre Comisiones Obreras.<br />
 <br />
Explicamos en <em>CRI</em> en 1976 y 1977 cómo eran los primeros gobiernos de la monarquía (en artículos con Juan Muñoz –más tarde vicepresidente del congreso de los diputados- y con Naredo), la creciente presencia de banqueros, empresarios y de políticos que venían de la ACNP (en sustitución del Opus Dei, como quien dice), los que iban a ser protagonistas de la Transición como Alfonso Osorio, Marcelino Oreja, Landelino Lavilla, Oscar Alzaga, Leopoldo Calvo Sotelo. Nos irritó mucho el silencio deliberado con que se acogió el libro que publicó Ruedo ibérico sobre la Asociación Católica Nacional de Propagandistas en 1974 porque es importante para entender el franquismo (Herrera Oria, Martin Artajo, Castiella, Silva Muñoz) y el post-franquismo.<br />
 <br />
El más notable artículo en <em>CRI</em> en esos años ocupó todo el número 54 (nov.-dic 1976) redactado casi al cien por ciento por Naredo, y se llamó “Por una Oposición que se oponga”. Años más tarde lo reeditó con nostalgia el editor Herralde en Anagrama en Barcelona. Yo escribí un artículo más corto de parecido argumento en enero el 1976, que se llamó “La oposición política: grandes rebajas”. Recuerdo que fue en enero porque de ahí vino la idea de las rebajas. Y también escribí antes, ya en 1975 en vida de Franco, una serie de artículos con el título “Contra la Reconciliación”, título estridente que llamaba infructuosamente a un debate que el Partido Comunista no quería sostener ni permitir. Uno de esos artículos criticaba a Juan Linz, su noción de régimen autoritario de pluralismo limitado. También criticamos con toda la fuerza posible el Pacto de la Moncloa en el 1977, y asimismo el artículo 8 de la Constitución (que el general Armada estuvo por esgrimir en febrero del 1981 y que el PNB a veces ha propuesto eliminar). Había otras revistas de orientación parecida pero más ligeras, <em>Bicicleta, Ajoblanco, El Viejo Topo</em>, que a partir del 1975 se publicaron en el interior. Vender libros y revistas de Ruedo ibérico fue ilegal hasta el 1977.<br />
 <br />
La Transición se hizo a marcha lenta, con control desde arriba, con represión. Se han contado los muertos. Algunos han hablado de una Transición sangrienta. Fue además una Transición excluyente. La violencia vino de los aparatos del estado y de su entorno, y también de algunos de los que fueron o se sintieron excluidos. En Ruedo ibérico tuvimos miedo de abrir una librería en Barcelona o peor en Madrid cuando proliferaban “guerrilleros de Cristo Rey” y similares. En octubre de 1975 la librería de Paris en la rue de Latran había sido dañada por un bombazo. Ruedo ibérico había co-editado el libro de la <em>Operación Ogro </em>publicado por Mugalde en Hendaya sobre el atentado a Carrero Blanco en diciembre de 1973. Nunca se supo quien había puesto la bomba y a cuenta de quién, seguramente policías españoles quienes, como he escrito otras veces, habrán servido a la monarquía constitucional tan profesionalmente como a la dictadura y estarán ya jubilados. <br />
 <br />
<strong>Los nombres de las calles</strong><br />
 <br />
Uno puede obsesionarse con la memoria histórica. Recuerdo haber visitado la Universidad Menéndez y Pelayo en Santander hace diez años, poco tiempo después de que su rector, el ex ministro Ernest Lluch, muy amigo mío en la universidad de Barcelona cuando teníamos veinte años, falleciera en un atentado cruel y particularmente absurdo de ETA. Recuerdo que hace diez años una avenida principal de Santander se llamaba Camilo Alonso Vega, tal vez se llama así aún. Un capitán general franquista, ministro del interior con Franco, un criminal político de primer orden. Pensaba en Ernest Lluch que debía ver ese nombre cada vez que iba al aeropuerto o de compras. Tal vez le hayan cambiado el nombre a esta calle. Es posible que la memoria de muchos de los héroes criminales del franquismo sea erradicada de las calles. Si la Transición en España se hubiera hecho a impulsos de la “resistencia” anti-franquista, esos nombres hubieran caído ya, como ha ocurrido en Cataluña y en Euskadi casi totalmente. Muchas estatuas de Franco han sido retiradas en un proceso que ha durado treinta años.<br />
 <br />
No hubo en España una entrada popular masiva en la “resistencia” en las postrimerías de franquismo, un anhelo general, repentino y oportunista de derribar estatuas y cambiar los nombres de las calles como en Italia y en Francia en 1945. Tal vez lo impidió el miedo. Se mantiene casi 40 años después el monumento mortuorio a Franco en Cuelgamuros que el propio Franco hizo construir con trabajo forzado, allí está su túmulo, una atracción turística vecina a El Escorial. Se debate actualmente cómo neutralizar simbólicamente ese monumento, es todavía posible que se convierta con su carga pro-franquista en un elemento aceptado de la historia como les ocurrió hace tiempo a los vecinos del Generalísimo en El Escorial, a quien nadie les puede hacer el equivalente a un proceso penal retrospectivo aunque alguno se lo mereciera.<br />
 <br />
Si el franquismo perduró en el callejero es porque la Transición fue consensuada. Cuando protesto,  me dicen que es una extravagancia irritarse por los nombres de las calles. Sería inimaginable una calle del General Weyler en La Habana pero hay muchas calles del General Weyler en España y en sus islas, aunque los historiadores saben que fue responsable de la política de “reconcentración” y de cientos de miles de víctimas en la guerra de Cuba y de otras atrocidades en Filipinas. En España, eso se olvidó a nivel popular incluso por los descendientes de quienes criticaron a Weyler, eso está ya muy lejos y además siempre hubo partidarios de luchar hasta el último hombre y la última peseta en las casi últimas colonias. ¿Hay mociones en los ayuntamientos españoles para cambiar el nombre de las calles General Weyler? ¿No se produce un similar olvido en muchos países coloniales? ¿Pasará lo mismo con el gran monumento a Franco para mala pedagogía de las generaciones futuras?<br />
 <br />
<strong>¿Quién amnistiará al amnistiador?</strong><br />
 <br />
No recuerdo en qué momento de indignación y de desespero en 1975 al ver como se escapaba la Transición escribí en Barcelona (y por eso el artículo está firmado solo con iniciales) el texto que pregunta: &#8220;¿quién amnistiará a los amnistiadores?&#8221; Estoy contento de haberlo escrito y publicado entonces, aunque podría haber estado mejor argumentado. El artículo está en <em>CRI</em> 46-48, junio-diciembre 1975. Copio algunos párrafos.<br />
 <br />
<em>Se habla todo el tiempo de reconciliación y se pide una amnistía. Se discute la diferencia entre indulto (que supone el perdón de quien delinquió) y la amnistía (que implica reconocer que no se delinquió). Tal vez habría que dar una amnistía o indulto a personas como Fraga (ministro del gobierno que asesinó a Grimau y a otros), o a Pío Cabanillas (ministro del gobierno que asesinó a Puig Antich), o a Areilza, alcalde de Bilbao al ser conquistado por las tropas franquistas: todos ellos, y muchos otros, parece que están dispuestos a reconocer sus errores pasados y lo estarán cada vez más. Pero hay mucha distancia entre amnistiar a unos cuantos arrepentidos y dar una amnistía general a todos los que han llevado a cabo la represión franquista: hay que exigir responsabilidades políticas no sólo a los policías torturadores sino a los organizadores y cómplices de la represión. ¿Por qué? No por ansia de venganza, sino porque la petición de responsabilidades políticas lleva aparejada una necesaria discusión y esclarecimiento a fondo de la represión desde 1936 hasta la fecha, lo cual evidentemente perjudicará mucho más a la derecha que a la izquierda. Una vez esclarecidos y discutidos los hechos, una vez la derecha colaboradora con el franquismo haya sido desacreditada por su papel en la represión, entonces sí que podrá dárseles un indulto o amnistía, y podremos reconciliarnos.<br />
…<br />
Pero lo que resulta realmente curioso es que la izquierda, o la llamada izquierda. no está discutiendo si va a exigir responsabilidades políticas a los franquistas o si les va a perdonar ya de entrada sin una investigación previa y detallada de la represión desde 1936 hasta ahora, sino que la izquierda está reclamando que los franquistas le den una amnistía ¡a la propia izquierda! Realmente, el colmo. La izquierda solicita perdón y clemencia en vez de denunciar la ilegitimidad de los poderes actuantes, y en vez de insistir en la cantidad de muertos que Franco y los franquistas han producido, ante la complacida aquiescencia de obispos y generales y del borbónico sucesor de quien no se recuerda que, por ejemplo, intercediera cuando Puig Antich fue asesinado ni que denunciara la brutalidad policial cuando, poco tiempo después de ser nombrado sucesor, varios obreros fueron asesinados en Granada, El Ferrol y otros lugares. Ni que, ya más cerca de la herencia, hiciera otra cosa que aprobar mediante hipócritas cláusulas de estilo el asesinato de las últimas cinco víctimas de Franco. La izquierda, así, ayuda a que el poder se consolide.</p>
<p>Así pues, eso de pedir amnistía no es sólo desmovilizador sino que es un poco ridículo. En todo caso, a la vez que se pide amnistía, habría que discutir si se amnistiará a los eventuales amnistiadores. Una amnistía que permitiera al franquismo y a la sucesión del franquismo sacarse de encima, a última hora, como quien no quiere la cosa, a cientos de miles de muertos y todo lo que cuelga, sería una mala operación para la izquierda, pues le privaría de una buena arma de ataque contra la derecha. La izquierda debería anunciar que exigirá responsabilidades políticas (que no quiere decir, necesariamente, penas de muerte, sino, por ejemplo, inhabilitación para la vida pública) a los miles de personas que desde 1936 han colaborado activamente, e incluso con silencio cómplice, en la represión.</em></p>
<p>Los <em>CRI</em> son de fácil acceso. Están en bibliotecas extranjeras y españolas, hay además una excelente edición faxímil publicada en Valencia. Nosotros no participamos entonces ni ahora del entusiasmo por la Transición, al contrario. Queda probado por tanto que no todo el mundo participó del consenso de la reconciliación nacional y de la auto-amnistía. Sería interesante hacer un inventario de esas críticas. La auto-amnistía que se preparaba fue criticada por José Bergamín en enero de 1976 en lenguaje algo críptico en las páginas de <em>Sábado Gráfico</em> en Madrid. Treinta años después, Ricard Vinyes escribía en <em>El País</em> (25/10/07) que él se contaba entre “quienes consideramos la Ley 46/1977 como lo que realmente es: un éxito indudable del antifranquismo y a la vez un punto final, una auto-amnistía de los responsables de tantos crímenes” mientras que el historiador Francisco Espinosa, recordando la pléyade de jóvenes historiadores que con poco apoyo oficial han investigado la represión franquista en las provincias, escribía en la revista disidente <em>Archipiélago</em> (“Reflexiones en torno al fenómeno revisionista”, n. 72, p. 120) que el auténtico espíritu de la Transición había sido el pacto de silencio, la impunidad de la auto-amnistía del 77 y las políticas del olvido.<br />
 <br />
La verdad es que en Ruedo ibérico en 1975 ya advertimos que eso iba a ocurrir. Pero en tantísimos años ni a mi (ni a Naredo), aunque (entre los dos) somos bien conocidos internacionalmente en campos como la economía ecológica, la historia agraria y la historia ambiental, la ecología política, la economía agraria, la política hidráulica, las contabilidad macro-económica y el urbanismo, casi nadie nos ha preguntado nada sobre la Transición. Dimos abiertamente nuestra opinión en un excelente documental de Paco Ríos y Mariona Roca para la televisión española sobre Ruedo ibérico (que está en la web), pero al coloquio en televisión cuando se presentó este documental invitaron a Joaquín Leguina (ex autor de CRI y del PSOE) y no a nosotros. Muchas gracias pues por esta invitación al Colegio de España en Paris.<br />
 <br />
En su vida desde 1961 a 1981, Ruedo ibérico publicó unos 160 libros además de los Cuadernos y sus suplementos. En esos años 1974-79 Ruedo ibérico publicó varios libros de actualidad y unos cuantos clásicos: el <em>Gernika</em> de Southworth, el<em> Eco de los Pasos</em> que es el título de las memorias de García Oliver, la <em>Extremadura Saqueada</em>, un libro muy original de geografía regional ecológica de Naredo, Mario Gaviria y Juan Serna fruto de la campaña contra la central nuclear de Valdecaballeros. Yo fui contratado como catedrático en la Universidad Autónoma de Barcelona en 1975-76 y en 1977 publiqué en Londres <em>Haciendas, Plantations and Collective Farms (Cuba and Peru)</em>. Naredo y yo estudiábamos en los años 1970 muy intensamente temas de energética agrícola, él publicó estudios importantes sobre la agricultura española y juntos publicamos en 1979 un artículo sobre la contabilidad energética de Podolinsky y la reacción de Engels y Marx. Estos eran temas que nos apasionaban y apasionan, y que han ayudado al nacimiento internacional de la economía ecológica. Con estos auto-elogios, quiero decir que no éramos ni somos especialistas en la Transición. No somos politólogos de oficio sino de afición. En 1975-79 dediqué muchas horas a dar clases de economía sin explicar a los alumnos qué pensaba de la Transición. Sería sin embargo frívolo y falso decir que la Transición era meramente nuestro hobby; al contrario era nuestra angustia. Debíamos decir algo, protestar, sabíamos que las “teorías” del PC sobre el franquismo como el dominio de una camarilla latifundista y financiera contra el cual se enfrentaría una democrática alianza de la clase obrera y la burguesía industrial, eran verdaderas tonterías. Ruedo ibérico había publicado muchos libros de anarquistas españoles y también de autores que venían del POUM. Estábamos muy distanciados del Partido Comunista (y viceversa). No compartimos para nada el entusiasmo de los diputados del PC por la Ley de Amnistía de 1977. El PC español se había distanciado de la Unión Soviética solamente en 1968, con la invasión de Checoeslovaquia, no había protestado contra la invasión de Hungría en 1956. De Pepe Martínez hay que decir que no era de este mundo en absoluto.<br />
 <br />
En esos años de la Transición excluyente, con el empuje de Pepe Martínez y en medio de los apuros económicos de los traslados y las deudas de Ruedo ibérico, tomamos una posición muy clara “Contra la Transición”. Este será el título de la colección de artículos de CRI que prepara Xavier Diez. Pedíamos entonces una oposición que se oponga. Esa era  también la opinión de otras personas y otros grupos (especialmente en Euskadi pero también en otros lugares) como los que se han dedicado después con perseverancia a hacer listas con “todos los nombres” de los asesinados y desaparecidos en 1936 y años sucesivos. Los de la CGT en Andalucía a veces citan mi artículo de 1975, ¿quién amnistiará al amnistiador?. Sin embargo, como escribe acertada y honestamente la joven historiadora María García Yeregui, efectivamente no hubo un gran debate abierto durante la Transición sobre los crímenes franquistas. La prensa más democrática (como El País y Triunfo) no se escandalizó por la auto-amnistía, al contrario. ¿Cómo fueron acalladas las voces que pedían un debate?<br />
 <br />
<strong>Vergüenza internacional</strong><br />
 <br />
En un artículo en <em>El País</em> del 3 de marzo de 2010 el fiscal y demócrata José M. Mena afirmaba que por fin, treinta años después, ya entrado el siglo XXI, Garzón intentó investigar los crímenes del franquismo. Pero el cazador (a quien nadie puede acusar de madrugar demasiado) ha sido cazado, ha sido procesado porque se supone que debe conocer, siendo juez, las leyes vigentes y sin embargo deja de lado la Ley de Amnistía de 1977 que (como argumentó el fiscal Javier Zaragoza el 17 de octubre de 2008) impide exigir responsabilidades criminales por unos hechos que “deben considerarse amnistiados en virtud de la ley de 15 de Octubre de 1977 aprobada por un Parlamento democrático en pleno proceso de Transición”.<br />
 <br />
￼<br />
En defensa de Garzón, el fiscal Mena asegura que había y hay base jurídica nacional e internacional suficiente para que esa investigación judicial general de los crímenes franquista sea posible, y para considerar que Garzón ha sido competente para llevarla a cabo en el cargo que tenía en la Audiencia Nacional antes de ser apartado de ella. Me pregunto entonces porqué el propio fiscal Mena no tomó la iniciativa de presentar denuncias hace décadas ni tampoco algún otro fiscal del reino. Esto aparte, comprobamos que a Garzón no se le permitió completar la investigación judicial de los crímenes franquistas. Y, en conclusión, escribía Mena, “para vergüenza internacional de todos nosotros, se le cambia de investigador a investigado, de juez a acusado&#8221;.<br />
 <br />
Ahora bien, ¿quiénes son esos &#8220;nosotros&#8221;, quiénes son ustedes que sienten vergüenza internacional? En Argentina o en Chile hay gente normal que pregunta cómo es posible que Garzón y otros jueces españoles procesaran y llevaran a la cárcel o causaran graves incomodidades a políticos criminales o torturadores de esos países y, sin embargo, los jueces españoles no hayan procesado a los autores de los crímenes franquistas. Conocemos la historia de esos crímenes gracias al trabajo esforzado de muchos historiadores. Pero no hubo investigación judicial ni procesamientos porque hubo en la práctica el equivalente a una Ley de Punto Final dictada el 1977. Eso es lo que muestra (por ahora) el caso Garzón.<br />
 <br />
En 1975-76, tras la muerte de Franco y llegada la Transición, el Partido Comunista continuaba presionando hacia la reconciliación nacional como llevaba años haciéndolo, con Carrillo al frente. El PSOE que apenas existía en la época se apuntó encantado, lo mismo los mayores partidos catalanes y vascos. Eso se reflejó en la composición de la comisión que redactó la Constitución, desde Fraga (ex-ministro del criminal Franco) hasta Solé-Tura, del PSUC (el partido comunista catalán). Hubo famosos símbolos sociales de la reconciliación: el beso cortesano de Carrillo en la mano de la reina, el matrimonio de la Duquesa de Alba con un ex-militante de la izquierda socialista (un aviso de que la transición excluía la reforma agraria).<br />
 <br />
La Transición fue excluyente. Aisló a la izquierda libertaria y a la izquierda marxista que no se acomodó en el PSOE, se quiso quebrar y finalmente se quebró el movimiento independentista vasco. Todo un éxito. La Ley de Amnistía fue como un chiste: los que habían matado sin sufrir ningún castigo y sin perder ni una de las antiguas pesetas de su patrimonio con la muerte de Franco, se daban el lujo de amnistiar a los que habían perdido la guerra y habían perdido la paz de los cementerios durante 35 años, y de paso se amnistiaban ellos mismos.<br />
 <br />
Los que protestamos (fuimos bastantes) no tuvimos audiencia en los medios. Bien natural, nosotros éramos excluidos de la Transición. El Partido Comunista y el (nuevo) Partido Socialista fueron actores principales en esta Transición excluyente, argumentando pro domo sua que los poderes fácticos (el Ejército) no permitían ir más allá. Los nuevos políticos dieron el equivalente a una Ley de Punto Final que ahora se comprueba que era efectiva. Es bien posible que a Garzón le absuelvan de los cargos de prevaricación (por no respetar esa Ley de Amnistía del 1977) pero es menos probable que  la investigación y condena judicial de los crímenes franquistas continúe. Tal vez algún juzgado local que investiga casos de desparecidos sentencie en este sentido pero el fallo estará sujeto a apelación. Tras los años del gobierno de Zapatero no hay en los mayores partidos parlamentarios entusiasmo por reavivar la memoria histórica y menos aun por derogar o enmendar la Ley de Amnistía de 1977. Tal vez la nueva generación que protesta en las plazas en mayo del 2011 cambiará esto, pero no es improbable que el próximo gobierno español en el 2012 sea del PP y el presidente honorario de este partido es Manuel Fraga.<br />
 <br />
Los artículos y dictámenes, las tesis doctorales que se escriban diciendo que la Ley de Amnistía debe ser derogada o cambiada o que no hace falta ni tan solo hacer esto porque ab initio no podía cubrir los crímenes franquistas contra la humanidad que no prescriben, tendrán mérito, pero la realidad parece indicar que nadie será nunca procesado ni tan siquiera investigado judicialmente (por lo menos en España) por crímenes realizados en el franquismo. Diez años más, y la cosa ya quedará clara definitivamente. Al juez Garzón le frenaron en seco. Tal vez el salga absuelto pero su causa está probablemente perdida. Cabe la hipótesis que el Tribunal Supremo español u otro tribunal en posterior apelación, diga que la Ley de Amnistía (que es un fruto de la política de Reconciliación Nacional) no puede impedir sin embargo la investigación de los crímenes franquistas y le dé la razón al juez Garzón. Eso sería muy saludable.<br />
 <br />
El gobierno socialista de Zapatero, tal vez avergonzado como dice Mena y como lo podría estar el propio Mena si era de los partidarios de la Reconciliación Nacional, tras 35 años de retraso les da a veces medallitas a las hijas e hijos de los represaliados (como ocurrió con los militares anti-franquistas de la UMD, por cierto excluidos de la amnistía de 1977). Espero que a nadie de los que quedemos de la editorial Ruedo ibérico se le ocurra nunca ir a Madrid a recoger una medallita a la libertad de expresión que nunca le ofrecieron a Pepe Martínez. Eso suponiendo que nos la quieran dar, tantos años de silencio después. Si ustedes sienten vergüenza, se la aguantan. Era previsible. Fue previsto, explicado y advertido.</p>
<p>Intervención de Joan Martínez Alier en el Coloquio Internacional &#8220;La Transición española. Nuevas perspectivas&#8221; en el Colegio de España (París). 27 mayo 2011<br />
 </p>
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		<title>Contra la Transición</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Feb 2011 22:24:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión y discusión]]></category>
		<category><![CDATA[Ruedo ibérico]]></category>
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		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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		<description><![CDATA[Xavier Diez, El Punt, 17.2.2011
Traducción del autor
¿Alguien podía prever la sensación de estafa histórica a la hora de valorar la democracia española actual? Alguien tenía la capacidad profética de señalar que la anhelada salida del franquismo comportaría una profunda decepción en la que persisten los déficits democráticos, el subdesarrollo social, la conservación de privilegios de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Xavier Diez</strong>, <em>El Punt,</em> 17.2.2011<br />
Traducción del autor</p>
<p>¿Alguien podía prever la sensación de estafa histórica a la hora de valorar la democracia española actual? Alguien tenía la capacidad profética de señalar que la anhelada salida del franquismo comportaría una profunda decepción en la que persisten los déficits democráticos, el subdesarrollo social, la conservación de privilegios de la camarilla empresarial hispánica y el más rancio nacionalismo?<span id="more-1084"></span> La respuesta es afirmativa. Solamente hay que recuperar la reflexión de Eduardo Galeano en 1967, cuando el escritor uruguayo residía en Cataluña: «Como el personaje célebre de Lampedusa, el régimen ha comprendido que es preciso que algunas cosas cambien para que todo siga como está. Ha perdido dramatismo pero ha ganado astucia». ¿Dónde se publicaron aquellas palabras que servirían para definir el momento actual?</p>
<p>Hace ahora medio siglo, un grupo de exiliados, liderados por el valenciano José Martínez, fundaron la editorial Ruedo ibérico, con la intención de publicar lo que la censura silenciaba. Desde París, salían los libros que permitían conocer la historia silenciada por el totalitarismo franquista, y que entraban clandestinamente en las librerías peninsulares. Obras como las de Gerald Brenan, Hugh Thomas o Gabriel Jackson, investigaciones como las de Ian Gibson sobre el asesinato de García Lorca o memorias de los vencidos como las de García Oliver ponían al descubierto la farsa de la España oficial.</p>
<p>A partir de 1965, el éxito de la editorial propició la aparición de la revista más destacada de la disidencia antifranquista, <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em>. El hecho que se tratara de una empresa «radicalmente libre», independiente de los diversos sectores del exilio, atrajo a la flor y nata de las jóvenes generaciones de opositores al régimen. Nombres como Manuel Castells, Martínez Alier, Vázquez Montalbán o un inquieto Pasqual Maragall retrataban con rigor la cara más oscura de la dictadura. Tanto es así que el Ministerio de Información y Turismo, capitaneado por Fraga, organizó una verdadera cruzada para silenciar a la revista y perseguir a sus colaboradores. La obsesión del ministro franquista llegó al punto de editar un boletín interno para instruir a sus funcionarios sobre cómo leer sus artículos.</p>
<p>Precisamente el hecho que no hubiera ningún partido ni grupo económico sosteniendo la publicación, no únicamente ocasionó endémicos problemas financieros, sino que ésta fuera considerada por franquistas y oposición como un colectivo incontrolado alrededor del cual levantar un cordón sanitario. En una época en la que el PSOE de Suresnes y unos comunistas dispuestos a renunciar a todo (traicionando a sus principios) a cambio de participar en la construcción de la monarquía parlamentaria vigente, Ruedo ibérico y sus editores, simplemente, estaban de más. Y se le aplicó la dinámica de exclusión, como a todos aquellos grupos e individuos no dispuestos a aceptar una transición lampedusiana, en la cual se mantenía intacto el estado franquista, con su impunidad, su núcleo duro de intereses y beneficiarios, y su estructura política y social determinados por el acto de violencia de la guerra civil.</p>
<p>Cuando hoy asistimos al fácil desmantelamiento del estado del bienestar. Cuando contemplamos cómo los sindicatos oficiales traicionan a los trabajadores. Cuando observamos la facilidad con que la aristocracia financiera saquea las cajas de ahorro de titularidad pública. Cuando constatamos que quien investiga el genocidio franquista es apartado de la carrera judicial. Cuando asistimos a la impunidad con la que actúan los cleptócratas de los antiguos monopolios energéticos y telefónicos. Cuando conocemos la tolerancia hacia la corrupción política, no queda otro remedio que reconocer la virtud de una revista que anticipó, hace ya más de cuatro décadas, lo que acabaría sucediendo si el franquismo no era derrotado, y sus responsables, encarcelados.</p>
<p>Como que franquistas y opositores cooptados leían las denuncias sobre cómo se iba haciendo la Transición, Ruedo ibérico fue apartado de la escena pública, y sus principales artífices, ignorados. El desencanto acabó por precipitar su crisis definitiva, hasta su cierre, en 1982. Ruedo ibérico constituyó una voz disidente que denunció las formas lampedusianas de la Transición. Y profetizó, con detalles, lo que acabaría sucediendo: la construcción de una democracia débil, donde simbólica y significativamente manda el heredero designado por Franco, y, en la práctica, los beneficiarios del viejo régimen mantienen su estatus sin discusión, con la participación indispensable de una oposición que, parafraseando a José Manuel Naredo, no se opuso.</p>
<p>Fuente:<a href="http://">http://www.elpunt.cat/noticia/article/7-vista/8-articles/370386-contra-la-transicio.html</a></p>
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		<title>La libertad en el laberinto</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Oct 2010 14:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>
		<category><![CDATA[Exposición]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[La muestra sobre la editorial del Ruedo Ibérico, que acoge la sede del Instituto de la Lengua, pone de relieve la importancia que tuvo esta publicación durante dos décadas. Dio salida a libros considerados hoy esenciales en la historia de España
Hispanistas de la talla de Stanley Payne o Ian Gibson publicaron sus primeras obras en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La muestra sobre la editorial del Ruedo Ibérico, que acoge la sede del Instituto de la Lengua, pone de relieve la importancia que tuvo esta publicación durante dos décadas. Dio salida a libros considerados hoy esenciales en la historia de España<br />
Hispanistas de la talla de Stanley Payne o Ian Gibson publicaron sus primeras obras en español gracias a Ruedo Ibérico.<span id="more-1018"></span></p>
<p><em>DIARIODEBURGOS.ES</em>., 27.9.2010<br />
R.P.B. | BURGOS</p>
<p>Ruedo Ibérico fue la editorial más trascendente del exilio. Fundada en el año 1961 en París por cinco refugiados de muy diversa ideología, su intensa producción fue durante décadas una de las más efectivas luchas contra el franquismo. Fue, quizás, el instrumento de propaganda más audaz y agitador de cuantos se activaron en el exilio para combatir la dictadura yendo más allá, en una lucha por la libertad sin dogmas y tratando de arrojar luz sobre la reciente historia española. </p>
<p>El Instituto de la Lengua expone en su sede del Palacio de la Isla medio centenar de los títulos que publicó la editorial, más una veintena de ejemplares de <em>Cuadernos de Ruedo Ibérico</em>, revista de la misma casa que proyectó la obra de importantes poetas. «Ruedo Ibérico respondía a dos grandes objetivos: alumbrar la verdad sobre la Guerra Civil, lo que implicaba una actitud plural, y levantar un punto de encuentro libre para la reflexión y el debate, plantando cara intelectual al Régimen con independencia frente a los partidismos de la época», señala Gonzalo Santonja, director del instituto, en el prólogo del catálogo de la muestra, que se podrá contemplar hasta finales del mes de octubre.</p>
<p> «Desde la oposición al franquismo, Ruedo Ibérico también combatió los dogmas de la izquierda, rasgo diferencial de importancia extrema, porque constituye el elemento diferenciador del común de las empresas editoriales creadas allende los Pirineos por los exiliados», destaca Santonja. Y es que una de las principales virtudes de la quijotesca editorial fue el saber alejarse de la propaganda y abrir un nuevo horizonte intelectual marcado por la reflexión, un análisis histórico de los hechos lúcido y descontaminado y un único objetivo: la verdad.</p>
<p> «Ruedo Ibérico supuso un antes y un después, un hito -diría Bergamín- de afirmación y negación o de cruz y raya. Se acabó la unilateralidad de la propaganda, mejor dicho, las diversas unilateralidades enfrentadas, mutuamente empeñadas en desconocerse (&#8230;) Levantando testimonio de lo pasado, la editorial, además, daba ejemplo y aviso de lo presente al prestar singular atención al momento español, línea de trabajo que asimismo cuajó en un conjunto de referencias de primer orden, con investigaciones que supusieron sendos terremotos en las entretelas del Régimen», subraya Santonja.</p>
<p><strong>  Libros esenciales.</strong> Se refiere el director del instituto, entre otros, a libros como <em>La muerte de García Lorca</em>, de Ian Gibson; <em>La prodigiosa aventura del Opus Dei</em>, de Jesús Ynfante; <em>Falange. Historia del fascisco español</em>, de Stanley Payne; o <em>El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil</em>, de Gerald Brenan. «Contra la autarquía y el aislamiento cultural del franquismo, Ruedo Ibérico vivificó los vasos comunicantes con el mundo sin frontera de las inquietudes intelectuales (&#8230;) Ruedo Ibérico desveló las claves del futuro, anticipando tendencias y descubriendo autores que enseguida ocuparían los primeros planos».  </p>
<p><strong>Cronología</strong>: En 1961, cinco refugiados políticos antifranquistas fundan la Editorial Ruedo Ibérico en París para publicar libros de historia, economía, sociología y politíca prohibidos por la censura española y como contrapropaganda a la publicidad franquista. Sólo un año más tarde ven la luz las dos primeras obra, dos aldabonazos en toda regla: <em>Laberinto español</em>, de Gerald Brenan y <em>La guerra civil española</em>, de Hugh Thomas. Además, el poeta Gabriel Celaya edita varios poemarios. En1963 publica el testimonio <em>Diario de la guerra de España</em>, de Mijail Koltsov, y <em>El mito de la cruzada de Franco</em>, del periodista norteamericano Herbert R. Southworth. El Ministerio de Información español empieza a ponerse nervioso no sólo por la publicación, sino porque los libros entran en España gracias a la relación establecida con Rufino Torres, quien será desde Barcelona el artífice de la distribución clandestina de Ruedo ibérico en el país.</p>
<p> En 1965 Ruedo Ibérico establece relaciones con editoriales americana y se publican las versiones española y francesa de <em>Falange. Historia del fascismo español</em>, de Stanley Payne. También ese año comienzan a publicarse los ‘<em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em>’. 1967 fue el año de la publicación de <em>El Opus Dei en España</em>, y el siguiente, coincidiendo con las revueltas estudiantes, el elegido para sacar a la luz la segunda gran obra del estadounidense Payne: <em>Los militares y la política en la España contemporánea</em>. Manuel Fraga, entonces ministro de Información, recibe un serio varapalo en 1969 con el libro de Gonzalo Dueñas <em>La Ley de prensa de Fraga</em>. La década de los 70 la inaugura Ruedo Ibérico con un bombazo: <em>La prodigiosa aventura del Opus Dei</em>, donde Jesús Ynfante hace por primera vez públicos los estatutos, que hasta entonces habían sido secretos, de la secta católica.</p>
<p> En esa época dorada de la editorial vieron la luz obras de Ian Gibson (La muerte de García Lorca), el libro de Kepa Salaberri <em>El proceso de Burgos</em> y varios más sobre el Opus Dei. En 1972 publicó una cifra récord de libros, doce títulos entre los que cabe destacar <em>Historia de la España franquista</em>, <em>Franco frente al Rey</em>, <em>La revolución permanente </em>(obra de Trotsky) o <em>La dictadura de los franquistas</em>.</p>
<p> En 1975, año de la muerte de Franco, el grupo terrorista ultraderechista ATE atenta contra la sede de la editorial. No hubo daños cuantiosos, por lo que pudo continuar con su ingente labor, que desarrollaría en los años siguientes distribuyéndose libremente en España a partir de 1976. En 1979 se registró un bajísimo nivel de ventas, revelador de que la importancia de Ruedo Ibérico, que fue muchísima, había tenido sentido y utilidad en otras circunstancias menos felices.   </p>
<p>Fuente: <a href="http://">http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Vivir/20100927/libertad/laberinto/1C65D73F-CF5A-EAE5-02859D445093969D</a></p>
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		<title>Homenaje a Ruedo ibérico</title>
		<link>http://www.ruedoiberico.org/blog/2009/08/homenaje-a-ruedo-iberico/</link>
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		<pubDate>Sat, 22 Aug 2009 10:44:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>

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		<description><![CDATA[El cierre de la Librairie des Éditions Espagnoles marca el fin de una época en que nuestra cultura, asfixiada por el franquismo, sobrevivía gracias a la resistencia intelectual afincada en México, Argentina y París]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Juan Goytisolo</strong></p>
<p>El exilio cultural español en Francia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial a la muerte de Franco no ha sido estudiado aún con el detenimiento y rigor que merece. El cierre reciente de la Librairie des Éditions Espagnoles, veinte y pico años después del de la editorial Ruedo Ibérico, marca simbólicamente el fin de una época en la que nuestra cultura, asfixiada por la censura del Régimen, sobrevivía a duras penas y recibía el oxígeno necesario a su quebrantada salud de las publicaciones de tema político, histórico o literario impresas en México o en París gracias al empeño de quienes, perdida militarmente la guerra en defensa de la República, no se dieron por vencidos y prosiguieron su lucha en el campo de las ideas, con la esperanza de contribuir al futuro establecimiento en España de una sociedad libre y democrática: personas del temple de Antonio Soriano y José Martínez.</p>
<p><span id="more-287"></span></p>
<p>Conocí al último durante mi primera estancia en París, en otoño de 1953. Frecuentaba entonces, con otros exiliados de distintas facciones políticas, el Café de Cluny, en la esquina del bulevar Saint-Germain y el bulevar Saint-Michel. Recuerdo a uno de ellos, el típico &#8220;carpeto&#8221; que parodiaría en Don Julián, enfrascado en la lectura de los discursos del mariscal Bulganin, alguno de cuyos párrafos subrayaba cuidadosamente con lápiz, no sé si para releerlos o memorizarlos. José Martínez se mantenía a prudente distancia de tal devoción y, en razón de mi condición de universitario recién venido de España, se interesó por mi formación intelectual y por mis lecturas.</p>
<p>Desde mi instalación en París a fines de 1956, le vi tan sólo ocasionalmente. La librería de Soriano era entonces el punto de cita de la mayoría de los escritores exiliados y de algunos hispanistas franceses (Tuñón de Lara, Corrales Egea, Claude Couffon, Robert Marrast) con la hornada de los recién llegados de la península por vicisitudes políticas o personales (Vicente Girbau, Roberto Mesa, Francisco Fernández-Santos, Francisco Farreras, Ramón Chao&#8230;), y recibía asimismo la visita de figuras del mundo literario y artístico residentes en España (Alfonso Sastre, Ricardo Muñoz Suay, Juan Antonio Bardem&#8230;). Los intelectuales aglutinados en torno al 72 Rue de Seine eran en su mayoría miembros o simpatizantes del partido comunista y alejados por consiguiente de las ideas anarcosindicalistas de José Martínez.</p>
<p>La cuarentena impuesta a éste cesó en 1964, con motivo de la exclusión de Claudín y Semprún de la dirección del PCE, escisión en la que me vi envuelto a causa del artículo que publiqué en L&#8217;Express, acusado por Carrillo de exponer por pluma ajena las tesis &#8220;revisionistas&#8221; de mis amigos. Durante mi estancia en Saint Tropez, a raíz de la muerte de la madre de Monique Lange y de su dimisión de la plantilla de Gallimard, me enteré del proyecto innovador de José Martínez -elaborado por Semprún, Girbau, Francisco Farreras y Nicolás Sánchez Albornoz- a través de una carta de Tuñón de Lara en la que me prevenía contra él a causa de su &#8220;línea anticomunista&#8221;. No hice caso de su advertencia y, de vuelta a París a fines de 1966, visité a José Martínez en sus modestas oficinas del 5 Rue Aubriot, para expresarle mis deseos de colaborar en sus Cuadernos. Alejado como estaba de la lucha política tras la amarga experiencia de 1964, convinimos en que mi participación en la revista se limitaría al ámbito literario. Por dicha razón nunca formé parte del consejo editorial, pero disfruté de entera libertad en la elección de mis colaboradores.</p>
<p>Nadie puede ignorar hoy el papel desempeñado por la editorial y la revista de José Martínez en la creación de un espacio intelectual y político en el que convergieron los autores del exilio y los del interior. Tras la mudanza de la librería Ruedo Ibérico al 6 Rue de Latran, ésta acogió asimismo las obras vetadas por la censura impresas en México. Un repaso a la lista de publicaciones con su sello editorial muestra la amplitud de miras a la hora de crear un fondo imprescindible al conocimiento de la historia contemporánea de España: Brenan, Hugh Thomas, Herbert Southworth, Paul Preston, Stanley Payne y otros autores jóvenes que pronto serían conocidos en la península, como Jesús Ynfante. El diálogo de intelectuales de la solvencia de Semprún, Claudín y el propio José Martínez con voces tan diversas como las de Alfonso Comín, Aranguren, Tomás de Sala y Santos Juliá significó un primer paso en el camino que condujo a la prensa libre de la transición.</p>
<p>Dentro de mi ámbito literario, me esforcé en reunir a los mejores representantes de la generación que vivió la guerra (Max Aub, Bergamín, Vicente Llorens&#8230;) y algunas de las plumas más destacadas del campo poético y narrativo del periodo que se extiende de 1966 a la muerte del dictador: José Ángel Valente, Gil de Biedma, Tomás Segovia, Ángel González, José Miguel Ullán; Luis Goytisolo y Juan García Hortelano; Alfonso Sastre y Arrabal. En Cuadernos de Ruedo Ibérico publiqué mi prólogo a la Obra inglesa de Blanco White y un excelente homenaje a &#8220;Luis Martín Santos, el fundador&#8221;, escrito por el ensayista argentino Juan Carlos Curutchet. Las firmas de José María Castellet, Antonio Saura, Julio Rodríguez Puértolas o Castilla del Pino figuran asimismo en su catálogo.</p>
<p>La librería de Rue de Latran fue, como la de Antonio Soriano, la Meca de un número creciente de compatriotas que acudían a ella para saciar su curiosidad y respirar aire fresco. Allí les recibían Marianne Brüll, la compañera de José Martínez, y el joven Martín Arancibia, actualmente traductor en la Unesco. La atmósfera era siempre cálida y jovial. El atentado que sufrió por parte de un comando franquista no nos desanimó, sino todo lo contrario: reforzó nuestra solidaridad con José Martínez y el núcleo de sus amigos y colaboradores.</p>
<p>La libertad de expresión en España hirió paradójicamente a la editorial que por espacio de casi dos décadas enarboló la bandera de su defensa. La mayoría de sus autores, incluido yo mismo, fuimos absorbidos por los editores barceloneses y madrileños sometidos hasta 1976 al celo de las diferentes máscaras de &#8220;consulta&#8221;, &#8220;voluntaria&#8221; o previa, de la censura del Régimen. La inserción de Ruedo Ibérico en la península fue tardía y se asentó en unas bases económicamente frágiles, sacudidas por la presión de la gran industria del libro y su implacable competitividad. Como en el caso de otros políticos e intelectuales que pusieron sus vidas y haciendas al servicio de la democracia, ésta se mostró sumamente ingrata con él. José Martínez sufrió en silencio esta marginación, y su extraordinaria labor pedagógica cayó en el olvido por parte de quienes más se beneficiaron de ella en la época en que el debate de ideas era pura quimera.</p>
<p>En unos momentos en los que la Ley de la Memoria Histórica sobre lo acaecido durante la Guerra Civil y bajo la interminable dictadura del amo de El Pardo es objeto de una oposición sañuda por parte de los retrofranquistas del PP y de una jerarquía episcopal obsesivamente nostálgica de la vieja alianza entre el Trono y el Altar, resulta más necesario que nunca evocar la resistencia intelectual y literaria que, en México, Argentina y Francia, trató de tender un puente sobre la trágica discontinuidad cultural española denunciada en su día, con tanto acierto, por Vicente Llorens. Pues si hubo una transición política, plasmada en el consenso en torno a la Constitución de 1978, la transición cultural, transmutada en intransición en la época de Aznar, no se ha producido aún en el ámbito de la enseñanza ni en el de la Institución Literaria. En 1986, esto es, durante el periodo más innovador del Gobierno de Felipe González, un poeta mediocre, censor por más señas de la obra de Luis Cernuda en España -me refiero a José García Nieto- recibió el Premio Cervantes. El perpetrador de unas líneas repugnantes sobre el autor de La gallina ciega -&#8221;Max Aub era un señoruco que ni siquiera era español sino un viajante de comercio suizo&#8221;-, estoy hablando de Francisco Umbral, obtuvo años después la misma recompensa. A mayor abundamiento, mientras algunos editores próximos al franquismo ocupan hoy un puesto central en la industria española del libro, una labor generosa, sin ánimo de retribución alguna, como la de José Martínez es ignorada en un país cuyas cifras macroeconómicas van por fortuna a más, pero que del campo de la educación y del conocimiento, va desdichadamente a menos.</p>
<p>En <em>El País</em>, 06/11/2007</p>
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		<title>Entrevista a Marianne Brull en La Voz de Cádiz</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 2009 20:11:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>
		<category><![CDATA[Ruedo ibérico]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos de los grandes nombres de la cultura española actual,‭ ‬unos entonces muy jóvenes,‭ ‬otros ya clásicos,‭ ‬se movieron en torno a la editorial,‭ ‬soñaron un país mejor y trabajaron por devolverle a la democracia.‭ ‬Queda mucho por estudiar,‭ ‬conocer y reconocer de esta etapa de la cultura y de la historia de España,‭ ‬de esta resistencia intelectual,‭ ‬literaria y política en el sentido más puro de la palabra,‭ ‬que Ruedo Ibérico cohesionó,‭ ‬dentro del respeto a las diversas tendencias del exilio.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Marianne Brull,‭ ‬colaboradora de Ruedo ibérico</p>
<p><strong>‎«¡‏Y tanto que Ruedo Ibérico mereció la pena‭!»</strong></p>
<p>Compañera de José Martínez,‭ ‬fundador y director,‭ ‬es ahora la cabeza visible de Ruedo Ibérico,‭ ‬la mítica editorial fundada en París en‭ ‬1961‭ ‬y dedicada a publicar libros que contrarrestaran la propaganda del franquismo.‭ ‬Suiza de nacimiento,‭ ‬ha vivido en primera fila la historia del exilio y del retorno,‭ ‬la élite de la cultura europea y española,‭ ‬y también sus miserias y desencantos.</p>
<p><strong>Lalia González Santiago</strong></p>
<p><span id="more-240"></span></p>
<div id="attachment_242" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img class="size-full wp-image-242" title="Marianne Brull estuvo en Cádiz para participar en el congreso «Nuestro Patrimonio Común». / ANTONIO VÁZQUEZ" src="http://www.ruedoiberico.org/blog/wp-content/uploads/2009/06/marianne-voz-de-cadiz.jpg" alt="Marianne Brull" width="300" height="163" /><p class="wp-caption-text">Marianne Brull estuvo en Cádiz para participar en el congreso «Nuestro Patrimonio Común». / ANTONIO VÁZQUEZ</p></div>
<p>-Cuéntenos qué fue Ruedo Ibérico.‎ ‏Supongo que la mayoría de los lectores,‭ ‬sobre todo los más jóvenes,‭ ‬no lo saben.</p>
<p>-Ese es mi propósito,‎ ‏que lo sepan los jóvenes,‭ ‬los viejos ya lo conocen,‭ ‬si no lo han olvidado,‭ ‬pero los jóvenes preguntan y quieren saber.‭ ‬Ruedo fue la aventura,‭ ‬o mejor dicho,‭ ‬la decisión que toman cinco refugiados al constatar que la acción directa a principios de los‭ ‬60‭ ‬ya no servía para nada,‭ ‬y que el franquismo tenía tiempo por delante,‭ ‬por lo que acuerdan intervenir en el campo ideológico.‭ ‬Fundan una editorial donde publicar libros que no pueden salir en España,‭ ‬y con ellos contradecir las tesis oficiales del régimen.</p>
<p>-‎¿‏Encuentra,‭ ‬entonces,‭ ‬que la historia de Ruedo Ibérico tiene público entre los jóvenes‭?</p>
<p>-Mucho,‎ ‏están muy interesados,‭ ‬los jóvenes no son unos gamberros,‭ ‬quieren saber y hay que contárselo con claridad,‭ ‬sin batallitas.‭ ‬Yo trabajo para ellos,‭ ‬no para los viejos,‭ ‬y para ellos hemos creado una web,‭ ‬ruedoiberico.org.</p>
<p>-‎¿‏Fue Ruedo Ibérico,‭ ‬sobre todo,‭ ‬un movimiento cultural‭?</p>
<p>-Me niego a que se arrincone a Ruedo Ibérico bajo la etiqueta de‎ «‏movimiento cultural‭»‬,‭ ‬porque fue dirigido contra el régimen de Franco.‭ ‬Me importa mucho que quede esto claro.‭ «‬Movimiento cultural‭» ‬quiere decir todo y nada y Ruedo Ibérico fue más,‭ ‬fue un arma contra el franquismo.</p>
<p>-‎¿‏Quiénes estaban en Ruedo Ibérico‭? ¿‬Hasta qué punto llegó a nuclear la España del exilio,‭ ‬la resistencia en el interior,‭ ‬la clandestinidad‭?</p>
<p>-La clandestinidad no,‎ ‏no vayamos tan lejos,‭ ‬pero digamos que sí,‭ ‬la intelectualidad,‭ ‬los estudiantes que vienen a París con becas se aglutinan muy rápidamente alrededor de Ruedo para ver qué pueden hacer.‭ ‬Están Manuel Castells,‭ ‬Joaquín Leguina,‭ ‬Pascual Maragall,‭ ‬colaboran más o menos y permiten que Ruedo sea lo que se había propuesto,‭ ‬no ser una editorial desde y para el exilio,‭ ‬sino para el interior,‭ ‬el cual necesitaba información.‭ ‬Entonces con lo que traían estos jóvenes de dentro de España,‭ ‬información económica,‭ ‬política,‭ ‬artística,‭ ‬se hicieron los libros importantes,‭ ‬como Horizonte Español de‭ ‬1966‭ ‬y‭ ‬1972‭ ‬y España hoy,‭ ‬que son compendios sobre la situación del país entonces.</p>
<p>-‎¿‏Quién fue José Martínez,‭ ‬su fundador y director‭?</p>
<p>-El otro día me preguntaron‎ ¿‏por qué no se ha seguido Ruedo con otra gente‭? ‬Porque no había José Martínez.‭ ‬Era el impulsor,‭ ‬el alma,‭ ‬el voluntarista a tope,‭ ‬que no le importaba el dinero,‭ ‬ni el puesto,‭ ‬sino la acción política a través de la editorial.‭ ¿‬Quién hace esto hoy‭? ‬Dinero nunca hubo.‭ ‬Comíamos de lo que había.‭ ‬Hubo un coche,‭ ‬para llevar los paquetes.‭ ‬No era una vida de pobreza,‭ ‬pero de estrecheces sí,‭ ‬aunque con este proyecto en manos no importaba.</p>
<p>-‎¿‏Cómo se vivieron desde Ruedo las sucesivas crisis del comunismo,‭ ‬Claudín,‭ ‬Semprún,‭ ‬Carrillo‭ ?</p>
<p>-Los disidentes que fueron expulsados,‎ ‏Claudín,‭ ‬Semprún,‭ ‬Francesc Vicens,‭ ‬vinieron a Ruedo y querían aprovechar su plataforma para expresarse.‭ ‬Es cuando se edita la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico.‭ ‬Al principio fue bien,‭ ‬pero muy rápidamente ellos iban por su camino y Pepe por otro.‭ ‬No queríamos que Ruedo fuera la expresión política de una tendencia dentro de muchas tendencias.‭ ‬Se nos reprochó siempre que no teníamos línea política.‭ ‬No pertenecíamos a ningún partido ni grupo de presión ni nada.‭ ‬Eso nos daba la libertad de hacer lo que queríamos.‭ ‬Someternos a un grupo quizá nos hubiera dado un poco de dinero,‭ ‬pero nos habría quitado la libertad.‭ ¿‬Cómo vas a publicar Trotski si estás con los comunistas‭? ‬Y esa libertad costó mucho,‭ ‬pero se mantuvo y permitió hacer lo que hicimos.</p>
<p>-El mundo del exilio debía ser muy complejo</p>
<p>-Sí,‎ ‏pero nos atañía poco,‭ ‬porque los exilados no eran nuestra clientela,‭ ‬apenas compraban libros,‭ ‬sino los españoles del interior,‭ ‬con lo cual las peleas entre exilados apenas influían en nuestra actividad.‭ ‬Y Pepe se había aislado bastante de eso,‭ ‬tenía mucho que hacer con la editorial.‭ ‬Trabajaba como un loco.</p>
<p>-La gran aventura era meter los libros en España‎ ¿‏no‭?</p>
<p>-Hacerlos,‎ ‏primero y luego venderlos y meterlos,‭ ‬sí.</p>
<p>-‎¿‏Cómo hacían‭? ‬aparte de quien iba a París y los traía en la maleta.</p>
<p>-A París y toda la costa vascofrancesa,‎ ‏a Perpiñán,‭ ‬Londres,‭ ‬Ginebra,‭ ‬Bruselas,‭ ‬Zurich,‭ ‬Francfort,‭ ‬cuando los libreros y los turistas y la gente de allí empezó a pedir libros los libreros no son tontos.‭ ‬Había una librería del Vaticano,‭ ‬en Roma,‭ ‬que compraba cada libro que editábamos.</p>
<p>-Había negocio,‎ ‏entonces</p>
<p>-Se vendían,‎ ‏sí,‭ ‬pero dentro de lo que es el negocio editorial y con las dificultades que suponía llegar a nuestro mercado natural.</p>
<p>-‎¿‏Y al interior de España,‭ ‬cómo llegaban los libros‭?</p>
<p>-No nos valía hacerlo por paquetitos,‎ ‏que no significaba nada,‭ ‬sino que había que llegar un poco masivamente,‭ ‬y ya por el‭ ‬65-66‭ ‬estuvimos en contacto con un antiguo‭ &#8216;‬gris‭&#8217;‬,‭ ‬un policía,‭ ‬retirado,‭ ‬que tenía sus tinglados e importaba libros prohibidos de todos lados.</p>
<p>-‎¿‏Un policía‭?</p>
<p>-El iba al negocio,‎ ‏no lo hacía por política ni por nada,‭ ‬era un contrabandista,‭ ‬claramente,‭ ‬y sacaba su negocio de ahí.‭ ‬Se retiró y se buscó la vida,‭ ‬pero como tenía sus redes..‭ ‬Si quieres introducir en una cierta cantidad tienes que tener tus puntos,‭ ‬porque cuando llega a la aduana qué,‭ ‬tienes que saber a quién untar</p>
<p>-‎¿‏Siguieron entrando por esa vía hasta la muerte de Franco‭?</p>
<p>-Sí,‎ ‏aunque hubo sus más y sus menos,‭ ‬porque cuando publicamos el libro de Ynfante sobre el Opus Dei,‭ ‬que tuvo un éxito enorme en España,‭ ‬-recuerdo una viñeta en uno de los periódicos nacionales,‭ ‬que decía‭ «¿‬has leído el libro‭?» ‬y todo el mundo sabía de qué iba-‭ ‬se dieron cuenta y cerraron el grifo.‭ ‬Había que ir con cuidado.‭ ‬Siempre buscaban saber quién los introducía y en las librerías había que ser cautos.</p>
<p>-‎¿‏Cómo vivieron la muerte de Franco‭?</p>
<p>-‎¿‏Figúrate‭! ‬Pero pensamos‭ ¿‬ahora qué hacemos‭? ‬Tardaron hasta el‭ ‬77‭ ‬en darle el pasaporte a Martínez.‭ ‬Luego había dos tendencias,‭ ‬una que decía hay que ir por la puerta pequeña,‭ ‬discretamente,‭ ‬sin levantar polvo,‭ ‬porque la situación no estaba clara,‭ ‬y los editores,‭ ‬Carlos Barral,‭ ‬Pedro Altares,‭ ‬esta gente,‭ ‬decían‭ «‬tú ven y te ayudamos‭»‬.‭ ‬Entramos por la puerta pequeña.</p>
<p>-‎¿‏Cómo fue la vuelta‭?</p>
<p>-Tristísima.‎ ‏De repente nuestro mercado natural nos estaba abierto,‭ ‬pero ese mercado ya no existía.‭ ‬No había lectores ya.‭ ‬El barullo que metieron las grandes editoriales,‭ ‬tanta gente que publicaba a Lenin,‭ ‬Marx,‭ ‬yo qué se,‭ ‬crearon tanta confusión en el mercado que la gente desistió directamente de comprar libros.‭ ‬Entonces además se leía poco.‭ ‬Para nosotros fue un desastre.‭ ‬Nuestros lectores,‭ ‬amigos,‭ ‬pensaban ya habéis hecho lo que tuvísteis que hacer,‭ ‬ya no hay Franco.‭ ‬No se les ocurría que quedaba mucho por hacer,‭ ‬porque la censura persistía,‭ ‬quizá no oficial,‭ ‬pero sí autocensura,‭ ‬censura económica,‭ ‬política,‭ ‬aunque no tuviéramos que ir al ministerio.‭ ‬Había una gran lucha que continuar.‭ ‬De hecho publicamos más de‭ ‬20‭ ‬libros en España entre el‭ ‬78‭ ‬y el‭ ‬80,‭ ‬cosa que no recuerda nadie.‭ ‬Son muchos libros,‭ ‬lo que pasa es que eran temas que no interesaban,‭ ‬ecología,‭ ‬economía política diferente,‭ ‬feminismo al revés‭</p>
<p>-‎¿‏Influyó la situación de concentración editorial en grandes grupos‭?</p>
<p>-Contra eso íbamos,‎ ‏queríamos ocupar un espacio,‭ ‬que existía,‭ ‬para publicar libros que no se editaban por esas razones.‭ ‬Logramos un eco,‭ ‬pero también el problema era que la gente que nos había rodeado en tiempos se había integrado,‭ ‬en política,‭ ‬en la universidad,‭ ‬iban a lo suyo,‭ ‬y continuar haciendo Ruedo sin un grupo detrás que apoyara no tenía sentido.‭</p>
<p>-Detrás,‎ ‏supongo,‭ ‬también hay traiciones,‭ ‬abandonos‭</p>
<p>-Grijalbo nos tenía echado el ojo desde hacía años.‎ ‏El Thomas lo quería publicar él‭ (‬la Historia de la Guerra Civil,‭ ‬de Hugh Thomas,‭ ‬que publicamos en el‭ ‬62‭) ‬pero no podía,‭ ‬y siempre detrás.‭ ‬Otros se fueron por razones económicas.‭ ‬Nosotros nos habíamos escornado en publicar y arriesgarnos,‭ ‬abrir camino,‭ ‬y ellos recolectaban los frutos.‭ ‬Y los autores tampoco le puedes reprochar,‭ ‬necesitan dinero,‭ ‬como todo el mundo.‭</p>
<p>-Habrá gente de entonces que tema verla,‎ ‏o le rehúya</p>
<p>-Sí,‎ ‏porque yo soy para ellos un espejo.</p>
<p>-‎¿‏Y ahora que empiezan a tener éxito los pequeños sellos editoriales,‭ ‬no sería un buen momento‭?</p>
<p>-Sí,‎ ‏pero han pasado‭ ‬25‭ ‬años‭ ¿‬y cómo aguantas‭? ‬En aquel entonces era imposible.</p>
<p>-‎¿‏Cómo fue el final‭?</p>
<p>-Fue que había que liquidar todo.‎ ‏Lo hice en el‭ ‬81-82.‭ ‬Tiré treinta toneladas de libros a papel viejo.‭ ‬No había ni con qué pagar el alquiler del almacén.‭ ‬Esos libros hoy la gente los busca y se venderían muy bien.‭ ‬Pero aguantar no había ni con qué comer.</p>
<p>-Sin embargo,‎ ‏se sigue hablando de Ruedo‭</p>
<p>-La Residencia de Estudiantes hizo una muy buena exposición en el‎ ‏2004‎ ‏que está itinerando.‭ ‬¡Está ahora en Valladolid,‭ ‬agárrate‭!‬.‭ ‬Estuvo en Valencia,‭ ‬en La Coruña,‭ ‬lo intentaron en Sevilla pero no cuajó,‭ ‬estuvo en Amsterdam,‭ ‬en Milán,‭ ‬va a ir a París‭</p>
<p>-‎¿‏Cómo ha visto la evolución de España en esos años‭?</p>
<p>-Yo soy suiza de origen,‎ ‏que es uno de los países más democráticos que hay oficialmente.‭¿‬Qué quieres que te diga‭? ‬Democracia es otra cosa.‭ ‬Aquí se habla de un concepto que se ignora todavía.‭ ‬Es normal.‭ ‬Treinta años no bastan para crear algo que nunca existió,‭ ‬hay que ir paulatinamente formando gente,‭ ‬desapareciendo los viejos,‭ ‬dejando paso a los jóvenes y no confundir democracia con que esté todo permitido,‭ ‬que cada uno vaya a lo suyo.‭ ‬Pepe dijo un día una cosa que es sangrante:‭ ‬España pasó directamente de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización.‭ ‬Es un poco esto por desgracia.‭ ¿‬dónde está la cultura‭? ‬Nada preparó a los españoles para la libertad,‭ ‬le vino de repente.</p>
<p>-‎¿‏Cultura en qué sentido‭?</p>
<p>-En el de culturización general,‎ ‏no sólo leer un libro o ir a la ópera.‭ ‬Eso es una parte.‭ ‬La evolución que sería propia del hombre,‭ ‬ir hacia otros conocimientos integrando lo que hay.‭ ‬Y eso es muy lento.‭ ‬Pasar del franquismo puro y duro a saber lo que significa la libertad,‭ ‬que es muy dura,‭ ‬no es poder insultar a quien se quiera.‭ ‬La libertad es difícil de adquirir,‭ ‬hay que trabajar para ella.</p>
<p>-Ahora se está produciendo en España una revisión del franquismo muy sui generis‎ ¿‏qué le parece‭?</p>
<p>-Es terrible.‎ ‏¡Las cosas que se ven en las librerías,‎ ‏a primera vista,‭ ‬las que dice la radio esa,‭ ‬como se llame‭! ‬La gente aquí aún no conoce su historia y se traga cualquier cosa.‭ ‬Ellos aprovechan que aún falta información para poder contrastar.‭ ‬Es terrible.‭ ‬Deberán pasar varias generaciones aún.‭ ‬Es un pasado duro de absorber.‭ ‬Y no se ha hecho nada hasta ahora para terminar con este pasado pero digiriéndolo,‭ ‬no tapándolo.</p>
<p>-La ley de memoria histórica‎ ¿‏está haciendo de la historia un asunto político‭?</p>
<p>-Cuando hicimos la exposición sobre Ruedo,‎ ‏una estudiante me preguntó mi opinión.‭</p>
<p>¡Qué le voy a decir‎! ‏Abrir tantas fosas comunes sin saber quién hay allí ni por qué,‭ ‬no aporta nada.‭ ‬Que sean diez mil,‭ ‬veinte mil,‭ ‬si estaban todos mezclados,‭ ‬no importa,‭ ‬estamos en lo mismo.‭ ‬Es tapar una vez más.‭ ¿‬Cuándo se juzgará al franquismo de verdad,‭ ‬cuándo se terminará con este pasado digiriéndolo para poder ir más allá‭? ‬Esta ley no lo va a hacer.‭</p>
<p>-En resumen.‎ ‏Cuando mira hacia atrás‭ ¿‬qué balance hace‭? ¿‬mereció la pena‭? ¿‬en qué sentido‭?</p>
<p>-‎¿‏Que si mereció la pena‭? ‬¡Y tanto‭! ‬Ruedo Ibérico ha publicado todo un abanico de libros,‭ ‬y sobre todo Cuadernos de Ruedo Ibérico,‭ ‬que siguen siendo esenciales para estudiar el periodo franquista.‭ ‬Prueba de ello es que desde hace ya unos cuantos años se organizan mesas redondas,‭ ‬conferencias,‭ ‬exposiciones sobre esta historia,‭ ‬y la web está siendo consultada cada vez más en el mundo entero,‭ ‬supongo que sobre todo por hispanistas,‭ ‬pero también en España por curiosos.</p>
<p>CUADERNO DE NOTAS . Lalia González-Santiago</p>
<p><strong>Libros como armas</strong><br />
Un grupo de españoles exiliados en París,‭ ‬encabezados por José Martínez e integrado por Nicolás Sánchez-Albornoz,‭ ‬Ramón Viladás,‭ ‬Vicente Girbau y Elena Romo,‭ ‬fundaron Éditions Ruedo Ibérico en‭ ‬1961,‭ ‬para dar a conocer a los españoles‭ &#8220;‬del interior‭&#8221; ‬libros,‭ ‬análisis,‭ ‬ensayos que no podían publicarse aquí y que contradijeran la doctrina oficial del franquismo.‭ ‬Así,‭ ‬Ruedo Ibérico editó títulos que son hoy clásicos pero en su momento resultaron tan perseguidos como impactantes,‭ ‬entre ellos‭ &#8216;‬La guerra civil española‭&#8217; ‬de Hugh Thomas o‭ &#8220;‬El laberinto español‭&#8221; ‬de Gerald Brenan,‭ ‬y otros best-sellers de la clandestinidad como‭ &#8220;‬La prodigiosa aventura del Opus Dei‭&#8221;‬,‭ ‬de Jesús Ynfante.‭ ‬La trascendencia que llegó a tener,‭ ‬su avatar a través de la historia reciente vuelve a ser objeto de interés y estudio por las nuevas generaciones,‭ ‬para estímulo y sorpresa de esta mujer,‭ ‬Marianne Brull,‭ ‬que mantiene viva la llama que alumbró Ruedo y se resiste a dejarla en el capítulo‭ &#8220;‬batallitas de abuelete‭&#8221;‬.‭</p>
<p>Muchos de los grandes nombres de la cultura española actual,‭ ‬unos entonces muy jóvenes,‭ ‬otros ya clásicos,‭ ‬se movieron en torno a la editorial,‭ ‬soñaron un país mejor y trabajaron por devolverle a la democracia.‭ ‬Queda mucho por estudiar,‭ ‬conocer y reconocer de esta etapa de la cultura y de la historia de España,‭ ‬de esta resistencia intelectual,‭ ‬literaria y política en el sentido más puro de la palabra,‭ ‬que Ruedo Ibérico cohesionó,‭ ‬dentro del respeto a las diversas tendencias del exilio.</p>
<p>En <em>La Voz de Cádiz</em>, 25/11/2007</p>
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		</item>
		<item>
		<title>“Y el cinismo sin llegar”</title>
		<link>http://www.ruedoiberico.org/blog/2009/06/%e2%80%9cy-el-cinismo-sin-llegar%e2%80%9d/</link>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2009 19:32:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actos]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>
		<category><![CDATA[Ruedo ibérico]]></category>

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		<description><![CDATA[Homenaje a Pepe Martínez y el Ruedo ibérico
Jorge Herralde
En los años 60, la década por excelencia de la edición política, que prosiguió en la década posterior y en cuyas postrimerías casi desapareció hasta muchos años después, en mi opinión tres figuras descolgaban por encima de todas, tres faros, tres ejemplos para cualquier editor con vocación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Homenaje a Pepe Martínez y el Ruedo ibérico</strong></p>
<p><strong>Jorge Herralde</strong></p>
<p>En los años 60, la década por excelencia de la edición política, que prosiguió en la década posterior y en cuyas postrimerías casi desapareció hasta muchos años después, en mi opinión tres figuras descolgaban por encima de todas, tres faros, tres ejemplos para cualquier editor con vocación antifranquista. Eran el italiano Giangiacomo Feltrinelli, el francés François Maspero y el español José Martínez.<br />
También debe destacarse en especial a Jérôme Lindon, que en sus Éditions de Minuit, además de lanzar el <em>nouveau roman</em>, tomaba arriesgadas posturas, personales y editoriales, respecto a la guerra de Argelia y la tortura de las tropas francesas, y desde luego el formidable catálogo de Giulio Einaudi, muy próximo políticamente al PCI. En España la excepcional labor de Carlos Barral en Seix-Barral fue casi exclusivamente literaria, alejada de ensayos políticos.</p>
<p><span id="more-237"></span></p>
<p><strong>Primeros pasos</strong></p>
<p>Volviendo a los tres editores insurrectos por excelencia, mientras los Feltrinelli poseían una de las mayores fortunas de su país y Maspero era de familia acomodada, Pepe Martínez, que nació en 1921 en un pueblecito valenciano, era hijo de un minero anarquista. Se exilió en París en 1948, como miembro activo de las Juventudes Libertarias, donde reencuentra a Nicolás Sánchez Albornoz, a quien había conocido en 1946 como miembro de la FUE, y éste lo conecta con Paco Lamana, Barbara Probst Salomon y Paco Benet, con quien codirige la revista <em>Península</em>, de la que salieron dos números, abogando por la revolución democrática, y que fue su primera experiencia editorial contestataria. En 1950 conoce a Francisco Carrasquer y en 1955 sigue los cursos de Pierre Vilar en la Sorbona. Empieza a tomar contacto con la profesión editorial gracias a su compañera Elena Romo, que le pasa diccionarios Larousse para la corrección de textos. Pero fue gracias a la joven estudiante Marianne Brüll como en 1957 ingresa en calidad de jefe de producción en la editorial Hermann, donde estaría cinco años, hasta 1962, en que fundó Ruedo ibérico. En Hermann aprendió el oficio, de la mano de Adrian Frutiger, un reputado tipógrafo suizo, el gran maestro de Pepe Martínez, quien se convirtió, en palabras de su amigo y colaborador Antonio Pérez, en “una auténtica enciclopedia tipográfica”.</p>
<p>Y en 1961 constituyen Ruedo ibérico, con recursos limitados, una constante en la historia de la editorial, cinco fundadores de diversas sensibilidades antifranquistas: Nicolás Sánchez Albornoz, Vicente Girbau, Ramón Viladás, Elena Romo y Pepe Martínez, que  es quien ejercerá de director de la editorial hasta el final.</p>
<p>Sus propósitos son nítidos: luchar contra la censura franquista y también contra la autocensura forzosa de quienes publicaban en España. Y así como otras editoriales de exiliados se dirigían a los mismos exiliados, desde el inicio se planteó vender en España y publicar básicamente libros de ensayo, más castigados por la censura. Al año siguiente se publicó el primer libro, que causó una gran conmoción: <em>La guerra civil española</em> de Hugh Thomas.</p>
<p><strong>El catálogo de Ruedo ibérico</strong></p>
<p>El primer título de la editorial, en 1961, fue, en efecto, un éxito resonante: <em>La guerra civil española</em> de Hugh Thomas, un historiador que no era ni es nada revolucionario precisamente. Era una obra muy documentada y con voluntad objetiva, que daba, por tanto, una visión de la contienda que no tenía nada que ver con la hagiografía de la cruzada. Poco después, en 1962, otro libro, E<em>l laberinto español</em> de Gerald Brenan, con el significativo subtítulo de <em>Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil</em>, que abarcaba desde 1874 hasta 1936, es decir, era una suerte de introducción, espléndida y con una clara perspectiva de izquierdas, al libro de Thomas, y los dos conformaban una suerte de díptico imprescindible para muchos lectores españoles.</p>
<p>De la valiosísima trayectoria de Ruedo ibérico en París (1961-1977) subrayaría varias áreas. Los libros en torno a la guerra civil, en los que destacan, aparte de los ya citados, <em>El mito de la cruzada de Franco</em> de Herbert Southworth, <em>Diario de la guerra de España</em> de Mijail Koltsov, <em>Revolución y contrarrevolución en España</em> de Joaquín Maurín, <em>Los problemas de la revolución española</em> de Andrés Nin,<em> El reñidero español. Relato de un testigo en los conflictos sociales y políticos de la guerra civil española</em> de Franz Borkenau, <em>Breve historia de la guerra civil</em> de Gabriel Jackson y el primero de los libros que un joven Ian Gibson publicó sobre Lorca. Otra veta es la de jóvenes autores españoles, a menudo con seudónimo, que inciden frontalmente en temas contemporáneos, como Ignacio Fernández de Castro, Luciano Rincón, Juan Goytisolo, Juan Martínez Alier, Manuel Vázquez Montalbán o Jesús Ynfante con el celebérrimo libro sobre el Opus Dei, la “Santa Mafia”, así como libros colectivos como el valiosísimo <em>España hoy</em>.</p>
<p>Entre las obras anarquistas destacan la magna obra en tres volúmenes <em>La CNT en la revolución española</em> de José Peirats, <em>Los anarquistas españoles y el poder</em> de César M. Lorenzo y las memorias de Cipriano Mera y Juan García Oliver (las de este último ya editadas en España, en 1978), y también análisis más contemporáneos como <em>Crítica de la izquierda autoritaria en España 1967-1974</em> y <em>El anarquismo español y la acción revolucionaria 1961-1974</em>.<br />
Asimismo figuran <em>La pell de brau</em> de Salvador Espriu, <em>El pensamiento político de Castelao</em> y <em>Galicia hoy,</em> mientras que en los varios volúmenes dedicados a Euskadi destaca el apoyo prestado a la editorial vasca Mugalde para la publicación de <em>Operación Ogro: Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco</em>.<br />
Encontramos también en el catálogo figuras de disidencias varias como Trotski, Bujarin, Fernando Claudín, Carlos Franqui, Castoriadis, Lefort.</p>
<p>Y finalmente una deriva más erótica y licenciosa, en una onda similar a la del editor francés Jean-Jacques Pauvert, con títulos como <em>La revolución sexual</em> de Wilhelm Reich, la célebre <em>Emmanuelle</em> o textos de Georges Bataille y Xavier Domingo. Una deriva que completaba la transgresión total a la que no hacía precisamente ascos el nada mojigato Pepe Martínez.</p>
<p>En cuanto a la difusión de los libros, demos la palabra a su gran amigo Francisco Carrasquer, un conocedor del tema, que en una entrevista en el <em>Avui</em> afirmaba: “Entre los más vendidos de la primera época podemos mencionar, en orden decreciente, <em>La prodigiosa aventura del Opus Dei</em> de Jesús Ynfante, <em>El laberinto español</em> de Gerald Brenan, <em>La Guerra Civil española</em> de Hugh Thomas, <em>El mito de la cruzada de Franco</em> de Herbert Southworth y <em>Franco. La obsesión de ser. La obsesión de poder </em>de Luis Ramírez (seudónimo de Luciano Rincón)”.</p>
<p><strong>Cuadernos de Ruedo ibérico</strong></p>
<p>Los<em> Cuadernos de Ruedo ibérico</em>, cuya historia está tan íntima e intrincadamente enlazada con la de la editorial, y ambas identificadas, claro está, con Pepe Martínez, tuvieron un papel aún más relevante que la propia editorial, como bien adivinó Pepe, en su función de información ágil, denuncia política y reflexión teórica.<br />
Podría decirse, al menos en mi caso, que la lectura de los <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> y de <em>Triunfo</em>, que mediante sus artículos sobre política exterior informaba oblicuamente sobre la realidad española, fueron de extrema importancia formativa. Ambas, de forma significativa, desaparecieron el mismo año, 1979.</p>
<p>Los <em>Cuadernos</em> empezaron a publicarse, con su característico formato casi cuadrado y su elegante y sobria maquetación, el 25 de julio de 1965, con vocación bimensual, y su último número, el 63-66, apareció en 1979.<br />
Su primera etapa, hasta el número 42, de 1974, es de clara inspiración marxista con el antifranquismo como referencia. En los primeros números, con Semprún, Claudín y Vicens, recién expulsados del PCE, y Castells, García Rico y Antonio Pérez, siempre bajo la batuta de Pepe. Y también desde sus inicios tuvo la colaboración, especialmente en el ámbito literario, de Juan Goytisolo. A partir del nº 6, en 1966, van aterrizando y coexistiendo con los anteriores los jóvenes cachorros universitarios del FLP (o los sucesivos felipes), una lista innumerable. Por citar unos nombres: Leguina, Nacho Quintana, Luciano Rincón, Fernández de Castro, López Campillo, José Luis Leal, Maragall, Comín, Vázquez Montalbán, Tomás de Salas. Y colaboran activamente Colodrón, Salvador Giner y dos nombres imprescindibles que acompañarán al editor hasta el final: José Manuel Naredo y Martínez Alier. Teniendo en cuenta los nombres citados y otros muchos más, resulta sangrante la indiferencia u hostilidad con que fue acogido Pepe a su regreso, y tanto más cuando los socialistas formaron gobierno.</p>
<p>En la segunda época, inaugurada con el nº 43-45, en 1975, se definía una línea antiautoritaria, es decir libertaria en un sentido amplio, con un consejo de redacción formado por Naredo, Martínez Alier, Colodrón y el propio Pepe. Una línea que lo enfrentó con sus antiguos colaboradores marxistas de la etapa anterior. Y en 1977, con Marx. Bakunin, un número monográfico sobre anarquismo coordinado por Francisco Carrasquer, se inaugurará una etapa específicamente libertaria que concluirá con el suplemento <em>CNT: ser o no ser. La crisis 1976-1979</em>, redactado casi íntegramente por Pepe Martínez bajo su seudónimo de Felipe Orero, que fue recibido con el silencio glacial de los cenetistas.<br />
Éste fue el triste final de los <em>Cuadernos</em>, con Pepe cargado de deudas, enfrentado con sus antiguos colaboradores que estarían pronto en el poder y sin ninguna influencia entre los anarquistas organizados.</p>
<p><strong>Circulación en España de Ruedo ibérico</strong></p>
<p>¿Cómo conseguir las publicaciones de Ruedo ibérico?<br />
Hablo de mi experiencia personal y la de muchos otros jóvenes barceloneses atraídos por la mítica editorial. Por una parte, los viajes, en especial a Perpignan, donde a principios de los 60 unos cinéfilos barceloneses, bajo el nombre de Linterna Mágica, organizaban exhaustivos <em>weekends</em> cinematográficos en los que descubrimos el mejor cine internacional, desde luego inaccesible en España (recuerdo los memorables ciclos dedicados a la Escuela de Nueva York o al <em>free cinema</em> británico). Pese al apretado programa, sacábamos tiempo para ir a ciertas librerías que tenían sus altares revolucionarios de Ruedo ibérico, cuyos libros luego pasábamos camuflados por la frontera con cierta zozobra. Si uno llegaba a París, estaba la visita obligada a la Joie de Lire, la librería del editor François Maspero, donde podían satisfacerse ansias bibliográficas revolucionarias de amplio espectro, o más adelante, en 1970, se podía acudir a la propia librería de Ruedo ibérico, en la rue de Latran.<br />
Tampoco era tan difícil encontrarlos en Barcelona. Ruedo ibérico se distribuyó de forma bastante continuada durante muchos años básicamente gracias a dos importadores: uno era el editor y librero Siegfried Blume, gran amigo de Pepe Martínez, y el otro, Rufino Torres, un ex guardia civil que, por razones obvias, conocía bien los entresijos fronterizos, y que incluso, en una ocasión, alertó a Pepe de que tenía un “topo”, un informador en Ruedo. En América Latina, otro editor y amigo, Juan Grijalbo se ocupó del tráfico de libros.</p>
<p>Una vez en Barcelona, las librerías más arriesgadas tenían su rebotica con ejemplares prohibidos para clientes de confianza. En mi caso, mi librero de cabecera era Enric Folch, el ahora director de Paidós y entonces director de Áncora y Delfín, un auténtico maestro suministrando información confidencial y sumamente persuasiva acerca de los tesoros ocultos recién llegados.<br />
Y en el barrio de la editorial, en Sarrià, había también otra posibilidad de suministro: periódicamente, un hombre más bien provecto, con un maletín lleno de libros de Ruedo ibérico, de Ediciones Ebro o de la Librería Española de París, tenía su recorrido bien planificado: así, además de Anagrama, visitaba al arquitecto Emilio Donato o al futuro escritor José María Riera de Leyva, entre otros. Es decir, los lectores de Ruedo en Sarrià tenían nombres, apellidos y dirección. Y naturalmente los libros circulaban. Aunque fueran tesoros se prestaban, se leían, se discutían.</p>
<p>Se ha dicho, y es muy cierto, que los textos de Ruedo ibérico eran una formidable arma de contrainformación que ponía al descubierto las mentiras o silencios de la información oficial o permitida. Y en concreto los <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> han sido considerados, unánimemente, una revista fundamental para la toma de conciencia de los jóvenes estudiantes españoles, la más importante plataforma de discusión política.</p>
<p><strong>Ruedo ibérico se instala en España</strong></p>
<p>Bajo el rótulo Ibérica de Ediciones y Publicaciones, entre 1977 y 1982 se publicaron 22 títulos, entre los que podrían destacarse algunos de los libros más valiosos del fondo de Ruedo ibérico -de Southworth, Borkenau, Nin, Brenan-, el volumen colectivo <em>Extremadura saqueada</em>, en 1978, un libro antisistema coordinado por Naredo, Mario Gaviria y Juan Serna, que fue un empeño de gran envergadura, y textos anarquistas con mención de honor para las memorias de García Oliver. También las <em>Crónicas sarracinas</em> de Juan Goytisolo.</p>
<p>Sin discutir, desde luego, la validez y el rigor de dichas publicaciones y la vigencia, incluso actualísima, de muchos de sus análisis y denuncias, Ruedo ibérico se instaló en España en un momento muy especial, bajo cuyos efectos sucumbieron o se vieron muy golpeadas numerosas iniciativas de editoriales progresistas.<br />
Yo mismo lo viví en Anagrama, a raíz de las elecciones que dieron el triunfo a Suárez, en junio de 1977, cuando se produjo lo que muy sintéticamente se llamó el desencanto, a raíz de un resultado que nada tenía que ver con la ruptura deseada, que ya se adivinaba imposible. Bruscamente desertaron los lectores de tales publicaciones. Y esto no es una opinión, sino aritmética editorial, de restas más que de sumas. Ello provocó, como es bien sabido, el cierre de revistas tan significativos del antifranquismo como <em>Triunfo, Cuadernos para el Diálogo</em> y <em>La Calle</em> y los graves problemas de muchas editoriales que habían luchado por ensanchar los límites de la libertad de expresión, por lograr nuevos espacios de libertad, según la terminología de la época, además de la tristísima defunción de Ruedo ibérico.</p>
<p>¿Adónde fueron a parar aquellos lectores perdidos, los lectores más politizados? Hipótesis de trabajo: desengañados, se marcharon a la India o se refugiaron en la heroína (no pocos tenemos amigos que cedieron e incluso sucumbieron trágicamente ante esas tentaciones), otros se pasaron a la novela negra (la responsable de Cinc d’Oros, la librería “roja” por excelencia de Barcelona, me contó un día: “Tenemos los mismos clientes, pero los que antes leían a Lenin ahora leen a Chandler y Patricia Highsmith”). Y otros pasaron de la militancia clandestina a la política legalizada y más o menos acomodada, dando por clausurada su formación teórica (y aquí los ejemplos son innumerables).</p>
<p>Este desencanto no fue privativo de nuestro país. También y en tiempos similares se produjo en Francia, tras la resaca del Mayo francés -significativamente Maspero tuvo que abandonar la edición y su empresa, convertida en La Découverte, se reorientó en una línea más acorde con los tiempos, y Christian Bourgois tuvo que sosegar “10/18”, posiblemente la colección de bolsillo más combativa de la época-, o en Italia, tras los “años de plomo”, en los que los responsables de Feltrinelli tuvieron que poner en marcha una enérgica operación de cirugía, tanto de programa como de colaboradores, o en Alemania, donde tras la disolución de la izquierda extraparlamentaria que encabezó Rudi Dutschke, el combativo editor Klaus Wagenbach tuvo también que replegarse.<br />
Debido a la cuasi desaparición de la censura, Ruedo ibérico perdió su función más específica: la publicación de aquellos libros que sólo una editorial en el exilio podría editar.</p>
<p>Pero ya antes, desde finales de los 60, desde la apertura que siguió a la ley Fraga, pese a sus limitaciones, secuestros de libros y procesos, se empezaron a publicar textos antes impensables, de forma cada vez más sostenida, con las editoriales empujando y empujando. Basta repasar los catálogos de la época de Laia, Cuadernos para el Diálogo, Península, Fontanella, Comunicación o Anagrama, por citar algunas de las más combativas, o Ciencia Nueva, Edima o Cultura Popular, desaparecidas en combate. Un alud de publicaciones, cada vez con menos tabúes, aunque persistía el de la Guerra Civil, que contribuyeron a diluir el impacto de las ediciones de Ruedo ibérico. Con la paradoja de que con la apertura de Fraga, el enemigo mortal de la editorial, se inicia el declive de Ruedo. Además, el escoramiento radical de <em>Cuadernos de Ruedo ibérico</em> la condenaba a un número restringido de lectores, con las consecuencias económicas obvias. Así, en tiempos más recientes, revistas como <em>mientras tanto</em> y <em>Archipiélago</em>, que en buena manera recogen el espíritu de los <em>Cuadernos</em>, tienen una estructura completamente artesanal, subsisten en economía de guerra, la guerra contra el sistema al que combaten.</p>
<p>Durante mucho tiempo, ante un panorama político aparentemente tan bloqueado, tan pasteurizado, no se adivinaban nuevos jóvenes lectores radicalizados. Sólo en los últimos años, la asfixia neoliberal ha provocado una considerable respuesta antisistema, la salida del letargo. Y así, autores como Noam Chomsky, Naomi Klein, Richard Sennett o Susan George, entre otros, han despertado el interés de buen número de lectores insatisfechos con el statu quo. Lectores de la última etapa de Ruedo ibérico, diríamos.<br />
Pasando al ámbito empresarial, visto desde fuera, la propuesta de Ramón Viladás de albergar Ruedo ibérico en la estructura de Edicions 62, entonces con Oriol Bohigas y Castellet al frente, seguramente hubiera dado una mayor estabilidad y sosiego a la siempre precaria Ruedo ibérico, pero había factores psicológicos e ideológicos más complejos, así como la eterna suspicacia de Pepe ante una posible pérdida del control de la editorial. En cualquier caso la sugerencia no fructificó, por lo que sobran especulaciones.</p>
<p><strong>Una deuda</strong></p>
<p>Pagué parte de mi deuda personal con Pepe Martínez con la publicación de dos libros.<br />
El primero fue una voluminosa biografía de Albert Forment con el título <em>José Martínez: la epopeya de Ruedo Ibérico</em>, un libro muy bien recibido por la crítica, nada bien por algunas personas muy allegadas a Pepe (cosa que me apenó, pero así sucede a menudo con las biografías), y bien recibido por otros amigos y colaboradores suyos como José Manuel Naredo, Francisco Carrasquer, Ramón Viladás, Nicolás Sánchez Albornoz o su fiel amigo gallego Isaac Díaz-Pardo, en cuya galería Sargadelos de Madrid se presentó el libro. Incluso el muy cáustico Juan Martínez Alier, después de señalar insuficiencias y errores, celebró que por fin se hubiera escrito un primer libro sobre el tema. Asimismo, en la publicación anarquista <em>Solidaridad obrera</em>, Carlos Sanz afirmaba: “Pepe Martínez es con toda seguridad el personaje más importante del mundo editorial durante el franquismo. Este libro, al margen de interpretaciones erróneas o no sobre la personalidad de Pepe, cumple con su principal finalidad: reivindicar y recuperar la memoria de Pepe Martínez y Ruedo Ibérico; la publicación de su investigación ha valido la pena”.</p>
<p>El otro libro publicado por Anagrama fue la reedición aumentada de un <em>Cuaderno de Ruedo ibérico</em> que no fue colectivo sino, excepcionalmente, obra de un solo autor, Aulo Casamayor, seudónimo del prestigioso economista José Manuel Naredo. Un libro con un título contundente: <em>Por una oposición que se oponga</em>, todo un programa a trasmano de la postura de los partidos políticos de izquierda, a finales de 1976. Su subtítulo rezaba así: <em>Crítica a las interpretaciones del capitalismo español y a las alternativas que ofrece la “oposición política”</em>. Su prólogo a nuestra edición, de diciembre de 2002, empieza así: “El presente volumen plantea el análisis de la llamada “transición política” desde perspectivas diferentes a las habitualmente divulgadas. Muestra que el verdadero éxito de esta operación ha sido prolongar, sin “traumas”, bajo la nueva cobertura “democrática”, el tipo de sociedad piramidal que nos había tocado vivir bajo el franquismo, eso sí, debidamente renovada y asociada a lo más granado del capitalismo transacional y a la cúpula del poder político-militar mundial, gobernada por Estados Unidos”.</p>
<p>Un texto de una dureza diamantina que, lógicamente, levantó ampollas por su crítica frontal al Partido Comunista, al que tildaba de colaboracionista, y propugnaba una nueva izquierda, una izquierda radical que aspiraba a nuevas formas de acción y organización para la liberación de la especie humana.<br />
Cuando lo presenté en Barcelona afirmé que se trataba de un libro de referencia tan indispensable como incómodo para la derecha confesa como para la presente izquierda. Y concluí con una profecía nada arriesgada: “Un libro que debería provocar un debate político pero que es posible que se silencie”. Y así ocurrió, salvo con las contadas excepciones de rigor.</p>
<p>Si recuerdo bien, conocí a Pepe Martínez en la Feria de Frankfurt, a la que asistió desde 1971 hasta al menos 1978, mientras que yo empecé en 1969. Estábamos ambos en el área de los editores españoles y más de un año estuvimos en stands vecinos. El ritmo de trabajo era más sosegado que ahora &#8211; y en su caso lo importante y simbólico era la desafiante presencia de Ruedo ibérico-, por lo que teníamos tiempo para largas charlas, en las que exhibía su humor cortante y su vasto conocimiento tanto del milieu del exilio como de las conspiraciones del interior. Y también, claro está, sus entusiasmos de editor. Además, por su stand y en menor medida por el de Anagrama aterrizaban con frecuencia exiliados políticos, periodistas y colegas izquierdosos varios.</p>
<p>Naturalmente fui sensible al encanto personal de Pepe Martínez, reforzado por el aura de Ruedo ibérico. El historiador Antonio Elorza, que en su juventud fue un colaborador de Pepe, lo describe así: “Un tipo excepcional, de formación anarquista, gustos aristocráticos y talante autoritario, en grado sumo irascible”, “con rasgos que recuerdan la aventura equinoccial de Lope de Aguirre”. En suma, añade Elorza, “un personaje fascinante que, al igual que Juan García Oliver, el líder anarcobolchevique a quien tanto admiraba, llevaba dentro una formidable carga de destrucción”.</p>
<p>Un dandy “sempruniano”, según acertada precisión de Jordi Gracia, con una coquetería característica y personalísima: llevar la corbata por encima del jersey. Otro dandy muy distinto, Giovanni Agnelli, el gran patrón de la Fiat, se distinguió también con otro tic persistente: el reloj por encima de la camisa.</p>
<p>Pienso que Pepe Martínez miraba con afecto las publicaciones de Anagrama, que también era una editorial abierta a las varias sensibilidades de la izquierda, con una subrayada tendencia hacia los marxismos heterodoxos y el pensamiento libertario. Es decir que Anagrama publicaba, en especial en sus Cuadernos, a Trotski, Maurín, el Che, Mao, Wilhelm Reich, Gunder Frank, Chomsky, su maestro Pierre Vilar, Lucio Magri, Santi Soler del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), Bakunin, Kropotkin y naturalmente a los situacionistas. Y también, en otra vertiente, a Sade, Breton, Bukowski. Y Pepe sabía de los numerosos procesos y secuestros que había tenido la editorial. Y así como, en 1975, la ultraderecha española plantó una bomba, que causó serios daños, en la sede de Ruedo Ibérico en la rue de Latran, también en España se dedicaban a atacar librerías, con total impunidad, y además, en el mayor percance de la época, incendiaron el almacén de Distribuciones de Enlace, que albergaba los fondos de las ocho editoriales progresistas, entre ellas Anagrama, que componían la sociedad.</p>
<p>Pero no se trata de hablar de Anagrama sino sólo de subrayar las afinidades editoriales. Y una de ellas en especial. Como es lógico, Pepe Martínez, aunque muy tardíamente, descubrió y quedó deslumbrado por los textos de los situacionistas, tan radicales como él y también hedonistas, bebedores e insolentes (y también con su toque dandy: recuérdese la inusitada encuadernación plateada de la revista de la Internacional Situacionista). El 10 de febrero de 1981 escribió a Francisco Carrasquer informándole de sus recientes lecturas de Debord, Vaneighem, Sanguinetti, Vienet y del famoso panfleto <em>Sobre la miseria en el medio estudiantil</em>, e incluso intentó publicar <em>Sobre el terrorismo y el Estado</em> de Gianfranco Sanguinetti, y también a Antonio Negri, el líder de Autonomia Operaia, dos ejemplos de confrontación radical del capitalismo contemporáneo.</p>
<p>En mi trato con él, siempre cordial, nunca sufrí ninguna de sus legendarias cóleras, aunque para ser exactos asistí a una inesperada explosión. En mayo de 1977, después de casi dos décadas de exilio en París, Pepe Martínez hizo su primer viaje a España para preparar la implantación de Ruedo ibérico en nuestro país. Los editores amigos de Barcelona, entre los que recuerdo a Grijalbo, Castellet, Barral, Comín, Beatriz de Moura, brindamos con él por su regreso y en el curso de una comida muy cordial se le cruzaron los cables y empezó a atacar al pobre Alfonso Carlos Comín, miembro del PSUC y el ser humano más parecido a un arcángel que yo haya conocido nunca, acusando al partido comunista y, ya puestos, al propio Comín de todos los crímenes estalinistas en la Guerra Civil, hasta que la enérgica bonhomía de Juan Grijalbo logró apaciguarlo.</p>
<p>El 20 de abril de 1978 se celebró en la Galería Maeght de Barcelona que dirigía su viejo amigo Paco Farreras una gran fiesta para presentar oficialmente en España Ruedo ibérico y su filial Ibérica de Ediciones y Publicaciones, a la que acudió Tarradellas, también viejo y leal amigo del exilio, y la representación de todas las faunas de la izquierda, desde los supervivientes del grupo de Puig Antich hasta la izquierda liberal más moderada, como le cuenta a su amigo italiano Giorgio Agosti en una carta, en la que constata, lúcido: “Esa noche enterré un muerto, muerto desde hace meses: el viejo Ruedo ibérico. Pienso que lo enterramos todos los presentes. Se acabó esa especie de Frente Popular cultural que fue Ruedo ibérico durante más de quince años”. Y más exactamente, para decirlo en palabras de José Manuel Naredo, “Ruedo ibérico (para sus antiguos amigos de la oposición antifranquista) pasó de ser una plataforma útil a convertirse en un testigo incómodo de las componendas políticas de la transición”.</p>
<p>Cuando ya residía en Madrid, a mediados de los 80, pude reunir a los dos grandes amigos, Pepe Martínez y François Maspero, a propósito de la traducción de la novela de este último <em>Le sourire du chat</em>, que le propuse a Pepe y que aceptó. Pepe cuenta en una carta a una amiga italiana: “Las quasi-memorias de François Maspero, que fue mi colega, mi amigo y mi vecino en París. Era un editor de izquierda que se arruinó como yo. Pero él verdaderamente arruinado porque era rico. Hago esta traducción para un editor español que ha halagado mi vanidad diciéndome que Maspero y yo somos sus maestros: seguro que se arruina”. Por fortuna se equivocó, Anagrama se había salvado por los pelos de la quiebra a finales de los 70, tras el famoso desencanto y otros percances. Y por desgracia Pepe no pudo asistir a la presentación del libro de Maspero en Madrid en 1987, había fallecido solo y amargado, como demasiado bien sabemos, el año anterior.</p>
<p>Dejando de lado sus ciclotimias y susceptibilidades, o las especulaciones sobre carácter y destino, al contemplar el espléndido catálogo de Ruedo ibérico que él había construido, de forma irrepetible, un catálogo que es la demostración de su gran valía como editor, en él se reflejan sus grandes pasiones, la recuperación de la memoria colectiva, la contrainformación de las mentiras oficiales para propiciar la transformación en profundidad de la sociedad. También sus conocimientos tipográficos, la búsqueda de la belleza, de la dignidad estética de sus libros. Y su talento para alentar y propiciar y saber “ver” libros posibles pero aún no existentes y también la abnegada labor de convertir manuscritos poco elaborados en textos dignos de Ruedo ibérico.</p>
<p>Un aspecto muy a tener en cuenta es la importancia de las innumerables cartas que Pepe Martínez escribió a lo largo de su vida y de las que, muy consciente de la importancia de su testimonio -la omnipresente obsesión de preservar la memoria histórica-, guardó minuciosamente las copias y ahora están depositadas en el benemérito Instituto Internacional  de Historia Social de Amsterdam.</p>
<p>Y voy a terminar esta intervención demasiado larga con dos citas. Una, de su amigo Juan Goytisolo acerca de la muerte de Ruedo Ibérico, en 1982, a causa de, dice lapidariamente, “el triple dogal de la confusión, el pasotismo y el desencanto” de la sociedad española. Y la otra, del propio Pepe. Dice así: “Y el cinismo sin llegar”&#8230; Una frase, desde luego, referida a sí mismo, viejo león malherido pero irreductible.</p>
<p>Texto de su intervención en el Seminario <em>Ruedo ibérico, un desafío intelectual</em> organizado por la Residencia de Estudiantes el 15 de junio de 2004 en Madrid con ocasión de la exposición del mismo título. Publicado en HERRALDE, Jorge, <em>Por orden alfabético. Escritores, editores, amigos</em>. Anagrama, 2006, pp. 177-192.</p>
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		<title>Intervención de François Maspero con ocasión de la  inauguración de la exposición en Paris en 2008</title>
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		<pubDate>Sun, 31 May 2009 17:28:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>

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		<description><![CDATA[« Lorsque nous aurons fait la révolution, une des choses les plus urgentes à faire sera de fusiller tous les flics et les juges. — Oui, mais par quoi les remplacerons-nous ? — Par les camarades les plus sûrs, les plus dévoués, les plus honnêtes de la CNT. — Mais ces camarades, au bout d’un certain temps, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>« Lorsque nous aurons fait la révolution, une des choses les plus urgentes à faire sera de fusiller tous les flics et les juges. — Oui, mais par quoi les remplacerons-nous ? — Par les camarades les plus sûrs, les plus dévoués, les plus honnêtes de la CNT. — Mais ces camarades, au bout d’un certain temps, n’entreront-ils pas dans la peau des flics et des juges d’avant la révolution ? — Si, bien sûr. C’est pourquoi, au bout de dix ans, il faudra les fusiller à leur tour. — Et on les remplacera par d’autres camarades de la CNT, sûrs, dévoués, etc. ? — Oui, et bien entendu, il faudra fusiller ceux-là aussi au bout de dix ans. Et ainsi de suite. »</p>
<p><span id="more-57"></span></p>
<p>J’aimais beaucoup l’humour de mon ami José Martínez. Un humour souvent très noir. José Martínez —— que je n’ai jamais appelé Pepe, mais souvent don José — a été mon ami, un ami comme on en a peu dans une vie.</p>
<p>Aujourd’hui, quand j’y repense, je me dis que cette amitié peut paraître étrange. Je n’ai pas partagé, comme ses amis espagnols qui sont ici avec moi ce soir, des années très dures de luttes, de souffrances, d’espoirs. Je suis peut-être seulement un ami de l’extérieur. Je ne sais pas s’il avait d’autres amis français comme moi. Nous venions de mondes différents. Pourtant, nous avons été, pendant plus de dix ans, des amis très proches. Qu’est-ce qui nous rapprochait ? Le métier, bien sûr. Je me rends compte aujourd’hui que, pendant les vingt-trois ans où j’ai fait le métier d’éditeur, José Martínez a été le seul éditeur que j’ai vraiment connu, avec qui j’ai eu vraiment des liens d’amitié, des liens fraternels. (Encore que, en y repensant, j’en trouve un autre : Nils Andersson, des éditions La Cité à Lausanne, qui publiait pendant la guerre d’Algérie les livres interdits en France, et que la Confédération Helvétique a récompensé, plus tard, en l’expulsant vers son pays natal, la Suède.) Mais il y avait aussi quelque chose de plus fort que le métier. Chacun à notre manière, nous étions des hommes en colère.</p>
<p>Nous nous sommes rencontrés en 1963. C’est lui qui est venu me voir. J’étais éditeur depuis quatre ans, lui depuis deux ans. Il m’a dit que mon travail l’intéressait et qu’il voulait voir la tête que j’avais. Il avait onze ans de plus que moi, et une expérience beaucoup plus lourde que la mienne, un engagement militant plus fort, il avait souffert dans sa chair de la répression et aussi des trahisons, qui avaient forgé son regard sur la vie. Moi, au sortir de l’adolescence, j’avais connu les espoirs déçus de la Résistance française. Surtout, je venais de traverser la période de la guerre d’Algérie, et ma colère venait d’avoir vu mon pays se conduire en Algérie comme l’occupant nazi s’était conduit en France.</p>
<p>Nous étions des hommes en colère, et c’est cela, je crois, qui nous a réunis et que nous avons partagé. Albert Forment, le biographe de José Martínez, nous décrit ainsi : « François Maspero, que era un hombre de mirada franca y honrada, pero triste y depresivo al igual de su queridísimo amigo José Martínez, al que le unián parecidas convicciones ideológicas y la misma profesión… » Il oublie de dire que nous avons aussi beaucoup ri ensemble. Il y a eu une époque où je le voyais presque quotidiennement, lui et Marianne Brüll, la cheville ouvrière de Ruedo Ibérico. Nous prenions un café ou un sandwich dans un tabac de la rue Dante. Nous refaisions le monde ensemble. Et, comme on dit en français : ça n’était pas triste.<br />
Notre amitié a été quelque chose de très personnel. Il est très difficile d’en parler. De la définir. Au risque de paraître un peu pédant, c’était le fameux « parce que c’était lui, parce que c’était moi », de Montaigne et La Boëtie… </p>
<p>J’avais beaucoup d’admiration pour l’homme de métier. Ce métier qu’il avait appris chez le grand éditeur scientifique Bérès, et qu’il connaissait mieux que moi. J’ai toujours fait la différence entre le métier et la profession. Notre relation n’a jamais été fondée sur des questions professionnelles, je veux dire surtout  économiques. Martínez savait ce que peu de gens avaient compris, que mon entreprise ne disposait d’aucun capital, sauf notre travail. Je n’étais pas Feltrinelli. Il connaissait mes difficultés, je connaissais les siennes, qui étaient évidemment beaucoup plus grandes. Il me faisait part de ses difficultés à mener une entreprise qu’il voulait mettre au service de toutes les forces politiques espagnoles, y compris celles qui, souvent, ne correspondaient pas à ses convictions profondes, pour mettre fin à la dictature dans son pays. Mais je ne me suis jamais impliqué dans la vie intérieure de Ruedo Ibérico. Je connaissais peu ou pas du tout ses collaborateurs et ses auteurs. Je le voyais seulement travailler avec une force formidable. Lui et Marianne Brüll, dont je voyais que, sans sa présence constante, son acharnement à faire face à toutes les questions de gestion quotidienne, Ruedo Ibérico n’aurait pas tenu un mois.</p>
<p>Quand il m’a demandé d’être le directeur gérant de la revue Cuadernos de Ruedo Ibérico (parce que la loi exigeait un directeur français), c’est justement parce qu’il savait que jamais je ne me mêlerai de la rédaction. Et si j’ai accepté, c’est parce que je savais que jamais il ne m’impliquerait dedans. Question de totale confiance. Même chose, quand mon épouse, Fanchita González Batlle, cofondatrice de nos éditions, a été, pendant plusieurs années la gérante de la société Ruedo Ibérico.</p>
<p>La seule fois où j’ai été mêlé de près à ses éditions, c’est lors du procès à Madrid (je crois que c’était en 1972) de Luciano Rincón, auteur, sous le pseudonyme de Luis Ramírez, d’une biographie de Franco que j’avais publiée également en français, et de nombreux articles dans Cuadernos de Ruedo Ibérico. Évidemment, aucun des vrais responsables de la revue ne pouvait passer la frontière pour venir témoigner, et il fallait retenir José Martínez en se cramponnant à sa veste pour empêcher ce geste qui l’aurait mené à rejoindre son auteur et ami en prison. Je suis donc allé dire devant le tribunal d’ordre public que c’était moi qui avais rajouté les passages injurieux pour le généralissime. Pour deux raisons. D’abord j’étais un maniaque du délit d’injure à chef d’État étranger : la preuve en était que j’étais déjà poursuivi devant les tribunaux français pour avoir injurié le général Mobutu (évidemment, le rapprochement n’était pas très flatteur pour le chef de l’Etat espagnol…). Ensuite, et plus sérieusement, je voulais me venger, parce que le père de ma femme, Miguel González Batlle avait été fusillé en 1939 à Barcelone. J’ai donc témoigné à Madrid, j’ai évidemment été arrêté à la sortie du tribunal et expulsé. Une expérience intéressante. Ça non plus, ça n’était pas triste.</p>
<p>Ce qui m’a frappé, au fil de ces années, c’est l’immense prestige, tout à fait disproportionné avec la taille de sa maison, dont Martínez jouissait auprès des plus grands éditeurs étrangers : je pense à Feltrinelli et Einaudi en Italie, à Fondo de Cultura Económica au Mexique, à Losada en Argentine, à l’Institut du Livre à Cuba, ainsi que, par exemple, Carlos Barral, Pedro Altares et d’autres en Espagne. J’ai pu le constater, entre autres, chaque année à la Foire du Livre de Francfort. Pour eux, il représentait ce qu’il y avait de plus vivant et surtout de plus digne, dans la culture espagnole.</p>
<p>Nous nous sommes perdus de vue à la fin des années 70. Il est rentré en Espagne. De mon côté, en 1982, j’ai abandonné le métier d ‘éditeur. En 1986, j’ai eu la surprise de recevoir une lettre de lui. Il traduisait, pour Anagrama, mon livre Le Sourire du chat. Nous avons échangé deux lettres chacun, nous promettions de nous revoir bientôt. Il me disait de venir faire une conférence à Madrid, je lui ai répondu qu’il savait très bien que j’étais incapable de faire des conférences, et, dans sa deuxième lettre, il m’a dit, que, bien entendu, il s’était moqué de moi. Je lui avais aussi demandé de m’aider, pour un nouveau livre que j’écrivais, à trouver un mot péjoratif pour désigner les Français. Il m’a répondu que gabachos était archaïque et qu’il me conseillait Franchutes, quoique aussi assez démodé. Quinze jours plus tard j’ai appris sa mort.</p>
<p>J’ai bien compris que son retour en Espagne avait été un échec. J’ai bien compris que l’Espagne de la transition voulait tirer un trait sur le passé. En pensant à sa mort, je ne peux m’empêcher d’évoquer le poème de César Vallejo, Piedra negra sobre una piedra blanca, que Jorge Semprún m’a récité le jour où nous sommes allés ensemble sur sa tombe au cimetière Montparnasse : Me moriré en París con aguacero… Mourir en exil est une tragédie, mais plus tragique encore est ce sentiment, qui me vient parfois, que José Martinez est mort en exil dans son propre pays.</p>
<p>Ce que je n’ai pas compris, en revanche, c’est qu’il aura fallu ensuite plus de vingt ans pour que la mémoire de ce travail formidable qu’il avait fait soit ressuscitée. Je sais que ses amis qui sont ici ont tout fait pour garder sa mémoire, et particulièrement son camarade de toujours, Nicolás Sánchez Albórnoz. Je sais aussi que Jorge Herralde a courageusement sauvé cette mémoire en publiant, aux éditions Anagrama, sa biographie : José Martínez, la epopeya de Ruedo Ibérico. Et je suis heureux que ce soit La Résidence des étudiants à Madrid qui ait permis à cette exposition de voir le jour. Mais surtout, j’ai vu, au fil des ans, Marianne Brüll se battre contre l’oubli. Je veux lui dire ici toute mon admiration pour cette fidélité.</p>
<p>Paris, le 14 février 2008</p>
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		<title>La transición excluyente</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Jan 2009 21:48:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos sobre Ruedo]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión y discusión]]></category>
		<category><![CDATA[Transición]]></category>

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		<description><![CDATA[Joan Martinez Alier
Mi relación con la editorial Ruedo Ibérico empezó en 1965, cuando yo tenía 25 años y acababa mi tesis sobre el latifundismo en la campiña de Córdoba que escribía en Oxford desde donde hacía viajes a Andalucía. Pasaba por París y entraba en La Joie de Lire, la librería de Maspero, donde estaban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Joan Martinez Alier</strong></p>
<p>Mi relación con la editorial Ruedo Ibérico empezó en 1965, cuando yo tenía 25 años y acababa mi tesis sobre el latifundismo en la campiña de Córdoba que escribía en Oxford desde donde hacía viajes a Andalucía. Pasaba por París y entraba en La Joie de Lire, la librería de Maspero, donde estaban los primeros libros de Ruedo ibérico. Ya en el número 13 de los Cuadernos de Ruedo ibérico, dedicado a la agricultura, tanto José Manuel Naredo (a quien no conocía aún personalmente) como yo publicamos artículos. Yo insistía en el progreso técnico de la agricultura española y al mismo tiempo explicaba el enorme miedo que aún reinaba en el campo andaluz, la continua represión por parte de la Guardia Civil, y los restos que quedaban de la ilusión del “reparto” de los cortijos. Mi libro sobre el latifundismo andaluz fue publicado en castellano por Ruedo ibérico en junio del 1968. Yo era entonces investigador universitario en Oxford sobre historia agraria latinoamericana. Colaboré a distancia con Ruedo ibérico del 1965 al 1974. En 1974-75 pasé seis meses en la editorial en Paris. Fue un tiempo divertido y de gran actividad. Fue cuando coeditamos el libro de la “Operación Ogro”.</p>
<p><span id="more-1"></span></p>
<p>Los libros de Ruedo ibérico eran diversos. Muchos eran de historia de España de autores liberales o de izquierda, que aquí no se podían publicar, eran también memorias de anarquistas (Mera, García Oliver y otros) o de militantes del POUM, y fueron, cada vez más, libros de actualidad en las postrimerías del franquismo (El proceso de Burgos, el Opus Dei, la ACNP, el dominio adquirido por el partido comunista sobre las Comisiones Obreras y tantos otros temas). Así, hasta unos doscientos libros y muchas reediciones en veinte años. Además los Cuadernos, cuyas caricaturas se burlaban de Franco, también de Fraga y de Juan Carlos. Algunos decían que Ruedo ibérico no tenía una línea concreta. A su director, Pepe Martinez, eso no le importaba. La intención era publicar lo que no se podía publicar en el interior, ilustrar a los jóvenes. Pepe Martínez había hecho y perdido la guerra civil a los 17 años, había estado en la cárcel,  se había exiliado a París en 1947, había sido anarquista de joven y lo fue activamente otra vez de mayor. Murió casi abandonado y de muy mal humor en 1986, el día del referendum de la OTAN. La editorial había dejado de existir seis años antes. Sus archivos están en el Instituto de Historia Social de Amsterdam. Los “antiguos” de Ruedo ibérico le estamos agradecidos a ese instituto por su amparo y su trabajo de catalogación.</p>
<p>Volviendo al 1966. Naredo era entonces un economista de 24 años, que hacía un stage en la OCDE. El también entró en el grupo de Ruedo ibérico. Pepe Martinez sabía historias que nadie nos había contado, además era un exilado que no solo hablaba sino que hacía algo práctico. Pocos años más tarde Naredo y yo conocimos a Elena Romo, a Nicolás Sanchez-Albornoz, a Ramon Viladás, que con Vicente Girbau y Pepe Martinez habían fundado la editorial en 1960. También a Barbara Probst, de visita en Francia. También a Marianne Brull, secretaria y compañera de Pepe Martinez, quien vive ahora en Barcelona. Podemos decir que Naredo y yo fuimos de la segunda ola. Naredo fue durante doce años un elemento importante de los Cuadernos de R.I., ayudando a coordinar lo que se escribía desde Madrid por economistas como Juan Muñoz (más tarde vice-presidente del Congreso), Arturo Cabello,  Leguina y otros. Naredo siempre usó seudónimo, era funcionario y casi siempre vivía en Madrid. A partir de 1973 Naredo y yo le ayudamos a Pepe Martínez a sacar los últimos veinticinco números de Cuadernos de Ruedo ibérico, al final ya en Barcelona. Juan Goytisolo continuó enviando ensayos propios y de otros autores en el papel que el asumió en CRI de asesor de temas de literatura, y se convirtió en el autor más habitual de los Cuadernos a lo largo de su historia. El segundo creo que fui yo. Pero la nómina de quienes escribieron en los Cuadernos de Ruedo ibérico es muy amplia. Algunos, como Alfonso Sastre o Paco Letamendia pertenecen a los innombrables, otros han sido ministros.</p>
<p>Desde 1974, con Naredo y conmigo, con Francisco Carrasquer y Carlos Peregrín Otero,  el contenido de la revista se hizo ya bastante ecologista y  anarquista. A Pepe Martinez le desesperaba la lentitud de la redacción de los artículos y la falta de suscriptores (aunque CRI llegaba a bastantes bibliotecas del mundo). Pero en cuanto al contenido estaba de acuerdo con nosotros. El mismo, con el seudónimo Felipe Orero (nombre de un tío materno suyo, fusilado por los franquistas) escribió artículos de doctrina anarquista.  Los colaboradores iniciales de Cuadernos de Ruedo ibérico más conocidos, Jorge Semprún y Fernando Claudín, dejaron Ruedo ibérico. Se preparaban ya para su trayectoria posterior, lo mismo que tantos otros que iban a circular en la órbita del diario El País y a gozar de las delicias de la transición. Nosotros, por el contrario, con pleno apoyo de Pepe Martínez, estábamos disconformes con la transición que se preparaba.</p>
<p>En los Cuadernos de Ruedo ibérico entre 1974 y 1978 atacamos la Reconciliación Nacional, no desde luego porque quisiéramos otra guerra sino porque permitía dar una salida fácil a los franquistas. Nos preguntamos: “¿Quién amnistiará a los amnistiadores?” Resultó que se amnistiaron ellos mismos. Protestamos por las Grandes Rebajas de la oposición política y pedimos Una Oposición que se Oponga (título del número 54 de CRI). Analizamos los gobiernos de Suárez (con mucha presencia directa de empresarios y banqueros, y de políticos de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, es decir, los herederos de Herrera Oria y Martín Artajo, a saber, Osorio, Lavilla, Oreja). El partido comunista empujaba a la reconciliación con los post-franquistas, el partido socialista, que apenas había existido en los años 1960 y 1970, aprovechó el empujón para correrse más a la derecha con sus nuevos líderes. La resistencia al franquismo se rompió. Nosotros quedamos fuera.</p>
<p>Pepe Martínez estuvo dos años sin decidirse a traer la editorial a España, al final escogió Barcelona (cuando ya Tarradellas estaba aquí, un viejo amigo personal del exilio). En los primeros meses o años tras la muerte de Franco no tenía pasaporte y tenía temor de ser detenido al llegar a España. Después, todos tuvimos temor de la violencia si abríamos aquí una editorial y una librería. En Paris en la librería de Ruedo ibérico de la  rue de Latran en octubre del 1975, alguien puso una bomba. Típica historia: no se sabe aún hoy en día exactamente quién fue, cómo se llamaba, quién le mandó hacerlo. Lo más probable es que fueran policías españoles. Seguramente a estas alturas quienes pusieron la bomba se habrán ya jubilado o estarán por hacerlo después de haber servido a la democracia con la misma profesionalidad que sirvieron a la dictadura. Tendrán una pensión del estado español. Pepe Martínez no tuvo pensión española. A él le ayudaron al final económicamente sus amigos italianos, a quienes conocía de empresas editoriales. Y un poco, muy poco, nosotros sus amigos ibéricos.</p>
<p>La transición política española fue una transición excluyente. No es verdad que a todos los que habían estado en la resistencia, la transición les pareciera bien. Ciertamente, la mayor parte de la resistencia al franquismo se acomodó rápidamente (excepto en Euskadi) a la nueva situación. Otros, los menos, quedaron fuera. Por ejemplo, de quienes se habían jugado la vida entrando en la Unión Militar Democrática, algunos acabaron de diputados socialistas, otros fueron olvidados y dejados de lado. Por ejemplo, quienes intentaron reconstruir la CNT en Catalunya tuvieron inicialmente un cierto eco, a pesar de sus peleas internas, en su oposición al Pacto de la Moncloa (contra el que despotricamos en los Cuadernos de Ruedo ibérico de la última época). Pero la CNT casi desapareció tras el atentado del Scala en enero del 1978, en el que participó un agente provocador llamado Gambín, cuando Martín Villa (demócrata de toda la vida) era ministro del Interior.</p>
<p>El ninguneo social y político que recibió Pepe Martínez era esperado pero le dolió mucho, él había estado exilado treinta años, no tenía ya su vida profesional por delante. El había hecho algo notable por la cultura española y contra el franquismo. No se le reconoció en vida, no fuera que al salir en los diarios o en la tele dijera algo inconveniente. Ahora han pasado muchos años más desde su muerte y más aun desde que la editorial Ruedo ibérico desapareció. Treinta años de retraso son ya muchos para que nadie se atreviera a recoger en nombre de Ruedo ibérico premios de las autoridades estatales ni elogios de los monopolistas culturales. Premios o elogios que les laven la mala conciencia, si la tienen.</p>
<p>Fraga (que como ministro de cultura franquista, se molestaba mucho con Ruedo ibérico) ganó su puesto en la transición política  democrática española, nada menos que como fundador del PP, partido de gobierno. Ruedo ibérico quedó fuera, excluidos de la transición. El caso de Ruedo ibérico es uno más tan solo. Así fue. No tiene ya remedio.</p>
<p>En <em>La Vanguardia</em>, 12.1.2005</p>
<p>Catedrático de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona.<br />
Miembro del Comité Científico de la Agencia Europea de Medio Ambiente.<br />
Presidente-electo de la International Society for Ecological Economics.</p>
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