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	<title>Éditions Ruedo ibérico</title>
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		<title>En torno a la construcción y recuperación del exilio retornado  a través de la figura de Claudio Sánchez Albornoz</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Dec 2012 15:15:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ruedo ibérico]]></category>

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		<description><![CDATA[Aránzazu Sarría Buil, Université Michel de Montaigne-Bordeaux3
                                        Et vraiment, oui ! c’est le pays natal, le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Aránzazu Sarría Buil</strong>, Université Michel de Montaigne-Bordeaux3<span id="more-1529"></span></p>
<p>                                        <em>Et vraiment, oui ! <strong>c’est le pays natal, le sol de la Patrie</strong>;<br />
                           Ce que tu cherches, cela est proche et vient déjà à ta rencontre.</em><br />
                                                                                                               Hölderlin  </p>
<p>Con la prudencia que exige el pensar desde un enfoque individualista la densidad de la historia, consideramos que entre las trayectorias personales que se entretejen con los acontecimientos del siglo XX español, una de las más significativas es la de Claudio Sánchez Albornoz. Su existencia estuvo pautada por las condiciones históricas de su tiempo en las que fue inscribiendo su doble e indisociable recorrido político y científico. </p>
<p>Diputado azañista, ministro de Estado en el gobierno Martínez Barrio en 1933 y vicepresidente de las Cortes en 1936, embajador de España en Portugal, Jefe de Gobierno de la República española en el exilio entre 1962 y 1971, su tradición familiar le llevó a adentrarse en el ruedo político desempeñando importantes responsabilidades. En tanto que historiador medievalista, vocación a la que entregó los años de exilio, su prolífica obra y su actividad docente comienza en la Universidad de Barcelona en 1918 y continúa dos años después en la de Madrid de la que fue catedrático y rector, y donde inició su estudio sobre las instituciones sociales y políticas del reino de Asturias. </p>
<p>Fuera de España, prosigue su trabajo de investigación en la Universidad de Burdeos en la que ocupó una cátedra entre 1937 y 1940 hasta que, ya residiendo en tierras argentinas, es creada una cátedra de Historia de España en la Universidad de Buenos Aires en 1945, lo que le permitirá instalarse definitivamente en este país donde fundó un Instituto de Historia de España y una revista, <em>Cuadernos de Historia de España</em>, referencia en materia historiográfica especializada en estudios hispánicos medievales. La labor que le ocupó toda su vida estuvo orientada a la búsqueda de los fundamentos antropológicos del <em>homo hispanicus</em>, lo que le hizo protagonizar una interminable polémica con Américo Castro, contribuyendo a la formación de esa retórica de la ontología nacional que ha marcado nuestra historia contemporánea (1).</p>
<p>A su regreso a España las diferentes facetas de su existencia adquirieron pronto el valor de representaciones: la del responsable político, la del historiador/-científico, la del exiliado, la del intelectual polemista, la del retornado. </p>
<p>Nuestro interés reside en comprender las claves de la construcción histórica de la que fueron objeto tanto su figura como su trayectoria personal durante los primeros meses de la monarquía de Juan Carlos I, y analizar qué aspectos de su compleja identidad política –liberal, republicana, demócrata– fueron recuperados en el proceso de transición en el que quedó enmarcado su retorno tras cuarenta años de exilio en Argentina. Para ello vamos a interesarnos en cómo la prensa diaria de mayor tirada cubre la información relativa al regreso y estancia en España de esta personalidad histórica que tuvo lugar el 23 de abril de 1976 por una duración de setenta días, hasta la vuelta del historiador a Buenos Aires el 30 de junio del mismo año. </p>
<p>Los diarios elegidos por contar con los mayores índices de difusión en el período que nos ocupa y ser considerados representativos de importantes sectores de la opinión pública son el monárquico <em>ABC,</em> el barcelonés <em>La Vanguardia Española</em>, y en muy menor medida debido a la fecha de aparición, el recién nacido <em>El País</em>. Se trata de una etapa llamada a introducir cambios estructurales en el ámbito periodístico pues los medios de comunicación, cuya actuación ha sido valorada como un factor de estabilización política en la democracia, tuvieron que evolucionar en un panorama cambiante que exigía la adaptación tanto a las funciones que les eran atribuidas en el tránsito del denominado parlamento de papel hacia la creación de las nuevas instituciones democráticas representativas, como a las exigencias de un mercado en proceso de mutación, demandante de reconversiones tecnológicas y laborales, como muestra la significativa evolución de las tiradas de algunas cabeceras.  </p>
<p>El diario monárquico conservador <em>ABC</em>, fundado en Madrid en 1905, y rotativo de referencia en los años sesenta bajo la dirección de Torcuato Luca de Tena durante los que consiguió aumentar su difusión a 210 000 ejemplares (1967), entra en 1975 en un período de crisis que se saldó con una reducción de su tirada a una tercera parte entre 1976 y 1979, siendo directores José Luis Cebrián primero y Guillermo Luca de Tena después. </p>
<p>Editado en Barcelona, el periódico <em>La Vanguardia</em> que había sido fundado en 1881 por el conde de Godó y rebautizado tras la guerra civil por imperativos del gobierno con el adjetivo « Española », fue convertido en sociedad anónima en 1961 y su ideología responde a los intereses de un catalanismo moderado y burgués que supo crearse un espacio en el contexto de cambio político de los setenta basado en el equilibrio entre democracia y nacionalismo. A partir de 1978, con la culminación de la primera fase de la transición, también experimenta un cierto declive resultante de la competencia creada por la aparición de nuevos rotativos (2). </p>
<p>Finalmente, el diario <em>El País</em>, perteneciente al grupo PRISA, constituye una de las novedades más significativas del mapa periodístico de la época. Teniendo como trasfondo una serie de maniobras que lo intentan situar en el espectro político del centroderecha, emerge el 4 de mayo de 1976 bajo la dirección de Juan Luis Cebrián para terminar ocupando a finales de la década el espacio de una izquierda moderada, progresista y europea, lo que le reportará un rápido e importante éxito entre los lectores.  </p>
<p>Mediante el análisis comparativo de los artículos incluidos en estos tres periódicos intentaremos presentar los discursos que se articulan en torno a un acontecimiento, el del regreso de una figura del exilio, y que contribuyen a modelar una única lectura sobre el fenómeno del exilio mismo y el papel que va a desempeñar en los albores del proceso de transición hacia la democracia.  </p>
<p><strong>El exilio, «esa larga noche»</strong> </p>
<p>El proceso de transición política en España constituye el marco histórico en el que ha quedado inscrita una de las constantes de la condición de exiliado a la que no escapó el de la diáspora republicana de 1939, la del retorno. Las numerosas y crecientes aportaciones de la historiografía del exilio desde la última década del pasado siglo, han puesto de relieve la complejidad que encierra este fenómeno, la experiencia del ser exiliado, que concentra en la decisión del regreso o de la permanencia en el exilio una de las expresiones más claras de su carácter plural. El componente de individualidad propio de esta encrucijada no sólo viene a superponerse a lo que había sido el acontecimiento fundador de una tragedia colectiva, la salida forzosa de España, sino que crea un espacio de incertidumbres y escenarios imaginarios en torno a la vuelta, inherente a la vivencia del tiempo del exilio en primera persona.  </p>
<p>La muerte de Franco en noviembre de 1975 pone fin a un tiempo de espera y de resistencia, el que conllevaba el cumplimiento de una promesa que para muchos exiliados había condicionado su existencia en el país de acogida. La posibilidad de volver a pisar el suelo español reaviva el recuerdo del momento de la salida forzada del país al tiempo que remueve los fundamentos sobre los que fue construida la condición de exiliado a lo largo de trayectorias pautadas por el peso del pasado y la inapelable distancia de la que se nutre el desarraigo. </p>
<p>Si, cumplida la promesa, el camino del regreso se hacía factible, también esta posibilidad se convertía en fuente de nuevas angustias en la medida en que exigía un cuestionamiento de la situación política de España y del régimen instaurado tras la muerte del dictador como parámetro del que la valoración del exilio era tributaria. Asimismo permanecía vigente la condición reconocida jurídicamente en la figura del refugiado político que continuaba preservando su sentido en la prolongación de la lucha por la República. </p>
<p>Las claves para comprender la dificultad de poner fin a la vivencia del exilio se encuentran en la experiencia del retorno en la que el factor tiempo se entremezcla con un distanciamiento físico, geográfico, y con una conciencia política, lo que fue modelando cada uno de esos actos individuales que constituyen la realidad plural que caracteriza el regreso de los exiliados.  </p>
<p>El retorno de Claudio Sánchez Albornoz el 23 de abril de 1976 constituye uno de los hitos del proceso de transición que ha quedado cristalizado en una imagen, la de su llegada al aeropuerto de Barajas de Madrid bajo un benevolente cielo azul, en unas declaraciones en favor de la paz y la reconciliación entre los españoles, y en un encuentro con el rey Juan Carlos I que tuvo lugar en el palacio de la Zarzuela el 30 de junio del mismo año, la víspera de emprender el regreso a Buenos Aires. « Esa larga noche » (3) fue la expresión utilizada por el eminente historiador para calificar, una vez  realizado el viaje de retorno, la experiencia del exilio a la que ponía fin con la acogida y el reconocimiento otorgado por las instituciones españolas tras una ausencia que databa de 1937. Una experiencia dura y preñada de esperanzas y de desilusiones en el transcurso de la cual sobrevivir a Franco y volver entonces a España se convertiría en una especie de apuesta personal, según relata Reyna Pastor, una de sus más prestigiosas discípulas argentinas (4). Sin duda, esta valoración adolece de un fuerte componente subjetivo puesto que responde a una vivencia única tanto más intransferible cuanto que pensada, soñada, esperada, « todos los días de los cuarenta años que llevo en el exilio », como dejan entender estas palabras pronunciadas unos días antes de la fecha prevista para su regreso: « Cuando me enteré de la muerte de Franco, supuse que volvería pronto. Si por mí hubiera sido, hubiera partido en ese momento para España. Tengo tantas ganas de volver » (5).  </p>
<p>No obstante, el valor intelectual, social y político que adquiere este retorno cubierto por los medios de comunicación, le concede una dimensión que va más allá del estricto acto individual. La labor desarrollada durante décadas en el terreno de la investigación histórica, la responsabilidad de los diferentes cargos asumidos al servicio de la República y el talante personal de quien había asociado el exilio a la espera del regreso embebieron su retorno de un carácter simbólico y ejemplar que incidió en la conformación de una serie de principios sobre los que fue asentándose la sociedad del momento en ese recién iniciado camino hacia la democracia: la necesidad de preservar la paz, interiorizar la reconciliación y cerrar una etapa de la historia de España poniendo punto final a un conflicto fratricida. Recientes estudios profundizan en la complejidad de esa identidad del exilio al analizar la existencia de una continuidad cultural y la permanencia de contactos entre la intelectualidad vencida y fragmentada del exilio y la del interior (6); al acordar un carácter excluyente a la historia de la literatura a pesar de las estrategias de recuperación del régimen (7); o al explicar la presencia obsesiva de la idea del retorno entre los republicanos españoles (8). Identidad que es redefinida a medida que evoluciona el régimen franquista para quedar cristalizada en el proceso de transición durante el cual la condición del exilio retornado, reducida a un valor testimonial e inerme, ya encerraba en sí misma la garantía de una inocuidad política.  </p>
<p><strong>A la espera del retorno o cuando el historiador <em>a natura</em> se impone al <em>homo politicus</em> </strong></p>
<p>En 1975, a los 82 años de edad, Claudio Sánchez Albornoz publica en la editorial barcelonesa Planeta <em>Mi testamento histórico-político</em>, ensayo cuyo título refleja ese espacio de confluencia que el contacto entre historia y política puede crear a lo largo de una vida, y que adquirió tintes de zona de fricción en la experiencia del exiliado abulense. Desde las primeras páginas el autor siente la necesidad de justificar la utilización del término <em>político</em> en ese calificativo compuesto dado que será la condición de historiador la que constituya la piedra angular de su disposición testamentaria. A la par de un cierto oportunismo editorial, parece inevitable que en el horizonte de incertidumbre hacia el que dejaba apuntar un régimen abocado al fin biológico de su dictador, el lector acudiera a ese libro atraído por la dimensión política de las reflexiones de quien había desempeñado durante casi una década las máximas funciones del gobierno republicano en el exilio. </p>
<p>Sin embargo, ese ámbito de la política, al que Sánchez Albornoz confiesa haberse visto empujado de manera accidental y que había sido objeto en el pasado de una consagración tildada de fugaz, queda reducido con la perspectiva que le concede el tiempo a un interés por la vida pública que aparece exento de toda actuación y deslindado del terreno de la acción, como no deja de precisar: </p>
<p>“He sido y no he sido un <em>homo politicus</em>. Lo he sido y lo soy en cuanto he estado siempre atento a la vida pública de mi patria y aun del mundo; no en cuanto active participante en las encrucijadas de la actividad peculiar que solemos llamar política en el estricto sentido del vocablo. Ni siquiera lo fui cuando intervine durante un quinquenio en las andanzas de la República, ni lo he sido después en el destierro, aunque temporalmente haya tenido la responsabilidad de la dirección del exilio” (9).</p>
<p>Convencido de haber ejercido una actividad política de manera pasajera, explica su adhesión a partir de 1931 a Acción Republicana (AR), el partido de Manuel Azaña desde el que desempeñó cargos durante la Segunda República, por su oposición a las dictaduras de Primo de Rivera y de Berenguer, así como la aceptación de la presidencia del gobierno republicano en 1962 por la crisis institucional que se abrió tras la repentina muerte de Diego Martínez Barrio, quien había desempeñado la función de presidente interino de la República desde 1945, en su condición de presidente de las Cortes republicanas reunidas en México. En efecto, la aplicación de la legalidad constitucional hizo que el cargo vacante recayera en Luis Jiménez de Asúa quien pidió a Claudio Sánchez Albornoz, entonces en París impartiendo un curso en la Sorbona, que formara gobierno. Las claves de la aceptación de esta responsabilidad se encuentran en su convicción del cometido histórico de la República, en la confianza depositada en el talante de moderación de Luis Jiménez de Asúa y, acorde con su férreo antimarxismo, en la necesidad de bloquear el paso a la dirigente comunista Dolores Ibárruri, que desempeñaba la cuarta vicepresidencia de las Cortes estando la segunda y la tercera vacantes. </p>
<p>Por ello en su trayectoria política es necesario distinguir la intensa etapa de hombre público que se extendió a lo largo de la década de los 30 y en la que fue diputado de Avila durante las tres legislaturas republicanas, vicepresidente de las Cortes, ministro de Asuntos Exteriores y embajador de España en Lisboa, de los años en los que asumió la jefatura del Gobierno de la República en el exilio, ya desengañado de la política y consciente de que la tarea que iba a compartir con Jiménez de Asúa se limitaría a « mantener enhiesta la bandera de la República sin ninguna esperanza de lograr la restauración de ésta y, naturalmente, sin dos reales » (10). </p>
<p>El tiempo en el que asumió esta última responsabilidad política fueron años en los que primó la palabra sobre la acción. Entre el primer discurso pronunciado el 15 de marzo de 1962 y la presentación de su dimisión el 26 de febrero de 1971, la presidencia de Claudio Sánchez Albornoz postuló la reconciliación de los españoles en quienes se depositaba la confianza para alcanzar un régimen de paz y libertad que aparecía, en cada llamamiento, indisociable a la instauración de la República. Se trata de un discurso que se fue construyendo en las diferentes declaraciones y mensajes dirigidos al pueblo español al hilo de los principales acontecimientos que solicitaban la atención nacional e internacional: en el apoyo al texto de resolución presentado por Salvador de Madariaga al IV Congreso del Movimiento Europeo celebrado en Munich en junio de 1962 en el que se dieron cita algunos de los sectores de la oposición antifranquista; en la defensa de los movimientos de protesta de mediados de los sesenta, sobre todo de profesores y estudiantes universitarios tras la movilización de 1965 que se había saldado con la expulsión de sus cátedras de los profesores Tierno Galván, López Aranguren, Montero y García Calvo; y en las declaraciones del 25 de enero de 1969 en contra de la restauración de la monarquía, por considerarla un error histórico. En definitiva, eran ocasiones para manifestar la solidaridad con los grupos de oposición del interior y confirmar el rechazo desde las instituciones republicanas a la política franquista que se estaba articulando en torno a la Ley Orgánica del Estado de 1966. </p>
<p>En última instancia la respuesta desde el exilio a estos acontecimientos significaba un nuevo intento de afirmación de la soberanía del pueblo español y de llamamiento en favor de una tercera República que se quería liberal, democrática y social, pero que se sentía inalcanzable. Con el paso de los años, la capacidad performativa de este discurso cohabitó con una falta de eficacia de la práctica política como atestiguan los mermos resultados de unas acciones encaminadas a permitir el funcionamiento de las instituciones republicanas en el exilio, por un lado, y a conseguir la unidad del republicanismo, por otro, puesto que ambos objetivos se saldaron con un doble fracaso. En cuanto al primero, por los intentos fallidos de reunir el parlamento en el exilio cuyo último pleno databa de 1945; y en lo que respecta al segundo, por la incapacidad de superar el litigio que enfrentaba a Acción Republicana Democrática Española (ARDE), partido creado en 1959 que se consideraba como el continuador del republicanismo liberal en el destierro, con el grupo Izquierda Republicana (IR), cuyos miembros se encontraban en el origen de la creación del Ateneo Republicano Español en México en 1963, instrumento de acción política de los republicanos en la emigración. </p>
<p>Tras el fallecimiento del presidente Jiménez Asúa, Sánchez Albornoz renunció a su cargo y la formación de un nuevo gabinete gubernamental fue encomendada a Fernando Valera Aparicio por José Maldonado, quien asumía entonces la presidencia de las Cortes y de la República, inscribiendo su labor en la línea de la continuidad, esto es, en el mantenimiento desde el exilio de la legitimidad institucional republicana (11).  </p>
<p>Los límites de la actividad política realizada durante esta etapa explican tanto la ausencia de un análisis detallado de la misma en su <em>Testamento histórico-político</em> como que, a lo largo de este ensayo, sean numerosos los fragmentos en los que la balanza se inclina hacia la investigación histórica. Ésta es entendida como vocación que el acérrimo catolicismo de Sánchez Albornoz atribuye a la Providencia y como marco en el que queda inserta y al que es supeditada la labor política, cuya dedicación es valorada en términos de entrega y de servicio a España. Desde una visión impregnada de catolicismo, la vida pública es asimilada a una tentación mientras la profesión de historiador simboliza el buen camino que pauta, ritma y orienta lo que en sus propias palabras iba a ser la ruta de su vida en la que incluso el exilio, fuente de aislamiento, es aceptado en tanto que suerte de desdicha puesta al servicio del estudio histórico.  </p>
<p>“La senda que del cultivo erudito de la Historia, por encendido amor a España, por férvido deseo de aliviar sus dolores y de sacarla de su atraso, iba al cabo a llevar al historiador <em>a natura</em> que yo era a intervenir en la vida política. La Providencia [...] quiso, empero, apartarme de la peligrosa senda de la vida pública que sin duda hubiese frustrado a la larga mi generosa entrega a la Historia. Y para lograrlo, si primero puso en mi cuna mi doble vocación historiográfica, después me apartó <em>drásticamente</em> [...] de mi entrega a la vida pública hacia cuya integral consagración quizá habría a la postre sucumbido. Me apartó llevándome al exilio, prolongado éste casi cuatro décadas y facilitándome en medio de amarguras y dolores –tributo que requería de mi parte su ayuda generosa– recursos y situaciones que me han permitido consagrarme integralmente al estudio y a la investigación de la historia de España y a meditar sobre su enigma histórico, cara al enderezamiento de las rutas hispanas. Con lo que a la postre colaboraba, de singular manera, eso sí, a la vida política española” (12).  </p>
<p>Esta contribución a la comprensión de España y de los españoles por la vía de la investigación histórica es la que va a prevalecer en la prensa de la época a la hora de explicar las claves de su regreso a la tierra. La tercera parte de su ensayo introducida fehacientemente con el título « Frente al mañana » así como el epílogo del mismo constituyen la meditación del medievalista sobre el porvenir del país, en un intento de escapar del eterno pesimismo que le caracteriza, a partir de las lecciones que procura la historia y frente al temor a cometer los mismos errores que en el pasado. Ante la responsabilidad que los españoles tienen de cara al futuro, Sánchez Albornoz insta a evitar la improvisación, considerada rasgo temperamental y herencia del singular talante de la concepción del <em>homo hispanicus</em> que él mismo definiera a lo largo de su dilatada carrera, y centra las claves del período que se avecina, y que no confía en presenciar por su avanzada edad, en un sistema parlamentario propio de un Estado moderno y en la resolución de dos problemas, el religioso y el regional, tristes legados arrastrados en su opinión desde la Edad Media. </p>
<p>La apuesta por un parlamento en el que el poder ejecutivo pueda realizar su cometido sin abusos ni flaquezas, la defensa de la religión como vehículo hacia la fraternidad de los hombres y la viabilidad del federalismo como marco de armonización de la variedad y la unidad propias del territorio y en tanto que sistema capaz de evitar el despilfarro y garantizar la igualdad, conforman los ingredientes sobre los que elabora una tímida propuesta política tributaria de una serie de condiciones previas. Éstas consisten en la preparación de intelectuales y políticos, en el deseo de convivencia entre los españoles y en la necesaria superación del pasado, disposiciones que quedan amparadas tras su certeza del carácter inevitable del cambio en el tiempo histórico. Así, podemos leer: </p>
<p>“Importa prepararnos para evitar una nueva contienda fratricida. Debemos trabajar con fe y con éxito para que España sea madre y no madrastra de sus hijos, de todos sus hijos [...]. No podemos cerrar los ojos a las lecciones del ayer y obstinarnos en vivir una vida aislada y al margen. Y que nadie olvide lo inexorable de la mudanza de todo en la Historia. Urge que en las diversas facciones enfrentadas hoy en España surjan mentes claras capaces de echar el pasado por la borda de la nave hispana” (13).  </p>
<p>El hoy que será testigo del retorno de Sánchez Albornoz, aparece inscrito en una encrucijada de caminos, fuente de una confesada angustia por el futuro al tiempo que escenario último en el que prodigar el sentido histórico de un país integrante de la comunidad cultural y vital representada por Europa y Occidente. Sus postreras reflexiones dejan asomar el alma del que se definiera como demócrata, liberal, católico y socializante (14) y destilan su rechazo visceral tanto al fascismo como al comunismo, latente en su obra historiográfica e intacto tras años de exilio, polémicas y desencuentros. Serán precisamente estos valores los que permitan que la prensa presente una figura del intelectual exiliado acorde con los tiempos de la transición, esto es, convertido en símbolo de una libertad y democracia anheladas, y distante de esa España republicana cada vez más alejada de la lista de reivindicaciones de los sectores de la oposición antifranquista, ya reunida y configurada bajo el adjetivo federador de <em>democrática</em> el 26 de marzo de 1976.   </p>
<p>El diario <em>ABC</em> fue el primero en anunciar la decisión del historiador de regresar a España. Pocos días después de la muerte de Franco, el 6 de diciembre de 1975, el periódico daba cuenta de la primicia mediante el artículo titulado « Sánchez-Albornoz anuncia a ByN su viaje a España » en el que publicaba un extracto de la carta manuscrita que Claudio Sánchez Albornoz había dirigido desde Buenos Aires al director de la ilustrada revista y en la que los lectores podían leer: </p>
<p>“Yo soy republicano, pero puede nuestra Patria encontrar su camino en la Monarquía liberal a la inglesa. No será fácil lograrlo. Pero supongo que usted no desmayará en el camino y con usted muchos españoles inteligentes.  A mis años y enfermo nada puedo hacer útil. Dígame cómo puedo contribuir a forjar la nueva Patria.  Si mejoro y recupero mis fuerzas, allá por el buen tiempo haré un rápido viaje a España” (15).  </p>
<p>Los argumentos empleados por el historiador aparecen convincentes en las páginas del periódico que no duda en resaltar los méritos de quien se había negado a volver a España mientras estuviera el dictador en vida. El talante liberal parece convertirse en la clave capaz de hacer compatible, bajo el signo de la inteligencia, la condición de republicano con la confianza en una monarquía de corte británico. Si a ello se le añade la terminología patriótica compartida por el régimen, el carácter inofensivo asociado a la vejez y a la enfermedad, y el anuncio condicional de un viaje que se prevé corto, podemos comprender los elementos en los que reposa el éxito institucional y mediático de este regreso.  El periódico, desde sus firmes convicciones, se muestra favorable al retorno de quien es valorado como « gran historiador », « apasionado de España », « español insobornable », y al que le es loado su « alto españolismo » y una hidalguía que roza lo quijotesco, sentando así las bases de la construcción de un relato elogioso anclado en lo simbólico. Atrás quedaba la imagen fraguada durante el franquismo para denigrar la obra de los exiliados pues Sánchez Albornoz venía a contradecir las supuestas taras de esos antiespañoles que habían elegido permanecer en el exilio: ni había renegado a la patria, ni mantenía una visión idealizada de los años de la República ni expresaba un ápice ni de claudicación ni de resentimiento. </p>
<p>Tras unos meses de espera, en los primeros días de abril de 1976 el conjunto de la prensa se hace eco del anuncio de la fecha del viaje de regreso del historiador, previsto para el día 23 de abril. En <em>La Vanguardia</em>, si bien la discreta nota informa erróneamente desde el título de una estancia de un año, puesto que no permaneció más de dos meses, tiene el mérito de indicar los primeros detalles del programa previsto, visitas a Avila, Madrid y Oviedo, y sobre todo, revela la ausencia de significación política de las actividades programadas que se limitarán a una serie de conferencias de carácter histórico (16). El diario enmarca el regreso de los exiliados en un proceso que tiene como fin último la recuperación de la historia desde la veracidad y del que forman parte los viajes de personajes clave de la Guerra Civil como Diego Abad de Santillán o Rodolfo Llopis, junto a los anunciados del historiador medievalista y del intelectual liberal Salvador de Madariaga: « Es la hora de la historia como documento veraz, pasada por el crisol de las generaciones que han vivido más de la esperanza que del dolor. [...] Historia es igual a verdad. Esta es nuestra batalla: despropagandizar, desectarizar, destruir la falsedad donde esté » (17). </p>
<p>La historia de los primeros regresos, puesto que no todos fueron definitivos, había ya atravesado diferentes etapas pues a los tempranos retornos de los republicanos arrepentidos como el de Gregorio Marañón en 1942 se habían sucedido los de intelectuales como José Ortega y Gasset en 1948, Ramón Pérez de Ayala en 1954, José Bergamín en 1958, y ya en los últimos años del régimen, los de Max Aub en 1969 y Ramón J. Sender en 1974, que despertaron un gran interés entre los medios de comunicación (18). En el caso de Claudio Sánchez Albornoz, se trataba de un viaje de ida y vuelta, de un regreso temporal de dos meses que expresaba el deseo del historiador de ver España antes de morir para, seguidamente, retornar a Argentina, país que tras casi cuarenta años representaba más que un lugar de acogida, un auténtico lugar de vida, su « segunda patria ». Las declaraciones desde Buenos Aires que precedieron al viaje dieron el tono honorífico y de reconocimiento que marcará su estancia en tierras españolas.   </p>
<p><strong>Recuperar un símbolo de libertad: declaraciones y palabras para un regreso </strong></p>
<p>La disposición de las instituciones españolas ante el inminente regreso de Claudio Sánchez Albornoz comienza a ser perceptible el 8 de abril, día del acto homenaje que le fue rendido con motivo de su ochenta y tres cumpleaños en la capital argentina por la Institución Cultural Española y presidido por el embajador español Gregorio Marañón. Sólo el diario <em>ABC</em> cubre esta información a partir de las declaraciones del historiador, cuyos extractos servirán de titulares tanto para la edición nacional como para la de Andalucía: « Reconciliación entre los españoles, por encima de todo y cueste lo que cueste » y « Eliminemos nuestras rencillas después de una guerra fratricida », respectivamente (19).  </p>
<p>La prioridad del discurso está puesta en la necesidad de dar cierre a ese pasado bélico cuyo grado de hostilidad queda reducido a riña como sugiere el empleo del término « rencilla », y en el consecuente espíritu de reconciliación, circunscrito al ámbito del perdón cristiano, mientras omite el contexto político del momento, tanto los fallidos intentos aperturistas de Arias Navarro como las reivindicaciones proamnistía que en esas mismas fechas estaban protagonizando los sectores de la oposición institucionalizada y, por ende, democrática. La religiosidad prevalece tras un « Hay que perdonar antes de rezar el padrenuestro y pedir a Dios que nos perdone », mientras el patriotismo se impone a cualquier ideología como garantía para la superación de las diferencias del pasado. La presencia del embajador es interpretada por el homenajeado en este sentido como testimonio de fraternidad, prueba de paz y solidaridad, y olvido de diferencias ideológicas causantes de las separaciones de tiempos pasados. </p>
<p>“Reconciliación, reconciliación entre los españoles, por encima de todo, cueste lo que cueste. Acabemos de una vez y para siempre con la fratricida lucha entre las dos Españas. Este acto de hoy es un claro testimonio de esa reconciliación que anhelo con todas las venas de mi ser. Aquí hay hombres de todas las tendencias políticas. Republicanos –como yo–, monárquicos, liberales, no liberales. Pero se sienten españoles, hermanos entre sí [...] cada uno con su sentir y pensar, pero todos como imbuidos del amor a España, anhelantes de su paz, de su paz, de su paz” (20).</p>
<p>En las declaraciones de los días que preceden al viaje, Claudio Sánchez Albornoz insiste en transmitir una historia en la que la finalidad moral aparece indisociable de la búsqueda de la verdad por lo que sigue nutriendo el mito del carácter violento del pueblo español. Se desmarca de aquéllos que tomaron las armas al afirmar tener las manos y la conciencia limpia, y pone de relieve el empeño puesto, en el pasado y en el presente, en predicar la paz y ello pese al fracaso de las gestiones que en su día llevara a cabo encaminadas a evitar la Guerra Civil como la petición al embajador de Argentina de enviar tropas hispanoamericanas. Hace de su salida de España un acto de conciencia al distanciarse de los dos bandos enfrentados en la contienda reafirmando su incapacidad de sumarse a ninguno de ellos, al franquista « porque iba en contra de todo lo que yo había escrito siempre, amado, sentido, y al otro tampoco porque ya los republicanos no pintábamos nada; eran los socialistas, los comunistas, los anarquistas los que se hicieron con el poder » (21). La experiencia del pasado queda así inscrita en esa lectura de la historia en clave moral que hace de la continuidad en las ideas y el respeto de las convicciones los requisitos sobre los que reposa su propia coherencia que se quiere diacrónica y acorde con principios morales.  </p>
<p>A falta de comentarios directos sobre la situación política del momento, <em>ABC</em> reitera el recurso consistente en extraer de las declaraciones que el historiador acuerda a los medios de comunicación mensajes con una resonancia particular que se convierten en titulares o incluso en la frase destacada de la sección <em>La Semana Política</em>, destacando así las motivaciones patrióticas que mejor servían al presente. Es el caso de la nada banal « con el comunismo no hay democracia posible » (22), que supone un claro rechazo de las tesis postuladas por el PCE, que también hacían de la reconciliación la clave del proceso de transición ; o de la explícita « Albornoz: ni comunismo ni ‘bunker’» (23) donde se transcriben declaraciones del historiador en las que no duda en equiparar a comunistas y franquistas entre los sectores políticos contrarios a un sistema parlamentario, y en mostrar los peligros que implicaba el liderazgo del PCE en el bloque de oposición, lo que adquiere un significado especial en el contexto de crisis gubernamental que atravesaba la presidencia de Arias Navarro y que el periódico se encargaba de negar. Manteniendo siempre las distancias con respecto a la política desplegada por la Junta democrática desde su creación en julio de 1974, Claudio Sánchez Albornoz anticipa la percepción que desde España pueda hacerse de su propia trayectoria e insiste en su talante liberal que no duda en reivindicar, más allá de su condición de exiliado republicano. A la pregunta que exigía un posicionamiento en el seno del republicanismo en el espectro de las izquierdas o del conservadurismo, contesta  desde el relativismo: </p>
<p>“Se es reaccionario siempre para alguien y se es rojo siempre para alguien. Yo creo que soy un republicano liberal [...] Ahora el ser liberal me parece que también es ser reaccionario. ¡Qué cosa mejor que vivir libremente !, entenderse, gobernarse mediante el voto, que gobiernen los que el pueblo quiera, que se haga con respeto al adversario, de modo que para algunos seré un reaccionario y para otros un rojo; creo que de rojo yo no tengo nada; he sido y moriré siendo liberal, hombre de diálogo, de concordia, comprensivo, amante de la justicia por sobre todas las cosas” (24).  </p>
<p>Definiciones y adjetivos identitarios de los que se va despojando conforme se acerca el día del regreso hasta que, la víspera de iniciar el viaje, en el transcurso del almuerzo ofrecido por el embajador español Gregorio Marañón en su sede oficial, es un español sin calificativos ideológicos el que vuelve a su país desprendido de todo discurso partidario y defensor de una moral que hace del hermanamiento el único mensaje que le acompañará y defenderá con afán a lo largo de su estancia: « Voy a España, a nuestra España. Sé que algunos van a tacharme de rojo, de réprobo. No me importa. Yo sé lo que soy: un español de buena voluntad que sólo quiere para sus hermanos lo que repito y repetiré mil veces reconciliación, concordia, paz » (25). Sobre ese sentimiento de fraternidad y de pertenencia a un país común está tejiendo un discurso de cohesión social que rechaza todo tipo de violencia y con el que se protege de las posibles acusaciones que pudieran emanar tanto de aquéllos que seguían viviendo la realidad trágica del exilio como de quienes compartían un imaginario colectivo en el que la República quedaba reducida a la actuación de los rojos. Desmarcarse de ambas críticas suponía exorcizar el horror de la guerra. Las palabras de conclusión del autor del artículo contribuyen a esta valoración del que fuera presidente del gobierno republicano, designándolo por sobre todo como « un gran español » (26).                                                              </p>
<p>El alcance de estas declaraciones favorables a la libertad y de invocación a la convivencia de los españoles, es amplificado en la prensa por los efectos del regreso de Salvador de Madariaga, cuya presencia en Madrid posibilitaba la lectura de su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, tras una espera de cuarenta años puesto que había sido elegido miembro académico el 20 de mayo de 1936. Ambos se convierten en personajes de referencia, « fervientes demócratas y liberales », cuyas palabras « deben ser oídas y atendidas por todos » (27), por su calidad de hombres independientes, de gran cultura y autoridad moral y, por su larga experiencia de vida, exentos de apasionamiento y sectarismo. Los artículos de opinión de la pluma de un José María Ruiz Gallardón o un Emilio Romero apuntalan el valor de las declaraciones de ambos exiliados y no escatiman en enaltecer la figura del historiador para denigrar la política pactista por la que estaba optando la oposición al gobierno y que reunía a democristianos, socialistas y comunistas. El primero, publicando un 14 de abril una nota en la que partía del peligro comunista puesto en boca de los ilustres exiliados retornados para terminar argumentando sobre la  incompatibilidad de esta ideología con un régimen de libertades. El segundo, escribiendo un editorial en el que reflexionaba sobre la política del primer gobierno de la monarquía, promoviendo la vía del reformismo que pasaba por la necesidad de pactar con las fuerzas del franquismo. Y para ello, hace suyo un consejo de Sánchez Albornoz, « que no seamos locos », a quien le atribuye el mejor conocimiento de la historia del país, pero también olfato de historiador y de político (28). Por su parte, el escritor y columnista de <em>La Vanguardia</em>, Manuel Pombo Angulo resaltaba el valor ejemplar y el eco social de las declaraciones de ambos retornados, considerados « dos veteranos de la libertad, la ideología y el exilio, [que] daban una lección de prudencia y patriotismo » por el carácter moderado de su discurso y el tesón en evitar que los errores del pasado fueran reproducidos (29).  </p>
<p>El día 23 de abril el vuelo 992 de Iberia procedente de Buenos Aires en el que viajaba Claudio Sánchez Albornoz acompañado por su hijo Nicolás y sus nietos, aterrizaba en el aeropuerto de Barajas de Madrid. La imagen fue recogida por las cámaras de la TVE y sus primeras palabras difundidas en el conjunto de los medios de comunicación. <em>ABC</em> concede a esta información el editorial en portada de los días 23 y 24 a través de la pluma de los periodistas Luis Calvo, director del diario en los años cincuenta y del que fuera en la misma época corresponsal de <em>ABC</em> en París, Pedro Rocamora, así como una página gráfica con las fotos del regreso y las declaraciones en las secciones <em>Vida nacional</em> y <em>Vida cultural</em>, respectivamente. Por su parte, <em>La Vanguardia</em> tras anunciar el acontecimiento con un artículo en la portada del día 23, lo ilustra con una única imagen en portada y una página al completo, al día siguiente. La información relativa a los detalles de un recibimiento envuelto en la emoción de la que testimonian los numerosos abrazos y aplausos, es compartida por ambos periódicos y, como era de esperar, tras haber pisado suelo español, las primeras declaraciones de quien se reivindica un viejo de ochenta y tres años que predica el entendimiento entre los españoles son retranscritas integralmente en las páginas de ambos diarios. Aquí nos limitaremos a resaltar el extracto que nos parece más relevante por la difusión que le fue acordada: </p>
<p>“Dije que vendría llorando y llorando estoy. No tengo más que una palabra: Paz. Nos hemos matado ya demasiado. Entendámonos en un régimen de libertad poniendo todo de nuestra parte lo que sea necesario de un lado y otro de la barricada. Son muchos cuarenta años. No hay históricamente nada que resista el tiempo. Todo es caduco y perecedero. [...] Hay que hacer una España nueva entre todos los españoles. Yo no soy más que un viejo predicador de paz y de reconciliación entre los españoles. [...] Tendamos de una vez por todas la mano al adversario de ayer para discutir, dialogar en unas cortes nuevas la suerte de España” (30).  </p>
<p>Sin embargo, mientras el diario monárquico detalla el regreso del Sánchez Albornoz historiador, el barcelonés se refiere también desde la entradilla de los artículos al político republicano. Para <em>ABC</em>, en palabras de Luis Calvo, las condiciones infrangibles del retrato del abulense son patriotismo y catolicismo netos, a las que le sigue su talante liberal. El homenaje que acompaña al recibimiento es al maestro indiscutido merecedor de los honores de la Academia de la Historia, a quien fuera el continuador de la obra del catedrático Eduardo Hinojosa y cuya ingente obra de investigación le había convertido en «personalidad gigante en el mundo de la Historia y de las Letras» (31). Su presencia en el país es interpretada como el cierre de una brecha histórica y sus declaraciones como la renuncia a una España republicana en favor de la construcción de una nueva España, resultado del entendimiento entre los españoles. Es Pedro Rocamora quien convierte al historiador que ha enseñado el amor a la Patria en la personificación de la reconciliación y hace de su prédica por la libertad y la paz el « lema aúreo para esta nueva era política que se abre hacia el porvenir español » pues considera la instauración de ambos conceptos en la conciencia nacional como la clave de una Monarquía europea (32).  <em>La Vanguardia</em>, al publicar un resumen de las declaraciones concedidas por Sánchez Albornoz a la periodista Carmen Sarmiento –y que fueron objeto de un libro que ve la luz coincidiendo con el retorno del exiliado– aporta un testimonio más vital. En él incluye la dimensión política del historiador, su experiencia en el gobierno republicano y el tiempo del exilio marcado por la pasión de la historia de la que se deriva ese refugio en la investigación que en su aseveración « trabajé tanto para olvidar&#8230; para no tener tiempo de pensar » alcanza tintes de antídoto al trauma de la guerra (33). El diario también recoge las repercusiones de este retorno entre los círculos del republicanismo, tantos años sumido en la tensión entre el interior y el exilio, al hacerse eco de la presencia de un nutrido grupo de republicanos y socialistas históricos en el aeropuerto de Barajas. La única representación política procedía de los miembros del comité ejecutivo de Acción Republicana Demócrata Española (ARDE), partido creado en el exilio resultante de la fusión entre Izquierda Republicana y Acción Republicana, del que el propio Sánchez Albornoz había sido fundador y desempeñado las funciones de presidente desde julio de 1963. Allí estaban su entonces presidente Régulo Martínez, ex-presidente de Izquierda Republicana, Andrés Márquez, secretario de relaciones y Julián Calvo, quienes a la emoción y efusividad del encuentro largamente esperado, expresaban la satisfacción de poder manifestar su pertenencia ideológica bajo un régimen al que habían combatido, lo que hacía de ese 23 de abril un « gran día para todos los republicanos » y una ocasión de reivindicar el sempiterno valor de libertad que siempre habían defendido: </p>
<p>“La visita de Claudio Sánchez Albornoz nos ha llenado de alegría, porque indica que las cosas van entrando por el cauce de la normalidad y de la convivencia. Si no se puede ser republicano en España sin rebozo, no se puede hablar de libertad ni de Estado de Derecho. Durante la República, los monárquicos conservaron todos sus derechos; por lo tanto en la monarquía también los republicanos deben conservarlos” (34).  </p>
<p>Asímismo, los exiliados residentes en México estaban representados en la figura de Luis Ruiz-Dane, quien había hecho expresamente el viaje desde la capital mexicana para saludar al que siendo presidente del gobierno republicano en el exilio había arbitrado por una conciliación en el litigio que en los años sesenta había enfrentado a los representantes de ARDE con el Ateneo Republicano Español de México –constituido por los miembros de IR– a propósito de la acción política que debía desarrollarse en el interior. Doble representación en el espacio impersonal de un aeropuerto que sólo puede ser interpretada como una reminiscencia inocua de la nunca conseguida unidad del republicanismo español.  </p>
<p><strong>El historiador al honor: el programa científico de una estancia </strong> </p>
<p>Durante los dos meses de estancia en España, Claudio Sánchez Albornoz formó parte de la actualidad ocupando un espacio periodístico nada desdeñable. Apenas recién llegado y aunque no formara parte del programa previsto, la coincidencia le hizo convertirse en actualidad por su participación en dos actos relevantes. Primero, al presidir el 30 de abril una sesión de la Real Academia de la Historia por ser el académico más antiguo y quedar la dirección vacante tras el fallecimiento de Jesús Pabón y Suárez de Urbina, acontecido en esos días y que dio lugar a un homenaje póstumo. Y poco después, al poder asistir el 2 de mayo al discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua del también recién retornado Salvador de Madariaga, titulado « De la belleza en la ciencia », y que fue pronunciado con motivo de la toma de posesión de su sillón tras cuarenta años de espera.  </p>
<p>El programa de actividades se desarrolló a lo largo del mes de mayo y le llevó de Madrid a su Avila natal, a Oviedo desde donde había previsto desplazarse a la mítica Covadonga, y a Valladolid. Los actos que protagonizó así como los desplazamientos realizados respondían a un mismo motivo, los sucesivos homenajes que le fueron rendidos por instituciones universitarias y municipales por su calidad de académico e historiador. Respetando un criterio cronológico, podemos enumerar los siguientes: la bienvenida oficial procurada por el ayuntamiento de Avila en sesión extraordinaria el 4 de mayo por la que se le otorgó el título de hijo adoptivo de la ciudad; el homenaje que el 8 del mismo mes la Universidad Complutense de Madrid rendía al que había sido su rector entre 1932 y 1934; la ceremonia de investidura como doctor <em>honoris causa</em> por la Universidad de Oviedo el 21 de mayo; el recibimiento del título de miembro de honor del Instituto de Estudios Asturianos el día 24; el homenaje  tributado el 26 del mismo mes por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid, creada por Sánchez Albornoz siendo rector; el caluroso recibimiento en la Universidad de Valladolid en la que pronunció una conferencia titulada « Lo que a España debe el mundo »; la presentación el 31 de mayo de la edición inglesa de <em>España, un enigma histórico</em>, por Pedro Sáinz Rodríguez, presidente de la Fundación Universitaria Española que fue seguida de una conferencia de Sánchez Albornoz sobre « El porqué de España, un enigma histórico »; y el almuerzo en su honor ofrecido por Alfonso de Borbón, presidente del Instituto de Cultura Hispánica, el 28 de junio.  </p>
<p>Para Claudio Sánchez Albornoz cada uno de estos eventos fue la ocasión de reiterar el mismo discurso, de predicar la paz, de explicar sus teorías históricas destacando la deuda que Europa había contraido con España a lo largo de la historia y de proclamar machaconamente sus convicciones religiosas. Mientras, los organizadores reiteraban su vocación histórica y cargaban más o menos las tintas en las cualidades sobre las que había reposado el unánime recibimiento del exiliado: el amor entrañable a España, su capacidad de perdonar, su talante conciliador, su profundo catolicismo o su defensa del liberalismo. En ningún momento, las actividades políticas de su pasado republicano hacían inclusión en los discursos de reconocimiento cargados de elogios y la única referencia al período de la Guerra Civil, si la había, permitía retomar la interpretación de las dos Españas con objeto de superarlas. Desde el deseo, el historiador declamaba: « Las dos Españas enfrentadas en el siglo XIX, y no antes, son las de ayer y hoy, pero pido a Dios que no sean las de mañana », al tiempo que las palabras de reconciliación incluidas en su <em>Testamento histórico-político</em> se convertían en objeto de escultura. Palabras que se querían proyecto y que quedaron talladas en la piedra de una de las placas ofrecidas al homenajeado como recuerdo imborrable de su regreso al país: « ¿Dos Españas fraternas y enemigas ? Quizás podamos transmutar la bipolarización de las dos Españas en una pluralidad, si no fraterna, de posible convivencia. En una lógica pluralidad de opiniones, de anhelos, de proyectos, de esperanzas » (35).   </p>
<p>Las interpretaciones ante el futuro que deja traslucir entre los diversos actos están basadas en su concepción del sincronismo que había caracterizado la experiencia de las tres revoluciones en el caso español, la política, la religiosa y la social, y que condicionaba las relaciones con Europa. En lo que respecta a la organización territorial del Estado, el recién nacido periódico <em>El País</em> es el único que se hace eco de las ideas del historiador, partidario de un federalismo que permitiera una igualdad de derechos en cada una de las regiones y que había dado su apoyo a la Alianza Regional de Castilla y León, a cuyo acto de presentación tuvo la ocasión de asistir para recalcar su visión sobre el papel histórico desempeñado por Castilla y loar su heroicidad (36).   </p>
<p>Los medios de comunicación y en concreto la prensa más conservadora también contribuyeron a hacer del denominado « reingreso a la Patria » y, sobre todo, de la figura de Claudio Sánchez Albornoz un tema de actualidad, rindiendo una vez más homenajes por su calidad de historiador. El grupo de periodistas de « La Tertulia » presidido por el colaborador de <em>El Alcázar</em>, Millán Clemente de Diego, acordó conceder al académico la <em>F</em> de oro de famoso, galardón que más allá del reconocimiento de una fama resultaba de una encarnación de « la auténtica Historia de España » (37) a la que se quería elogiar. La <em>F</em> le fue impuesta por Carlos Sentís, director general de Coordinación Informativa en nombre del Ministerio de Información y Turismo, el 7 de mayo, en el transcurso de un acto proclive al juego semántico pues tras la <em>F</em> en cuestión se fueron atribuyendo una serie de cualidades al homenajeado como fidelidad de principios, fecundidad, pero también fenomenal y formidable, mientras éste recordaba haber cumplido con su deber y servido a la gloria de España en los años de destierro (38). </p>
<p>Por su parte, el Consejo de Dirección del diario <em>ABC</em>, eligió al historiador « Figura del mes » por lo que organizó un almuerzo-homenaje el 17 de junio. Presidido por Torcuato Luca de Tena, presidente de la Junta de Fundadores de Prensa Española, el acto se convirtió en un intercambio de encomios y  agradecimientos. Tras hacer un recorrido por su obra investigadora y ser calificado de erudito universal, « sin duda el más glorioso en el campo de la historiografía hispánica », Sánchez Albornoz pronunciaba un enésimo discurso en favor de la reconciliación y la paz en el que además ponía de relieve lo que compartía con el periódico que había decidido rendirle tal homenaje: </p>
<p>“El <em>ABC</em> y yo diferimos un poco en la concepción de la magistratura suprema del Estado, pero nos unen muchas cosas. Nos une, en primer término, este amor a España, que ustedes han demostrado siempre y que yo creo que también he demostrado. [...] Nos une además una concepción liberal de la vida. [...] Es imposible mantener el ayer. Hagamos un mañana. Y eso nos une, me une a ustedes, porque ustedes están en esa misma línea, con las pequeñas o grandes diferencias políticas que puedan separarnos” (39).  </p>
<p>El reconocimiento de este sector de la prensa y el agradecimiento del que hace prueba el homenajeado, contrastan con el único acto fallido de la estancia de Sánchez Albornoz en España, relacionado con el republicanismo y más precisamente con sus vínculos con el partido político Acción Republicana. Desde su llegada a Barajas, antiguos miembros de AR habían manifestado su deseo de tributar un homenaje al que había sido presidente del partido en el exilio durante diez años y continuaba siéndolo de manera honoraria. <em>ABC</em> fue el diario en anunciar la celebración de tal homenaje en forma de cena prevista para el 18 de mayo « en virtud de encarnar el mejor símbolo de reconciliación nacional » (40). Ahora bien, a la hora de desplegar la noticia se publicó la información facilitada por CIFRA, el servicio informativo nacional de la agencia de prensa EFE, fuente utilizada asimismo por <em>La Vanguardia</em> por lo que sendos periódicos cubrieron el evento de forma similar, esto es, asociándolo a la otra cena organizada para ese mismo día en homenaje al también profesor Enrique Tierno Galván, líder del Partido Socialista Popular. </p>
<p>En escuetos titulares de los que se desprendían apenas unas líneas quedaban así reunidos dos nombres propios, símbolos de recorridos científicos indisociables del compromiso político y representación de dos visiones de la oposición, la heredera de la lucha del exilio y la resultante de la institucionalización de los organismos unitarios en la creación de Coordinación Democrática. Homenajes a vidas dedicadas a defender las libertades democráticas y a personalidades artífices de prácticas encaminadas a conseguir la unidad del republicanismo para el catedrático medievalista, del socialismo en el caso del catedrático de derecho político (41). Sólo <em>La Vanguardia</em> se hacía eco de las amenazas telefónicas recibidas en la librería Antonio Machado encargada de vender las invitaciones para asistir al homenaje, por parte de « un individuo no identificado que calificó al historiador de ‘rojo y republicano’ ». Al día siguiente, la prensa informaba de la suspensión del homenaje por desautorización gubernativa de los contenidos políticos del acto expresados en intervenciones, discursos y difusión de propaganda impresa, y señalaba que la decisión de suspender la cena procedía de los propios organizadores que habían preferido aplazarla a la espera de la supresión de la claúsula que desde el gobierno imponía tales condiciones (42). El diario <em>El País</em> informaba que el restaurante Angulo en el que debía desarrollarse el acto había recibido llamadas amenazadoras al parecer de la extrema derecha y que el propio Claudio Sánchez Albornoz había sido víctima de dos amenazas de muerte. Las declaraciones de éste en una conferencia de prensa ponían de relieve su rechazo a asistir a un « banquete de mudos » y se convertían en una ocasión para reafirmar su condición de republicano, pero también su defensa del liberalismo que le llevaría de nuevo a posicionarse políticamente utilizando las claves del pasado así como su rechazo radical al extremismo que encerraría de manera implícita una predisposición a la violencia. Se trataba de una nueva llamada a la moderación de los españoles como única vía de evitar tanto la dictadura como la revolución, los dos amenazantes espectros del pasado. </p>
<p>“Continuaré siendo republicano hasta que me muera. He sido y soy el mismo de siempre [...] ¿Qué quieren que vayamos al banquete a rezar el rosario ? Esto es una injusticia  de los que nos gobiernan. No hubiéramos dicho nada que hubiera encendido el país. ¿No merecíamos un poco de respeto ? Somos hombres de paz que queremos cambiar a España. Soy un demócrata, liberal, católico y socializante. Yo no he sido nunca un rojo. Soy un liberal, como Azaña” (43).  </p>
<p>Ese sentimiento de injusticia lo encontramos igualmente en las declaraciones realizadas al periódico <em>El País</em> por parte de uno de los organizadores del acto, el también exiliado Francisco Giral, recién llegado de México para la ocasión. El científico lamentaba tal decisión tras el interés que el acto había despertado, como demostraban las más de quinientas invitaciones vendidas y las adhesiones recibidas de México, Francia y Estados Unidos, al tiempo que expresaba un sentimiento de extrañeza e incomprensión ante tal medida gubernativa pues, por un lado, rechazaba cualquier carácter subversivo que pudiera asociarse a la iniciativa, para definirse como « gente pacífica, no queremos violencia ni extremismos, sino la dialéctica de la razón »; y por otro, porque no lejos del restaurante elegido se había podido realizar el homenaje al profesor Tierno Galván que sí había sido autorizado. Horas después, desde Oviedo, Sánchez Albornoz calificaba la prohibición de « campanada de la policía » e insistía en que el contenido del acto se reducía a hablar de « cosas de paz » (44). Parece que esta insistencia en la inocuidad de los viejos sectores del republicanismo no resultaba convincente a los ojos de las fuerzas de seguridad del Estado. Pese a su escasa influencia entre los organismos unitarios de oposición, ARDE seguía representando la defensa del régimen republicano por lo que la lectura de su participación en la vida política quedaba asociada a una amenaza hacia la monarquía. Meses más tarde, la solicitud de legalización presentada por ARDE fue rechazada por lo que no pudo tomar parte en la campaña electoral de los comicios del 15 de junio de 1977, para ser finalmente aprobada en agosto del mismo año.  </p>
<p><strong>El final de un retorno anunciado</strong> </p>
<p>En vísperas de su retorno a Buenos Aires, el intenso programa de actividades desarrollado por Claudio Sánchez Albornoz durante los dos últimos meses se cerró con una intrigante cita con la monarquía el 30 de junio, día del recibimiento del Rey en el Palacio de la Zarzuela. La prensa puso de relieve el carácter secreto del encuentro y se limitó a señalar la presencia en el mismo de la Reina Sofía y del ministro de Educación, Carlos Robles Piquer, así como a comunicar las impresiones del historiador, optimistas en cuanto a un porvenir favorable a la evolución democrática de España. Sólo fueron filtrados algunos comentarios anecdóticos sobre la audiencia y ello pese a que el interés periodístico de dicho encuentro fue reavivado cuarenta y ochos horas después de su salida hacia Argentina, al coincidir con la crisis gubernamental provocada por la dimisión de Arias Navarro que dio paso al primer gobierno de Adolfo Suárez. Pura coincidencia o no, en las declaraciones realizadas ya una vez de regreso en Buenos Aires, el historiador apuntaba la dificultad de pasar de una « dictadura férrea a un sistema democrático », la necesidad de « desarrollar una labor lenta, paulatina y meditada minuciosamente » y de « obrar con decisión y sin muchos titubeos », si bien mantuvo la incógnita sobre el contenido de esa conversación con el monarca de la que no desveló nada más que que había versado « sobre lo divino y lo humano » (45).                                                            </p>
<p>El episodio volvió a ser actualidad dos años después, en 1979, con motivo de la publicación en España de un nuevo libro de Claudio Sánchez Albornoz. Se trataba de un compendio de reflexiones reunidas bajo el título <em>Confidencias</em>, en el prólogo del cual se podían leer unas líneas a modo de justificación a posteriori de la aceptación de aquel encuentro con el Rey:  </p>
<p>“Es notorio a muchos que fui requerido para ir a la Zarzuela. Azcárate había visitado a don Alfonso XIII en el Palacio Real sin dejar de ser republicano; bien podía yo acudir a conversar con su nieto sin dejar de serlo. Y había que alentar al nuevo rey a avanzar por el camino de la democracia. Esa fue la realidad” (46). </p>
<p>Tales declaraciones suscitaban la admiración de quien prologaba el libro, el contemporaneísta Carlos Serrano Seco, quien resumía a la perfección el valor del regreso del exiliado como encarnación de la idea democrática y garantía de que los tiempos de la dictadura formaban parte definitivamente del pasado. Soplaban vientos favorables para una lectura del proceso de transición en clave de concordia, compartidos por el autor que había sido el encargado de poner el broche de oro a la acogida periodística del retorno de Sánchez Albornoz. Con un « ¡Gracias, Don Claudio&#8230; y hasta pronto », había firmado un elogioso balance en las páginas de <em>ABC</em> donde se enaltecía el espíritu liberal del exiliado y se le agradecía su presencia en España considerada como el mejor regalo de la primavera política, así como el carácter oportuno y saludable de su testimonio (47). </p>
<p>El recuerdo que Claudio Sánchez Albornoz quiere dejar al regresar a Argentina coincide con el autorretrato que había acompañado el anuncio manuscrito de su retorno enviado a la prensa tras treinta y siete años de exilio, y que queda resumido en la siguiente frase pronunciada durante su estancia: « Ustedes recordarán algún día a este viejecito que les estuvo hablando de libertad durante un buen rato » (48). Dirimida la dimensión de su experiencia política en favor de lo que él mismo valoró como la esencia de su existencia, esto es, su condición de historiador, protagonizó el retorno de un hombre anciano y apartado de la vida pública.  </p>
<p>Su calidad de historiador se superpuso al valor testimonial que encerraba su discurso, dotándole de una credibilidad que en la pluma de la prensa conservadora apareció como incuestionable en el contexto de un proceso político de transición en el que la historia podía convertirse en arma de combate. Las declaraciones del exiliado y los comentarios a los que dieron lugar en los diarios de mayor difusión de la época contribuyeron a neutralizar este uso mediante la creación de un tejido discursivo de cohesión social y de una cultura política fundada sobre el principio de la reconciliación nacional. Los valores de paz, fraternidad y libertad adquirían la propiedad de antídoto capaz de evitar todo enfrentamiento político, mientras el patriotismo se suplantaba a toda realidad de desigualdad social, actuando como revulsivo de una temida lucha de clases. Su calidad de español, para <em>ABC</em> y de liberal para <em>La Vanguardia Española</em>, predominaron en unos relatos en los que la experiencia republicana era reducida a la esfera del pasado y como tal carecía de viabilidad para la construcción del futuro inmediato del país. </p>
<p>Las consecuencias de esta cobertura mediática no fueron nada desdeñables pues consiguió desvirtuar las categorías conceptuales y las exigencias políticas del exilio retornado, reduciendo su compleja diversidad al valor testimonial de determinadas personalidades. El retorno quedó cristalizado en una imagen en la que la vejez era asociada a la sabiduría y a la moderación, al tiempo que personificaba en la figura de Sánchez Albornoz una época y una estrategia de resistencia ya pasada e inoperante, encarnación del fracaso de los intentos por alcanzar la unidad del republicanismo. Asentando el retorno del historiador en un discurso que suponía la reapropiación del concepto de reconciliación y la enarbolación del proyecto democrático como valor antinómico de la dictadura, la prensa no sólo se hacía eco de un acontecimiento de gran fuerza emocional sino que ilustraba su capacidad de utilizar el soporte testimonial en aras de un proceso de transición acorde a los intereses ideológicos de las diferentes cabeceras.  </p>
<p>El despliegue mediático realizado por la prensa más conservadora ahondaba en la fractura que separaba la actividad opositora del antifranquismo del interior de la lucha mantenida desde la tragedia del exilio, lo que encerraba asímismo el reflejo de un desencuentro generacional. La plasticidad del término <em>reconciliación</em>, propuesto por unos, defendido por otros y rechazado por unos pocos, dio muestras de su eficacia, al ser capaz de ocupar masivamente el espacio de la opinión envuelto en connotaciones positivas (49). Tal ocupación, en detrimento de la pervivencia de espacios de reflexión, contribuyó a desactivar todo proyecto de transformación social que planteara la necesidad de considerar la validez del régimen político vigente y concibiera el pasado como terreno de análisis sujeto a debate.  </p>
<p>Ya en la década de los ochenta, el propio discurso de Claudio Sánchez Albornoz en favor de la reconciliación fue equilibrando las dosis dedicadas al olvido con aquéllas que debían desarrollar un ejercicio de la memoria pues afirmaba: « frente a la noble recomendación de olvidar, conviene recordar lo que jamás debiera repetirse para que las nuevas generaciones busquen el mañana que deseen, pero por sendas de paz y de convivencia » (50). Poco después de estas declaraciones, en julio de 1983, regresaba definitivamente a España, un país que estrenaba democracia, para fallecer en Ávila el 8 de julio de 1984.</p>
<p>Contribución a la Journée d’études <em>Figures emblématiques de l’imaginaire politique espagnol à l’époque moderne et contemporaine</em>, Université de Bourgogne, 13 Avril 2012, en prensa</p>
<p>Notas:</p>
<p>1.  Aunque los primeros pasos de la polémica remontan a los años treinta, ésta cristalizará en el exilio con la publicación de la obra de Claudio Sánchez Albornoz <em>España, un enigma histórico</em> en México en 1957 como respuesta a <em>La realidad histórica de España</em> de Américo Castro, aparecida también en México en 1954 tras una primera versión del trabajo publicada en Buenos Aires en 1948 bajo el título <em>España en su historia</em>. Los detalles de lo que se convirtió en un enfrentamiento personal en José Luis Abellán, « La polémica de Sánchez Albornoz con Américo Castro » in VV.AA, <em>Sánchez Albornoz a debate. Homenaje de la Universidad de Valladolid con motivo de su centenario</em>, Universidad de Valladolid, 1993, p.45-52.</p>
<p>2.  Juan Francisco Fuentes y Javier Fernández Sebastián, <em>Historia del periodismo español</em>, Madrid, Ed. Síntesis, 1998, p.322-325. José Javier Sánchez Aranda y Carlos Barrera, <em>Historia del periodismo español. Desde sus orígenes hasta 1975</em>, Pamplona, Ed. Eunsa, 1992. Francisco Javier Davara Torrego, « Los periódicos españoles en el tardofranquismo. Consecuencias de la nueva ley de prensa » Revista <em>Comunicación y Hombre</em>, n°1, 2005, p.131-147. Este autor incluye en su trabajo unas tablas basadas en los datos de la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD) que recogen los datos en miles de ejemplares diarios vendidos de los periódicos nacionales entre 1960 y 1975. Así la tirada de <em>ABC</em> pasa de 169 000 en 1960 a 194 000 en 1965, para ascender a 204 000 en 1970 e iniciar el camino del descenso en 1975 con 187 000. Por su parte, la evolución de la tirada de <em>La Vanguardia</em> confirma su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos con un aumento sostenido de sus ventas que pasan de 163 000 ejemplares en 1960 a 204 000 en 1965, 221 000 en 1970 y 223 000 en 1975. p.144.</p>
<p>3.  « El exilio ha sido muy duro, pero realmente estos 70 días vividos en mi país, llenos de cariño y emoción por todas partes, me han compensado de esa larga noche en la cual he trabajado mucho en nombre de España », « El Rey recibe a Don Claudio Sánchez Albornoz », <em>La Vanguardia Española</em>, 1/07/1976. </p>
<p>4.  La valoración del exilio en Claudio Sánchez Albornoz, <em>Mi testamento histórico-político</em>, Barcelona, Ed. Planeta, 1975, p. 62. « En sus últimos años se impuso una especie de apuesta personal: sobrevivir a Franco y volver entonces a España. ¡Jamás antes! En esto tuvo suerte. La vida le permitió ganar su apuesta. Volver al país, recoger honores merecidos, ser reconocido por todos, transformarse en un emblema del pasado para las nuevas épocas. », Reyna Pastor, « Claudio Sánchez Albornoz , historiador, maestro y militante », in VV.AA, <em>Sánchez Albornoz a debate</em>&#8230;, p.12. </p>
<p>5.  « Hice gestiones para que vinieran a España tropas hispanoamericanas que evitasen la Guerra Civil », <em>ABC</em>, 18/04/1976, p.13 y « Albornoz: ni comunismo ni ‘bunker’ », <em>ABC</em>, 23/04/1976, p.28. </p>
<p>6.  Jordi Gracia, <em>A la intemperie. Exilio y cultura en España</em>, Barcelona, Ed. Anagrama, 2010.</p>
<p>7. Fernando Larraz, <em>El monopolio de la palabra. El exilio intelectual en la España franquista</em>, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 2009.  </p>
<p>8. Florence Guilhem, <em>L’obsession du retour. Les républicains espagnols 1939-1975</em>, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail, 2005. </p>
<p>9.  C. Sánchez Albornoz, <em>Mi testamento&#8230;</em>, p.23.</p>
<p>10.  <em>Ibid</em>., p.67. Un análisis de la actividad política desarrollada en defensa del proyecto constitucional de 1931 y de la Ley de Bases de la Reforma Agraria de 1932, en José Luis Martín, « Un historiador metido a político » in VV.AA, <em>Sánchez Albornoz a debate&#8230;</em>, p. 53-67.</p>
<p>11.  Sonsoles Cabeza Sánchez-Albornoz, <em>Historia política de la Segunda República en el exilio</em>,  Madrid, Ed. Fundación Universitaria Española, 1997, p. 321-389. Alicia Alted, <em>La voz de los vencidos. El exilio republicano de 1939</em>, Madrid, Aguilar, 2005, p.333-334. </p>
<p>12.  <em>Ibid.</em>, p.27-28. Las cursivas son del propio autor. Podemos encontrar otras declaraciones en el mismo sentido. Valgan estos ejemplos de muestra: « Yo he sido [...] un historiador, por amor a España y por deseo de contribuir a su encarrilamiento histórico, accidentalmente consagrado a las gestas políticas » p.23; « &#8230;los hados me empujaron, sí, al cabo hacia la vida pública, pero tardíamente y cuando yo era ya un historiador que entraba accidentalmente en la política y no un político que descansaba de los embates de la lucha asomándose a la Historia », p. 26; “No he sentido palpitar en mí con fuerza una viva devoción hacia el juego de la vida pública. Y me ha sacudido en cambio, hasta torturarme, mi pasión de historiador. Acaso lo proceloso de mi vida haya lastrado mis actividades políticas, pero sin barrerlas por entero de mi talante », p.243. Una reflexión sobre políticos y hombres públicos que, desterrados de su país, se vieron obligados a buscar en su profesión primera una forma de vida en Mariano Peset,  « Tres historiadores en el exilio: Rafael Altamira, José Ma Ots Capdequi y Claudio Sánchez-Albornoz » in José Luis García Delgado (ed.), <em>El primer franquismo. España durante la segunda guerra mundial</em>, Madrid, S.XXI, 1989, p.211-243.</p>
<p>13.  <em>Ibid</em>., p. 158 y 245.</p>
<p>14.  <em>Ibid.</em>, p.16. Evidentemente el calificativo de republicano también formará parte de su propia definición como recuerda R. Pastor: « Claudio Sánchez Albornoz, historiador, maestro y militante »&#8230;, p.10. </p>
<p>15.  « Sánchez-Albornoz anuncia a ByN su viaje a España », <em>Blanco y Negro</em>, 06/12/1975 p. 31.</p>
<p>16.  « Llegará el próximo día 23. Un año permanecerá en España Sánchez Albornoz », <em>La Vanguardia Española</em>, 02/04/1976, p.7. « Sánchez Albornoz vendrá a España el día 23 », <em>ABC</em>, 01/04/1976, p.16. </p>
<p>17.  « Recuperar la Historia », <em>La Vanguardia Española</em>, 04/01/1976. Portada. </p>
<p>18.  F. Larraz, <em>El monopolio de la palabra&#8230;</em> p.281-297. </p>
<p>19.  <em>ABC</em>, 09/04/1976, p.18 y p.38; <em>ABC Edición de Andalucía</em>, 09/04/1976, p.8. </p>
<p>20.  « Reconciliación entre los españoles, por encima de todo y cueste lo que cueste », <em>ABC,</em> 09/04/1976, p.18.</p>
<p>21.  « Me marché porque en conciencia no podía unirme a ninguno de los dos bandos », Resumen de las declaraciones concedidas a la periodista Carmen Sarmiento, <em>La Vanguardia Española</em>, 23/04/1976, p.9. </p>
<p>22.  <em>ABC</em>, 11/04/1976, p.6.  </p>
<p>23.  « Creo que los únicos que no desean que en España haya una democratización en serio y un Parlamento en serio son los comunistas y los franquistas. Los comunistas porque en un sistema democrático tienen poco que ganar y mucho que perder. En cuanto a los franquistas, no se dan cuenta del enorme peligro que corren descolocándose de la realidad del país. », <em>ABC</em>, 23/04/1976, p.28.</p>
<p>24.  « Hice gestiones para que vinieran a España tropas hispanoamericanas que evitasen la Guerra Civil », <em>ABC</em>, 18/04/1976, p.13; « Homenaje a Sánchez Albornoz, en Buenos Aires, con ocasión de su regreso a España », <em>ABC</em>, 09/04/1976, p. 38 y « Eliminemos nuestras rencillas después de una guerra fratricida », <em>ABC. Edición de Andalucía</em>, 09/04/1976, p.8. </p>
<p>25.  Pedro Massa, « Hoy llega a Madrid Don Claudio Sánchez Albornoz », <em>ABC</em>, 23/04/1976, p.39. </p>
<p>26.  <em>Ibid</em>.</p>
<p>27.  « Atención a Madariaga y Sánchez Albornoz », <em>ABC. Edición de Andalucía</em>, 18/04/1976, p.3 </p>
<p>28.  José María Ruiz Gallardón, « Catorce de abril », <em>ABC</em>, 15/04/1976, p.4 y Emilio Romero, « El Gobierno, ¿de quién es ? », <em>ABC</em>, 21/04/1976.  </p>
<p>29.  « De las declaraciones de don Salvador de Madariaga y de don Claudio Sánchez Abornoz se alababa la moderación, el aviso a los españoles contra esa sangre que, con frecuencia, se les sube a la cabeza, y que hizo correr, tristemente, otra sangre irrecuperable », Manuel Pombo Angulo, « Retorno », <em>La Vanguardia Española</em>, 20/04/1976, p.12.</p>
<p>30.  Antonio Yáñez, « Cálido recibimiento popular en Barajas al historiador Sánchez-Albornoz », <em>ABC</em>, 24/04/1976, p.35 ; y « Tendamos de una vez por todas la mano al adversario de ayer para discutir, dialogar, en unas Cortes nuevas, la Historia de España », <em>La Vanguardia Española</em>, 24/04/1976, p. 11. </p>
<p>31.  Luis Calvo, « Sánchez Albornoz », <em>ABC</em>, 23/04/1979; « La verdadera reconciliación », <em>ABC</em>, 24/04/1976, p. 3.</p>
<p>32.  Pedro Rocamora, « Sánchez Albornoz en España », <em>ABC</em>, 24/04/1976, p.3. </p>
<p>33.  Carmen Sarmiento, « Nosotros podemos ser demócratas, pero desde luego hay que educar al pueblo y frenarlo », <em>ABC</em>, 24/04/1976, p. 11. El libro de esta periodista del que han sido extraidas estas declaraciones es <em>Sánchez Albornoz, cuarenta años después</em>, Ed. Sedmay, Madrid. 1976. </p>
<p>34.  « Tendamos de una vez por todas la mano al adversario de ayer&#8230; », <em>art. cit</em>.</p>
<p>35.  « Homenaje de la Universidad Complutense a Don Claudio Sánchez Albornoz. ‘Gritad lo que queráis, alborotad, defended vuestros intereses, pero fuera de la Universidad. La Universidad es un templo’ », <em>La Vanguardia Española</em>, 09/05/1979, p.7 y « Homenaje de la Universidad Complutense a Sánchez Albornoz », <em>ABC</em>, 08/05/1976, p.13.</p>
<p>36.  « Pese a muchos, vivimos en Europa », <em>El País</em>, 01/06/1976 y « Sánchez Albornoz: el federalismo no es peligroso », <em>El País</em>, 09/06/1976. </p>
<p>37.  « Una aurea ‘<em>F</em>’ a la Historia de España », <em>ABC</em>, 08/05/1976, p.38. </p>
<p>38.  « Creo que he cumplido con mi deber. [...] He venido a España con el corazón abierto, pues yo no he sido nunca un hombre de batalla, sino de paz. Hay que hacer una España  nueva entre todos los españoles, y creo que lo que he hecho en el destierro ha sido una labor por la gloria de España », « Creo que he cumplido con mi deber », <em>La Vanguardia Española</em>, 07/05/1979, p.13.</p>
<p>39.  « Homenaje de Prensa Española a Don Claudio Sánchez Albornoz », <em>ABC</em>, 17 de junio de 1976, p.48- 49. </p>
<p>40.  « Cena homenaje a don Claudio Sánchez Albornoz », <em>ABC</em>, 16/05/1976, p.39. </p>
<p>41.  « Hoy, en Madrid. Homenajes a los profesores Sánchez Albornoz y Tierno Galván », <em>La Vanguardia Española</em>, 18/05/1979, p.10. « Hoy, Homenajes a Tierno Galván y a Sánchez Albornoz », <em>ABC</em>, 18/05/1976 p.12. </p>
<p>42.  « Amenazas de muerte, a Sánchez Albornoz, y homenaje suspendido », <em>El País</em>, 19/05/1976; « Suspensión del Homenaje a Don Claudio Sánchez Albornoz », <em>La Vanguardia Española</em>, 19/05/1976, p.11; « Suspendida la cena homenaje a Sánchez Albornoz », <em>ABC</em>, 19/05/1976, p.9. </p>
<p>43.  « Flash », <em>La Vanguardia Española</em>, 20/05/1976, p.9. En la misma nota se incluye el texto facilitado por la Dirección General de Seguridad relativo a la supresión del homenaje en el que en cinco puntos se precisan el orden de los hechos y se especifica que la autoridad gubernativa condicionó el acto pero no lo suspendió dando como motivo que « Pese a lo manifestado por el solicitante, en la prensa del día 18 se hizo público que la citada cena homenaje a don Claudio Sánchez Albornoz iba a ser ‘de base a un grupo de antiguos miembros de Acción Republicana para intentar resucitar el antiguo partido de Manuel Azaña, bajo el nombre de Acción Democrática Republicana Española’, finalidad que en modo alguno fue declarada por los promotores ». La nota también se puede leer en <em>ABC</em>, 20/05/1976, p.8.</p>
<p>44.  « Sánchez Albornoz, doctor ‘honoris causa’ en Oviedo », <em>El País</em>, 22/05/1976. </p>
<p>45.  « El Rey recibe a Don Claudio Sánchez Albornoz », <em>La Vanguardia Española</em>, 01/07/1976, p. 10; « Sánchez Albornoz, recibido por el Rey », <em>ABC</em>, 01/07/1976 ; « ‘Mi entrevista con el Rey es secreta y no diré nada sobre ella’ », <em>La Vanguardia Española</em>, 03/07/1976; « Sánchez Albornoz: ‘Mi entrevista con el Rey es secreta’ », <em>ABC. Edición de Andalucía</em>, 03/07/1976, p.9.</p>
<p>46.  Claudio Sánchez Albornoz, <em>Confidencias</em>, Madrid, Ed. Espasa-Calpe, 1979, p. 15-16. </p>
<p>47.  « Dos meses y medio ha permanecido don Claudio Sánchez-Albornoz entre nosotros. Su presencia, multiplicada en entrevistas, en homenajes, ha sido el mejor regalo que esta ‘primavera española’ [...] podía traernos, colándose por puertas y ventanas súbitamente abiertas, al cabo de una larga y hosca clausura. » Carlos Seco Serrano, « ¡Gracias, Don Claudio&#8230; y hasta pronto », <em>ABC</em>, 08/07/1976. </p>
<p>48.  « Sánchez Albornoz, tras la suspensión de su homenaje », <em>ABC</em>, 20/05/1976, p.11.</p>
<p>49.  Un análisis de las connotaciones positivas que envolvieron el uso en estos años del término reconciliación por parte de todos los grupos políticos en Javier de Santiago Guervós, <em>El léxico político de la Transición española</em>, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1992. p.39 y s.</p>
<p>50.  Braulio Díaz Sal, « Hay que recordar los horrores de la guerra civil y no repetir los errores cometidos », <em>La Vanguardia</em>, 20/01/1982, p.29. </p>
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		<title>Josep Fontana: qué ocurre en Cataluña</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Nov 2012 18:17:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Entrevista realizada por Enric González en jotdown.es en noviembre de 2012
Josep Fontana (Barcelona, 1931) es uno de los más prestigiosos historiadores españoles. Fue discípulo de Jaume Vicens Vives y se especializó en historia económica contemporánea. Militó en el PSUC de la clandestinidad, pero se distanció de él durante la Transición. Ahora se declara favorable a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entrevista realizada por <strong>Enric González</strong> en <em>jotdown.es</em> en noviembre de 2012</p>
<p>Josep Fontana (Barcelona, 1931) es uno de los más prestigiosos historiadores españoles. Fue discípulo de Jaume Vicens Vives y se especializó en historia económica contemporánea.<span id="more-1527"></span> Militó en el PSUC de la clandestinidad, pero se distanció de él durante la Transición. Ahora se declara favorable a la independencia de Cataluña bajo ciertas condiciones. Esta conversación se desarrolla en su domicilio, un piso muy cercano al Paralelo barcelonés.</p>
<p><strong>Usted fue discípulo de Jaume Vicens Vives.</strong><br />
Sí, entre otros.</p>
<p><strong>En las próximas elecciones catalanas, ¿qué cree usted que votaría Vicens Vives?</strong><br />
Es difícil saberlo. Por extracción social y por manera de pensar, la lógica dice que habría votado por CiU. Pero si hubiera vivido todos estos años habría pasado por tal cantidad de desengaños y cabreos que dudo mucho que lo tuviera claro.</p>
<p><strong>Hablando de desengaños, ¿tiene alguna cosa que ver el colapso de las alternativas revolucionarias con lo que está ocurriendo en Cataluña?</strong><br />
El colapso de las alternativas tiene que ver con todo. Es un factor determinante. El sistema establecido se siente seguro y tranquilo porque por primera vez desde 1789 puede dormir bien, no hay ninguna amenaza global que parezca que pueda desmontar el sistema. Sin este fracaso de quienes pensaban que era posible una alternativa es evidente que todo habría ido de manera muy diferente, especialmente la forma en que se hace el reparto de los beneficios entre unos y otros. </p>
<p>Entre 1945 y 1975 se vive una etapa feliz en los países desarrollados, porque el reparto equitativo de los beneficios de la productividad permite mejorar los salarios, el nivel de vida y el consumo. Pero llega un momento, en 1968, que demuestra que ni en Occidente (el Mayo de París) ni en Oriente (la Primavera de Praga) existe la posibilidad de cambiar las cosas desde abajo. El mundo empresarial y financiero decide que no hace falta hacer más concesiones. Y con Ronald Reagan y Margaret Thatcher comienza la lucha contra los sindicatos; lo que Paul Krugman llama “la gran divergencia”, que sigue vigente actualmente, entre los ingresos de los de abajo y las clases medias y los ingresos del 1%, los más ricos. Esto lo determina todo.</p>
<p><strong>En el caso de Cataluña se plantea un proceso…</strong><br />
Lo que quiero decir es que esto determina en buena medida el proceso de lo que llamamos crisis. La crisis es un momento en un proceso más largo, que es este que llamaba de la divergencia, que comporta la destrucción de los servicios sociales y el Estado del Bienestar. Es evidente que nadie es inmune a este proceso, que, por otro lado, explica el retroceso de las izquierdas. La socialdemocracia ya se había adaptado previamente. Puede decirse que la actuación del grupo formado por Bill Clinton, Tony Blair y Felipe González tiende a favorecer el proceso. Las medidas que más propician la especulación que desemboca en la crisis de 2008 se dan durante la etapa de Clinton, cuando se anulan las leyes que impedían usar los depósitos bancarios para especular. Y a la izquierda de la socialdemocracia… quizá lo más serio que queda con cierta capacidad de movilización son los sindicatos, que en Europa aún tienen alguna importancia —aunque mucha menos que antes—, pero en Estados Unidos están casi destruidos: solo quedan los sindicatos de los trabajadores públicos, como los de profesores, que son los más perseguidos y abominados, como toda la educación pública.</p>
<p><strong>Volviendo a Cataluña: solía decirse que el nacionalismo es de derechas.</strong><br />
Estamos confundiendo cosas. En primer lugar, es difícil definir qué es eso de “nacionalismo”. Por ejemplo, en este momento hay tres planos diferentes. Por un lado, los que se manifestaron el 11 de septiembre [de 2012] como una respuesta popular bastante espontánea, estimulada por el malestar general ante la crisis pero que retomaban, evidentemente, un sentimiento identitario. </p>
<p>Este sentimiento existe, no lo han creado ni la escuela ni los partidos, y está ahí desde el siglo XVIII. Una de las cosas que señala el historiador Pierre Vilar es la repetición en la historia de Cataluña de momentos en que, ante diversas circunstancias, los catalanes tienden a afirmar su identidad. Un caso concreto: cuando en 1840 se produce el primer derrumbe de las murallas de la Ciudadela [la fortaleza creada por Felipe V para dominar Barcelona tras la Guerra de Sucesión] y Espartero reacciona bombardeando la ciudad, surge un grupo de miembros de las Milicias que protestan y explican que han demolido la Ciudadela porque era una acción de la tiranía que usurpó unos terrenos que pertenecían a la gente y acaban diciendo: “Lo hemos hecho porque somos libres, porque somos catalanes.” Por lo tanto, hay un plano que es este: la existencia de un sentimiento de identidad, al cual la incomprensión por parte de la mayor parte de los estamentos dirigentes de la política española no hace más que ofender continuamente.</p>
<p>Después está el plano del uso de todo esto de cara a unas elecciones. Este es otro plano, sin otra finalidad que conseguir la mayoría absoluta partiendo de unas afirmaciones que no se creen quienes las efectúan. Lo digo porque estos días he tenido ocasión de hablar con un dirigente importante de uno de los dos partidos [de la coalición Convergència i Unió] y acabó reconociendo que lo máximo que se podía esperar, se hiciera lo que se hiciera, era ganar algunos derechos. Pero evidentemente a las elecciones se va con un mensaje equívoco, para que los próximos cuatro años transcurran entre negociaciones sobre alguna forma de consulta con la absoluta certeza de que no se podrá ir más allá.</p>
<p>Y un tercer plano consiste en un planteamiento serio de la opción de ir hacia la formación de un Estado [catalán], si es que eso tiene sentido en estos momentos en que, hablando de independencia, uno tiene dudas muy serias de que España sea un país independiente. Si el presidente del Gobierno español anuncia una semana y otra determinados propósitos y a la semana siguiente ha de rectificar porque así se lo mandan… ¿qué medida de independencia es esta? Dejando esto de lado, se puede partir del hecho de que existe una doctrina del derecho de autodeterminación que se supone que está escrita en las listas de derechos reconocidos por las Naciones Unidas, pero que nadie ha dejado nunca que funcionara excepto cuando les convenía. Lo ofensivo es que durante la Transición tanto el PCE como el PSOE se llenaban la boca…</p>
<p><strong>Con el “derecho a la autodeterminación de los pueblos de España”.</strong><br />
Es una de las cosas más sangrantes. Habría que hablar de eso. Hace poco se publicó un libro de memorias de un exdirigente de los servicios de inteligencia donde se explicaba que, en la época en que el PSOE negociaba su legalización, Felipe González dejó claras dos cosas: que de ninguna manera permitiría un concierto económico para Cataluña, porque era algo que según él solo interesaba a la alta burguesía catalana, y que nunca toleraría un partido socialista catalán que fuera independiente del PSOE. Eso lo decía en privado mientras en público defendía el derecho de autodeterminación.</p>
<p><strong>En gran medida la Transición fue eso: un juego de doble lenguaje</strong>.<br />
En realidad lo es habitualmente toda la política, de manera que uno se pregunta: “¿Qué debemos creernos?” Yo tengo tendencia a creer muy poco.</p>
<p><strong>Si las fuerzas políticas dominantes en Cataluña creen que esto no tiene un más allá y determinadas circunstancias indican que, efectivamente, es difícil que vaya más allá, ¿no se corre el peligro de generar más frustración, tanto en la sociedad catalana como en gran parte de la sociedad española?</strong><br />
Quienes más hablan saben que no hay nada que hacer, pero existe un pequeño grupo de la izquierda, con menos intereses oscuros, que sí cree. Aquellos para quien esto puede ser importante, muy especialmente CiU, son perfectamente conscientes de que tendrán que inventar una forma de negociar sobre la consulta que les dure unos cuantos años para, por un lado, resultar incómodos y presionar al Estado; y, por otro lado, conseguir alguna cosa sin dejar de aparecer como víctimas porque no se quiere atender una propuesta tan simple como la consulta. Y vivirán de esto durante una buena temporada esperando que el tiempo cambie y las cosas se presenten mejor. El ejercicio de engaño que se ha practicado con el tema de Escocia es alucinante. Esto de explicar a la gente que el Gobierno británico ha aceptado que en Escocia se haga un referéndum vinculante… es una absoluta mentira. Seguramente, si nos fijamos bien, nadie lo ha acabado de decir de manera clara y concreta, pero se ha dejado entender que era así dentro de una especie de fábula que venía a decir que tenemos que hacer lo mismo y conseguir un referéndum cuyos resultados nos permitirán negociar cómo separarnos.</p>
<p><strong>El caso de Escocia es diferente porque sigue siendo un reino distinto al de Inglaterra, aunque compartan reina.</strong><br />
Sí, pero en estos temas los orígenes históricos son difíciles de utilizar como instrumento legitimador. La historia sirve para recordarla y se usa como conviene. No creo que este sea el problema. El problema auténtico y real es que no hay nada más que la propuesta de un referéndum, que supongo que los ingleses confían en que levante tantos miedos que quede en nada. Cuando en los últimos tiempos de la Unión Soviética, ya con Gorbachov, se planteaban cómo organizar consultas de este tipo de cara a la independencia de los países bálticos, las reglas que se querían usar exigían no solo un referéndum con una alta aprobación, sino también una aprobación por parte del resto de los ciudadanos de la Unión Soviética. Se supone que un acuerdo de este tipo tendría que ser consentido por ambos bandos. Todo ello implica un grado tal de complejidad que resulta difícil tomárselo en serio. Aparte de que si estás metido en unos sistemas como son la Unión Europea y la OTAN, los grados de independencia son más bien de escasa entidad.</p>
<p><strong>¿Por qué España ha fracasado en su intento de homogeneizar nacionalmente su territorio, a diferencia de Francia, que supo hacerlo muy bien?</strong><br />
Cuando se produce la anexión (cosa que ocurre después de 1714, porque hasta aquel momento el Principado era un Estado que tenía leyes propias y un sistema político diferente al de la Corona de Castilla, que funcionaba con unas Cortes que aprobaban las leyes con algo muy moderno como era una Hacienda que controlaban las instituciones y no el monarca), se hace entre sociedades que tienen grados de desarrollo diferentes.</p>
<p><strong>Cataluña en aquel momento no era soberana.</strong><br />
Hasta 1714 es un Estado que forma parte de una monarquía dentro de la cual la única cosa en común es el soberano.</p>
<p><strong>Pero el Estado de aquella época no es el Estado como lo entendemos ahora.</strong><br />
No, pero el país funciona como un Estado. No es una provincia, es un Estado que vota y tiene sus leyes. En las Cortes las leyes se votan en principio de acuerdo con el rey y con los estamentos, pero así como Castilla funciona con Reales Órdenes Pragmáticas, en Cataluña no existe eso, sino que la legislación se negocia. Además es un proceso que se ha ido democratizando y transformando en las últimas décadas del siglo XVII. En los últimos momentos de la Guerra de Sucesión los planteamientos ya son netamente republicanos. Se llega a decir que lo importante es el voto en las Cortes y que eso del rey no cuenta para nada. Otro asunto es que lo que se pretende en la guerra es extender este sistema [catalán] al conjunto del territorio español. En los momentos más duros del final de la guerra aquí se dice que se combate por España y por la libertad de todos los españoles. </p>
<p>La evolución de Castilla hacia una forma de sociedad más avanzada fue estrangulada por la monarquía. En los siglos XVI y XVII, cuando la monarquía necesitaba dinero, Cataluña era muy poca cosa y Castilla era el lugar de donde se podía sacar dinero, de manera que mientras que allí se les apretaba y el sistema de representación por Cortes queda fosilizado, a los catalanes se les dejaba bastante tranquilos. Es decir, que cuando se produce la anexión estas sociedades ya son relativamente diferentes. Eso explica que durante todo el siglo XVIII, una sociedad catalana que está implicada en formas de comercio internacional con la exportación de aguardiente y que tiene un mercado interior complejo y articulado, desarrolla un crecimiento agrario considerable y puede iniciar la industrialización, porque funciona en un marco social diferente. Aunque ya hubiera unas leyes comunes, lo que define el funcionamiento de una sociedad no es el poder real. Por ejemplo, aquí la enfiteusis permite que las tierras sean cultivadas y da trabajo a muchos brazos, pero desde la Corona de Castilla esto se entiende tan poco que se inventa el mito de la laboriosidad de los catalanes. Comienzan a decir que los catalanes trabajan mucho. Incluso surge aquel dicho que reza: “El labriego catalán de las peñas saca pan”, cosa que demuestra que no entendían nada. Lo que sacaba no era pan, era vino. No entienden nada de lo que pasa. </p>
<p>Hay un momento en que las condiciones que podrían haber generado un proceso de desarrollo global fallan y la industrialización solo afecta a Cataluña. Es más, hasta bien entrado el siglo XIX los políticos españoles son contrarios a la industrialización. Lo consideran un mal que genera vicios y ansias revolucionarias. Piensan que afortunadamente España es un país agrícola donde la gente es moderada, consume poco y no pide cosas extrañas, y se resignan a que la industrialización sea una cosa para Barcelona y poco más. Existe toda una literatura anticatalana durante los siglos XIX y XX, y que continúa el XXI, en la base de la cual está la absoluta imposibilidad de entender que hay una gente que realmente es distinta.</p>
<p><strong>Anecdóticamente, el nacionalismo sabiniano vasco también rechaza la industria.</strong><br />
Eso es retórica. La idea anti industrializadora solo es propia de sociedades agrarias que no quieren admitir cambios sociales. Un nacionalismo puede ser perfectamente industrialista. El primer nacionalismo claro que existe en Europa seguramente es el británico. Son los primeros que en el siglo XVIII tienen un auténtico himno nacional, el <em>Rule Britannia</em>. Por lo tanto, la industrialización y la nación funcionan perfectamente bien juntas.</p>
<p>No funciona cuando existen sociedades diferentes con culturas diferentes y las partes tienen dificultad para entender esas diferencias. En el siglo XIX, el historiador Joan Cortada escribe el folleto <em>Cataluña y los catalanes</em> en el que se esfuerza en explicar que los catalanes son diferentes, cosa que no quiere decir ni superiores ni inferiores, y que lo que quieren es convivir tranquilamente. Pero esta posibilidad es mal vista y negada, y llegamos a momentos como el actual, con un analfabetismo que permite que <em>ABC</em> y medios así publiquen afirmaciones como esa de Esperanza Aguirre, según la cual la nación española deriva de la Prehistoria, o que ya son 500 años de historia en común, confundiendo una unión de soberanía sobre territorios dictada por un matrimonio con la existencia de una nación. Entre la boda de Fernando e Isabel [1469] y 1714, Cataluña dispone de unas leyes, una lengua, una moneda y un sistema político propios. Incluso en la legislación castellana hay unas leyes que perduran hasta la <em>Novísima Recopilación</em>, un código de leyes del siglo XIX, que prohíben, por ejemplo, llevar vino cuando se cruza la frontera entre los reinos de Aragón y de Castilla con unas penas que establecen la confiscación del vino, la confiscación del carro y los caballos si hay reincidencia, y en caso de acumulación de delitos, la pena de muerte. Esto de la nación española se inventa en el siglo XIX. Y es lógico, porque “nación” es un concepto que no tiene sentido más que con un tipo de gobierno liberal parlamentario, ya que lo anterior es un poder que emana de Dios y es transmitido al soberano. La idea de nación nace cuando no hay súbditos, sino ciudadanos que se supone que son iguales. No son realmente iguales porque durante todo el siglo XIX, excepto durante la revolución de 1868, el sufragio es censatario, es decir, solo votan los que tienen dinero para votar y son muy pocos. En 1835, en las Cortes de Madrid, se afirma que lo que debe hacer España es convertirse en nación, porque hasta ese momento no lo ha sido nunca.</p>
<p><strong>¿Y por qué se fracasa? Vuelvo al caso de Francia.</strong><br />
Francia ha tenido algo, la revolución, que establece unas condiciones diferentes. Una de ellas, fundamental, es que en Francia, a diferencia de lo que pasará en Inglaterra o España, los campesinos salvan una parte más grande de su propiedad. Durante todo el siglo XIX, Francia es un país de pequeños propietarios, cosa que determina cambios considerables.</p>
<p>Por ejemplo, cuando la agricultura latifundista fracasa a finales del siglo XIX, millones de alemanes, italianos, españoles o ingleses tienen que emigrar a América. En Francia no se da esta ola migratoria, es un país diferente. Y Francia, que debía de ser una de las monarquías más heterogéneas porque en la época de Luis XIV solo una tercera parte de la población hablaba francés, hace un esfuerzo deliberado para homogeneizar con un instrumento tan importante como la escuela. Francia utiliza la escuela como un sistema de asimilación. Aquí, en el siglo XIX, la escuela pública dependía aún de los ayuntamientos y no había nada que se pareciera a un esfuerzo de escolarización. Los niveles de analfabetismo eran considerables y todo el sistema educativo sufría una pobreza miserable. Los franceses, que quizá son más conscientes que nadie del problema de las diferencias, hacen un esfuerzo muy serio para nacionalizar mientras que en España no se preocupa nadie. Aquí el problema de la diferencia de los catalanes se ve como una molestia, como una rareza, y se dice que lo que se debe hacer es pasarlos por la piedra. </p>
<p>Esto se agudiza después de 1898, cuando se pierde Cuba. Hay textos de la época que dicen que entre las aspiraciones nacionalistas españolas no solo está la asimilación total de Cataluña, sino también la anexión de Portugal, algo que los falangistas siguieron reivindicando en la época de Franco. Estos textos decían que había que prohibir el portugués, porque no era más que un dialecto del gallego y no merecía ningún respeto. Lo único que parecen entender algunos pensadores castellanos, y no sé si es porque el suyo es un país de conquista, es la imposición.</p>
<p><strong>También París impuso el francés en la parte norte de la Marca Hispánica, la Cataluña que quedó en su territorio.</strong><br />
En Francia ha sido más importante la escuela que las prohibiciones.</p>
<p><strong>Si nos ponemos en el lugar de una persona de Zamora, por ejemplo, podemos interpretar que las autoridades catalanas piden un pacto fiscal, es decir, hablan de dinero. Y que cuando eso se les niega pasan inmediata-mente a reclamar una consulta sobre la independencia.</strong><br />
Esa persona de Zamora, si no se trata de alguien con una poderosa inteligencia crítica, lleva más de dos siglos sufriendo un lavado de cerebro y escuchando: “Allí hay personas que solo quieren apoderarse del dinero de todos porque es gente avara”. Hace un tiempo leía unas memorias no publicadas de un militar castellano que, en los años de la República, se mostraba totalmente indignado porque estaba convencido de que el dinero de que disponía el Estado español se dedicaba totalmente a satisfacer las necesidades de Cataluña y el País Vasco. Y una buena parte de los ciudadanos españoles actuales creen más o menos lo mismo. Creen que existe una situación privilegiada que en realidad es una situación que deriva de pedir más que nadie y recibir más que nadie. De manera que aquí hay muchas cosas que son complicadas. Supongo que al pacto fiscal se llega por un conjunto de incidentes determinados. Pero quiero subrayar eso que se plantea el 1976, cuando se desarrollan las conversaciones entre Felipe González y el teniente coronel Casinello: González afirma que de ninguna manera admitirá un concierto económico para Cataluña. Es decir, que el sistema aceptado y lícito en el País Vasco es inaceptable en el caso catalán.</p>
<p><strong>Esa excepción vasca, ¿se debe a la tradición foral, a la presión de la violencia…?</strong><br />
Se debe a diversas cosas. La primera, que el peso de la posible contribución vasca a la fiscalidad española es muy inferior al peso de la fiscalidad catalana. Es decir, que de aquello se puede prescindir, pero de esto no. Existe el argumento de que durante la guerra civil Navarra es “leal” y por lo tanto no se le quitan los privilegios, pero el País Vasco no había sido nada “leal”. Seguramente aquí también se equivocaron cuando negociaban en la Transición, pero da igual, no habrían conseguido nada porque, insisto, desde el momento fundacional no estaban dispuestos a ceder en este tema. Por lo tanto, efectivamente se puede generar la idea de que Cataluña solo va a por la “pela” y que una vez no se consigue el pacto fiscal se amenaza con la secesión.</p>
<p><strong>Es que Artur Mas pasó de una cosa a otra en cuestión de días.</strong><br />
Sí, pero no hace falta preocuparse demasiado porque hay más de 200 años de literatura catalanofóbica basada en malentendidos perfectamente asentados. Por ejemplo, cuando estábamos negociando con el Gobierno el tema de los papeles de Salamanca y yo formaba parte de la Comisión de Archivos (después Esperanza Aguirre me echó), había gente, como Santos Juliá, que encontraba lógico y correcto el traslado de documentos a Cataluña, y había otros, como un par de individuos, catedráticos de universidad, que boicoteaban el acuerdo. Uno de ellos me dijo: “Me opongo porque cuando a los catalanes les dan algo se lo quieren llevar todo”. Y este era un catedrático, un humanista. Da igual lo que diga Artur Mas porque harían falta siglos de pedagogía para disipar los malentendidos. Y hay muy poca predisposición por la otra parte a aceptar la diferencia. Me refiero a que en ambas partes hay imbéciles, podríamos intercambiarlos.</p>
<p><strong>No me estará hablando de deportaciones mutuas.</strong><br />
Hombre, si pudiéramos exportar a nuestros imbéciles para que hicieran daño en cualquier otro sitio tampoco estaría mal, pero no estoy pensando en cosas de este tipo ni en nada que se le parezca. Estoy diciendo que la comprensión mutua no es fácil. Y muy posiblemente muchas veces nosotros, los catalanes, no la hacemos fácil. En una ocasión un grupo de amigos míos propuso que me invistieran <em>doctor honoris causa</em> por la Universidad Autónoma de Barcelona y fui vetado por razones políticas. Unos meses más tarde me hicieron doctor honoris causa en la Universidad de Valladolid. Y no es que yo haya dado muestras de afinidad con el PP o con Ciutadans.</p>
<p><strong>Ahora dejemos al señor de Zamora y pongámonos en la piel de un señor de Sant Celoni que ha sido toda la vida de izquierdas y que habla catalán, pero no tiene ganas de votar con la bandera catalana como único valor político. ¿A quién puede votar?</strong><br />
En principio, en lo que queda de la izquierda no todo el mundo está planteando las cosas en esos términos. Como es lógico, yo ya he tenido suficientes decepciones. La primera de ellas fue la decepción de la Transición. A mediados de los años 50 me apunté a un partido clandestino de izquierdas, y lo hice porque los partidos tenían programas que decían cosas. Cuando llegó el momento de la Transición los partidos se olvidaron por completo de lo que habían estado prometiendo, de los principios por los que mucha gente había asumido riesgos muy graves, y pactaron por mucho menos. Yo entendía perfectamente que las circunstancias que se daban en 1976, 1977 y 1978 no permitían realizar los objetivos que planteaban aquellos programas, pero me parecía lógico y decente que mi partido siguiese defendiendo los mismos principios y luchando para que algún día, si no todos, al menos una parte de esos principios pudieran conseguirse. En cambio, se arrinconó lo esencial.</p>
<p><strong>¿De qué partido hablamos?</strong><br />
No había más que uno, el PSUC [el Partido Comunista en Cataluña], los otros eran grupitos de amigos. Uno se sintió traicionado, y eso no solo nos afectó a los del sector intelectual y catalanista, sino a una infinidad de militantes obreros. Es necesario recordar que quienes participaban en las manifestaciones del 11 de Septiembre en los últimos años del franquismo, en Sabadell y Terrassa, eran básicamente trabajadores inmigrantes, y que esa gente gritó lo de “Llibertat, amnistia i estatut d’autonomia”. Ellos también fueron traicionados. Una vez, cuando el pobre Gregorio López Raimundo [histórico dirigente del PSUC] iba ya en silla de ruedas, dije que había que distinguir muy claramente entre lo que había sido la conducta de los dirigentes y lo que había sido la conducta de los militantes. Y que la conducta de los militantes comunistas durante el franquismo merecía todo el respeto. Gregorio tuvo la habilidad de decirme que no se había molestado porque le había criticado como dirigente pero le había elogiado como militante. Dicho eso, Gregorio era de los más decentes que conocía de entre ese personal. Se puede ser perfectamente de izquierdas y ser partidario de una libertad en convivencia: libertad para ti y libertad para los otros. </p>
<p>Por eso mismo yo ahora me niego a participar en cualquier tipo de apuesta que tenga como objetivo plantear cuestiones que en estos momentos no tienen más que una dimensión preelectoral que no me interesa. Por lo tanto, si hay que votar, se puede votar, mal que mal, a ICV [Iniciativa per Catalunya-Verds], que son relativamente moderados. No es que me provoquen entusiasmo. De la gente de la CUP [Candidatures d´Unitat Popular, independentistas], pese a ser jóvenes y seguramente honestos, me preocupa mucho que se planteen ya temas como el de los Países Catalanes. Vamos por partes, es una cuestión que a mí me causó disgustos cuando se me ocurrió decir que primero lo que se ha de hacer es preguntar a los otros. Parecía que eso era una traición. Una cosa es la identidad cultural, que efectivamente existe, y otra es lo que piensa la gente. Debemos tener en cuenta, además, que desde un punto de vista histórico, cuando hablo del desarrollo de un Estado, este proceso avanzado que ha ido creando una especie de cultura y sociedad diferentes solo estaba presente en el Principado. Un aspecto muy importante de esta cultura cuando pierde sus instituciones es el auge de las formas de asociación horizontal, un asociacionismo que genera grupos de interés. La vida política de este país hasta 1936 en buena medida se desarrolla en entidades que son clubes, centros y ateneos. Estas características se dan también en cierta medida en el País Valenciano pero son, sobre todo, importantes en Cataluña. Insisto, hay que preguntar a los otros qué quieren.</p>
<p><strong>Hablando de consultar y preguntar, hay quien considera que la parte soberanista de Cataluña en estos momentos habla mucho y, en cambio, la parte no soberanista habla muy poco.</strong><br />
La parte soberanista tiene un mensaje. La otra tiene recelos, miedos y dudas, y eso no es un mensaje, por lo tanto no invita a hablar de la misma manera que lo hace el tenerlo. Decir “Independencia” es un mensaje. Decir “Queremos ser un Estado” es un mensaje.</p>
<p><strong>Decir “Amo España” es un mensaje.</strong><br />
Sí, pero es un mensaje muy difícil en un contexto en el que las reticencias al nacionalismo español son considerables y justificadas. La primera vez que vi la bandera española fue el 25 de enero de 1939, cuando en la casita de Valldoreix donde estaba con mi madre entró un moro con un fusil en la mano haciéndonos abrir los armarios. A partir de entonces, para mí aquella bandera está identificada con los 40 años del franquismo. De manera que pedirme que lleve la bandera española o cosas así es obsceno.</p>
<p><strong>Acotémoslo más. Ahora se plantean unas elecciones catalanas plebiscitarias en las que básicamente se formula una pregunta sobre la hipótesis soberanista. Pero hay un sector de la población catalana que tradicionalmente no vota en las elecciones autonómicas y que ahora, posiblemente, seguirá en silencio.</strong><br />
Ahora estarán más desconcertados. Yo no diría que en 1975 o 1976 una actitud de desinterés fuese demasiado general ni en el “cinturón rojo” de Barcelona ni en ningún otro sitio.</p>
<p><strong>Hablo de estos últimos años.</strong><br />
Sí, ahora es distinto. Supongo que lo que hará una gran parte de esta gente es abstenerse, pero lo que afortunadamente no hará será votar al PP o Ciutadans. Yo siempre he creído que a votar se tiene que ir siempre, pero no para votar a favor sino para votar en contra. Se tiene que ir a votar para que el PP y esa gente no tengan más votos. Ya les votarán las monjas.</p>
<p><strong>Ignorando el tema de las banderas, ¿no cree que hay muchas similitudes ideológicas entre el PP y CiU?</strong><br />
De entrada, con todos sus defectos, Jordi Pujol fue a la cárcel mientras Manuel Fraga encarcelaba. Es una diferencia. Digamos que en el origen hay diferencias.</p>
<p><strong>Pero si hablamos de cuadros intermedios encontraremos mucha gente que medraba en el franquismo, en un lado y en el otro.</strong><br />
Seguro. Pero yo no recuerdo haber votado jamás a CiU, de manera que no tengo problemas. Entiendo perfectamente que un partido de derechas es un partido de derechas, que se parecen mucho el uno al otro y que ambos utilizan las banderas. No niego que puedan tener conciencia, pero normalmente utilizan las banderas para lo que les conviene. En realidad estas elecciones me parecen de una importancia minúscula. Son importantes solo por una cuestión que se ha visto ya en Galicia y en el País Vasco y que se verá aquí: la destrucción del PSOE. Es el fin del sistema político de la Transición. Aquel sistema se establece sobre la base de que el PSOE acepta ejercer como alternativa de izquierda a las fuerzas de derechas, que son las que heredan el franquismo. Este sistema ha funcionado bien bastantes años, pero ahora se ha derrumbado. La cuestión es qué pasará. Y es un problema porque se parece a lo que ocurrió durante los años 20 del siglo pasado, cuando se agotó el sistema de turnos de la Restauración entre conservadores y liberales. Entonces se aguantó unos años con una dictadura militar pero llegó un sistema nuevo con la República.</p>
<p><strong>¿Hasta qué punto las fuerzas políticas hegemónicas (en Cataluña lo ha sido CiU desde la Transición) tienen responsabilidad en este aparente desengaño?</strong><br />
Hay muchos culpables. El primero es que el sistema del Estado autonómico español es una trampa que se establece sobre la base de prometer derechos que después no se conceden y se recortan o recuperan a cambio de permitir un uso descentralizado del dinero, lo que crea entusiasmo en todas partes. Es lo que ha permitido que las ciudades se rehagan, que haya teatros o equipamientos deportivos que no existirían si no hubiera habido esta descentralización del dinero. El entusiasmo dura hasta que se acaba el dinero. Entonces se ve que hay sitios, como Castilla-La Mancha, donde dicen que se cargarán la autonomía porque no sirve para nada. Desde el punto de vista de los que se lo han tomado en serio y han creído que podía ser un camino para ir consolidando derechos, es evidente que el sistema ha resultado un engaño.</p>
<p>¿Qué hicieron mal quienes aceptaron esto? Pujol a veces ha dicho que se equivocaron al no basarse en la reclamación de los derechos históricos, como vascos y navarros. Es una revisión que se tendrá que hacer para saber si podrían haber conseguido más cosas y en cuántas cosas se equivocaron. Evidentemente, la situación política del país depende en gran medida del cambio que provocó la crisis de 2008. La crisis de 2008 no fue, como todavía se dice, el resultado de un exceso de gasto público, porque la deuda del Estado era insignificante. Fue culpa de un enorme gasto privado especulativo hecho sin ningún control. Aquí sí se tendrán que depurar responsabilidades. Por lo que sea, esto no ha sido un problema en el País Vasco. Seguramente porque aquello tampoco se prestaba a burbujas inmobiliarias.</p>
<p><strong>Pocos alemanes pasan allí sus veranos.</strong><br />
Ni tan siquiera los vascos, que se van a veranear a Santander. En cualquier caso, resulta que estamos pagando esta deuda privada por las tonterías que se hicieron. Es verdad que como en Caja Madrid no se hicieron en ningún sitio, pero…</p>
<p><strong>¡Hombre, en Caixa Catalunya tampoco eran mancos!</strong><br />
También, sí, pero no creo que hicieran cosas como dar 1.000 millones de crédito a Martinsa-Fadesa, que después se esfumaron. No sé, es un proceso que debe estudiarse con mucha atención y yo no lo he hecho. Desde el punto de vista de querer saber qué pasó yo me he quedado en la Transición. El resto no lo he estudiado, y si no lo estudias ni entras a fondo…</p>
<p><strong>Entonces lo dejamos para los historiadores del futuro.</strong><br />
Sí, que intenten ellos explicar qué ha pasado.</p>
<p>Fuente:http://www.jotdown.es/2012/11/josep-fontana-y-enric-gonzalez-o-que-ocurre-en-cataluna/</p>
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		<title>Carta abierta al ministro García-Margallo</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Nov 2012 17:26:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexión y discusión]]></category>
		<category><![CDATA[Actualidad política]]></category>
		<category><![CDATA[Luchas ciudadanas]]></category>
		<category><![CDATA[Procesos autonómicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Francisco Letamendia, SinPermiso, 11.11.2012
Esta carta es una respuesta por alusiones a la mención que hiciste de mí en la sesión de la Comisión Mixta UE celebrada el 4 de octubre de este año en el Senado en respuesta al diputado de Amaiur Jon Iñarritu. Está dirigida a una persona con la que compartí en Donostia, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Francisco Letamendia</strong>, <em>SinPermiso</em>, 11.11.2012</p>
<p>Esta carta es una respuesta por alusiones a la mención que hiciste de mí en la sesión de la Comisión Mixta UE celebrada el 4 de octubre de este año en el Senado en respuesta al diputado de Amaiur Jon Iñarritu.<span id="more-1525"></span> Está dirigida a una persona con la que compartí en Donostia, hace ya medio siglo, amistad y recuerdos colegiales, algunos de los cuales, deformados recientemente en los medios de un modo tan hilarante que hacían bueno el dicho de «no dejes que la realidad te estropee un buen titular», te habrán divertido, estoy seguro de ello, tanto como a mí. Ello explica la ausencia de acritud tanto en tu alusión a mi persona como en la discrepancia con tus argumentos que expongo a continuación.</p>
<p>Son tiempos estos en los que la independencia como una de las opciones de la autodeterminación ha dejado de ser una entelequia para entrar a formar parte de la agenda política de naciones -Escocia, Flandes, Cataluña, País Vasco- y de estados que forman parte de la Unión Europea. Es cierto que mi enmienda de inclusión de un título sobre el ejercicio del derecho de autodeterminación en los debates constitucionales de 1978 no fue particularmente exitosa, siendo votada por solo cinco diputados. Pero fue una simiente que fructificaría pronto, como en las declaraciones de autodeterminación de los parlamentos catalán y vasco de 1979 y 1980, hasta hacerse un árbol frondoso que extiende hoy sus raíces por los pueblos y las izquierdas del Estado.</p>
<p>Los debates de fines de los años 70 estaban marcados por una actitud favorable a la autodeterminación de los pueblos coloniales y por un prejuicio contrario a la de los pueblos occidentales; la intangibilidad de las fronteras europeas se consideraba un elemento consustancial al mantenimiento de la paz mundial. Pero mucho se ha andado desde entonces. Se ha producido la emergencia de nuevos estados en los Balcanes, traumática y presentada habitualmente como contraejemplo, pero también la separación pacífica de Chequia y Eslovaquia y la transformación apenas conflictiva de las 17 antiguas repúblicas socialistas soviéticas en estados-nación; por no hablar de la reunificación de Alemania, hecha en nombre del derecho de autodeterminación.</p>
<p>En estas dos últimas décadas se ha avanzado también mucho en el tratamiento teórico de la secesión y la autodeterminación; en el mundo de la globalización, la ficción positivista de los estados-compartimento estanco conteniendo cada uno de ellos una sola nación ha cedido el paso a la evidencia cegadora de la naturaleza multicultural y plurinacional de la gran mayoría de ellos. Por cierto, también ha cambiado la concepción del federalismo. Te aconsejo por ello que revises la definición que haces en tu respuesta al diputado Anasagasti del federalismo simétrico como el único existente. La ciencia política contempla hoy al menos tres tipos: el simétrico asociado al centralismo, el asimétrico y el plural, basado en el policentrismo, la autoorganización de la sociedad civil y el equilibrio de las partes, y abierto a la autodeterminación de estas. Estas teorías de origen anglosajón han sido profundizadas por catedráticos de Ciencia Política amigos míos, eso sí, catalanes, qué le vamos a hacer.</p>
<p>Me centraré en las teorías de la secesión y la autodeterminación. A grandes rasgos, los autores las agrupan en tres tipos: las de la justa causa, las procedimentales y las plebiscitarias o de la elección. Las teorías de la justa causa, o remediales, no son en principio favorables a la secesión, salvo si el estado perdiera su legitimidad al dar un trato antidemocrático a sus minorías en forma de genocidio, violación permanente de los derechos humanos u ocupación injusta de su territorio. En estos casos, la secesión estaría justificada.</p>
<p>En cuanto a las teorías procedimentales, postulan estas la introducción de una cláusula sobre secesión en las constituciones estatales. La exigencia de claridad en la pregunta y en la formación de una mayoría democrática disuadirá, dicen, las vanity secessions, las secesiones caprichosas, y dejará prosperar solo las postuladas por grupos nacionales que desean por amplia mayoría no asimilarse al estado en cuestión. La sentencia del Tribunal Supremo de Canadá de 1998, la «Clarity Act», se alimenta de esta teoría: Quebec no tiene derecho a separarse unilateralmente, pero si un plebiscito de secesión basado en una pregunta clara fuera aprobado por una clara mayoría, Canadá debería reconocer la demanda secesionista, y el Gobierno federal negociarla de buena fe.</p>
<p>La teoría plebiscitaria, o de la elección, extiende al terreno colectivo el principio kantiano de la autonomía individual: ni los seres humanos ni los grupos nacionales pueden ser dominados por otros. Los requisitos que justifican la secesión y la consiguiente formación de un estado propio derivan de las exigencias democráticas: contar con una mayoría, respetar los derechos de las minorías y satisfacer las exigencias de justicia distributiva.<br />
Están bien todas estas elucubraciones de ratones de biblioteca, dirás, pero lo que cuenta es el imperio de la ley, y el artículo 4 del Tratado de la Unión Europea garantiza la integridad territorial y la unidad nacional de los estados miembros, remitiéndose a lo que sus ordenamientos nacionales determinen al respecto. El orden constitucional de un estado puede aceptar la secesión pactada, pero si no lo hace, como es el caso español, tampoco la aceptará la Unión Europea.</p>
<p>Evitaré entrar en discusiones cuyos argumentos son controvertidos (véase el artículo de Jon Iñarritu «¿El Estado catalán fuera de la UE?») y que sitúan en un callejón sin salida la solución al dilema. Diré tan solo que la postura de la Unión Europea no ha sido homogénea al respecto. En el caso de los estados de su periferia con conflictos nacionales que aspiraban a ingresar en ella, la actitud comunitaria favorable en principio al mantenimiento de la integridad territorial estatal se vio cortocircuitada en los Balcanes (en Croacia y Eslovenia, en Montenegro y en Kosovo) por los principios antagónicos de la justa causa y de la elección democrática.</p>
<p>Además, en el contexto que emerge hoy en Europa occidental, la vía plebiscitaria empieza a abrirse camino en el seno de las fuerzas constitucionalistas; tal es el caso del Partido Socialista de Cataluya, contrario, de modo perfectamente legítimo, a la independencia catalana, pero no a que se regule constitucionalmente el derecho a decidir democráticamente sobre ella. Y es que las constituciones no son fenómenos atmosféricos, sino constructos dependientes de la voluntad de los actores políticos de mantenerlas, derogarlas o modificarlas, como por otra parte ha ocurrido recientemente en España.</p>
<p>Pero es que la Constitución española, afirmas, no solo reconoce, sino que se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible. Y, sin embargo, podrían sobrevenir contextos que persuadieran a todo el mundo, tú incluido, de la conveniencia de modificar este principio constitucional en el sentido apuntado por el Tribunal Supremo de Canadá.</p>
<p>Imaginemos (el proceso real será sin duda menos lineal y más complejo, pero hablo de modo hipotético) que el Parlamento catalán, o el vasco, o ambos, respaldados por una clara y democrática mayoría soberanista, declaran la independencia. Para impedir que fuera seguida de efectos, el Estado español se vería forzado a recurrir a su arsenal represivo. Pero ¿puede concebirse que este se materialice en las amenazas de estados de sitio o de guerra que empiezan a blandirse, y que en el corazón de Europa haya tanquetas cercando las sedes de parlamentos democráticamente elegidos y metralletas neutralizando a los parlamentarios y a los miembros de los gobiernos? Pero es que, además, cuando cesara una ocupación policial y militar que en estos tiempos no puede ser eterna, los sentimientos independentistas pasarían de ser mayoritarios a unánimes, como ocurrió efectivamente en Irlanda tras la Pascua Sangrienta de 1917.</p>
<p>Por otra parte, si la Unión Europea ha apreciado la existencia de la justa causa de la secesión en su periferia, ¿no la reconocería en este caso con mayor razón en su interior, cuando el acerbo comunitario definido por la Declaración de Copenhague descansa en el valor supremo de la democracia? ¿Y no sería la vía procedimental canadiense, acompañada de la correspondiente reforma del texto constitucional español, la única razonable y propicia a los intereses de todas las partes, máxime cuando todos los actores periféricos, como ocurre en el País Vasco, han afirmado por activa y por pasiva que reconocerían el resultado del plebiscito fuera este cual fuera, incluida la negativa a la secesión?</p>
<p>Son estas, amigo García-Margallo, las reflexiones que ofrezco a tu consideración de ministro de Asuntos Exteriores leído y experimentado.<br />
 <br />
Francisco Letamendia es profesor de la UPV-EHU. </p>
<p>www.noticiasdegipuzkoa.com, 3 de noviembre de 2012</p>
<p>Fuente:http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5397</p>
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		<title>Bruselas no opinará sobre Cataluña mientras sea &#8216;una cuestión hipotética&#8217;</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Nov 2012 17:10:08 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Javier G. Gallego, El Mundo, 15.10.2012
Cataluña, Escocia y ahora Flandes. El independentismo regional en Europa se ha convertido en uno de los asuntos prioritarios en las instituciones europeas, a pesar de que éstas no son capaces de mantener una única respuesta sobre la cuestión del momento: ¿Puede una región que se independice de un Estado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Javier G. Gallego</strong>, <em>El Mundo</em>, 15.10.2012</p>
<p>Cataluña, Escocia y ahora Flandes. El independentismo regional en Europa se ha convertido en uno de los asuntos prioritarios en las instituciones europeas<span id="more-1523"></span>, a pesar de que éstas no son capaces de mantener una única respuesta sobre la cuestión del momento: ¿Puede una región que se independice de un Estado miembro de la UE seguir perteneciendo a la UE?</p>
<p>La respuesta, hasta ahora, había sido un rotundo no. La Comisión Europea dio una respuesta parlamentaria en 2004 y su presidente, José Manuel Durao Barroso, reiteró hace un mes que si Cataluña se convierte en un nuevo Estado, tendrá que iniciar un proceso de adhesión como ha hecho cualquier otro país.<br />
Bruselas parece tener clara la respuesta, pero no los argumentos legales que la sostienen. Por eso hoy de alguna manera ha echado marcha atrás y su portavoz, Pia Ahrenkilde, ha dicho que la Comisión sólo se pronunciará a este respecto si el Gobierno español pide formalmente un informe sobre el caso concreto de Cataluña.</p>
<p>&#8220;No queremos expresar una posición sobre lo que son cuestiones de orden constitucional interno en un Estado miembro. No queremos pronunciarnos mientras sea una cuestión hipotética&#8221;, ha dicho la portavoz al ser preguntada por los casos de Cataluña y Escocia.</p>
<p>&#8220;Si un Estado miembro nos presenta un escenario preciso en un sentido u otro, entonces sí daremos una opinión&#8221;, ha agregado la portavoz.</p>
<p>En este caso, el Ejecutivo comunitario se pronunciaría sobre las &#8220;consecuencias&#8221; de la independencia &#8220;en relación con los Tratados de la UE&#8221;, es decir, sobre si el nuevo Estado miembro seguiría formando parte de la Unión o debería pedir su adhesión.</p>
<p>&#8220;Escenarios como la separación de una parte de un Estado miembro o la creación de un nuevo Estado no serían neutrales por lo que se refiere a los Tratados de la UE&#8221;, ha agregado la portavoz en declaraciones recogidas por Europa Press.</p>
<p>Fuente:http://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/15/espana/1350301695.html</p>
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		<title>Puntualizaciones sobre Paracuellos</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Nov 2012 16:37:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fernando Hernández Sánchez · José Luis Ledesma · Paul Preston · Ángel Viñas, El País, 21.9.2012
La atribución de responsabilidades por las ejecuciones a Santiago Carrillo aumentó cuanto más se acercaba la transición. Fue la tapadera para ocultar un terror mucho más brutal, sangriento y duradero: el franquista.
Entre las numerosas necrológicas aparecidas inmediatamente tras el fallecimiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fernando Hernández Sánchez · José Luis Ledesma · Paul Preston · Ángel Viñas</strong>, <em>El País</em>, 21.9.2012</p>
<p>La atribución de responsabilidades por las ejecuciones a Santiago Carrillo aumentó cuanto más se acercaba la transición. Fue la tapadera para ocultar un terror mucho más brutal, sangriento y duradero: el franquista.<span id="more-1521"></span></p>
<p>Entre las numerosas necrológicas aparecidas inmediatamente tras el fallecimiento de Santiago Carrillo algunas siguen haciendo hincapié en Paracuellos. Los lectores de este periódico quizá estén interesados en conocer los resultados de nuestras investigaciones que nos permiten arrojar dudas acerca de la pervivencia del canon franquista en varias de entre ellas. Las categorizamos en tres rúbricas: contexto, chispazo para la acción y responsabilidades y supervisión.</p>
<p>1. A comienzos de noviembre de 1936 las columnas franquistas habían llegado a las puertas de Madrid, sembrando de cadáveres su camino. Los bombardeos causaban estragos en la población. Entre los presos en las cárceles había centenares de militares dispuestos a unirse a los rebeldes. Su liberación parecía inminente.</p>
<p>2. El chispazo que condujo a Paracuellos provino de uno de los agentes de la NKVD llegado a Madrid mes y medio antes. La liquidación masiva de enemigos había sido una práctica habitual en la guerra civil rusa. Aplicada al caso de una ciudad al límite, la NKVD no dudó en recomendar la misma “profilaxis”. A finales de octubre de 1936 el embajador soviético ya sugirió recuperar a los presos dispuestos a servir a la República. Como se había hecho con los oficiales zaristas para que se unieran a los bolcheviques.</p>
<p>3. El agregado militar, coronel/general Goriev, informó crípticamente a Moscú de la labor desarrollada por la NKVD durante el asedio de Madrid en un despacho del 5 de abril de 1937 y mencionó un nombre, el de “Alexander Orlov”. Lo envió por la vía reglamentaria a su jefe, el director del servicio de inteligencia militar. Lo descubrió en Moscú antes de 2004 Frank Schauff. Hay un borrador en el archivo histórico del PCE, en la Universidad Complutense. No conocemos a ninguno de quienes mantienen enhiesto el canon franquista que lo haya consultado. Hoy se quedaría con un palmo de narices. Falta la página con la referencia a la NKVD. Una casualidad. Se nos ha dicho que cuando un investigador ruso quiso consultar el despacho en los archivos moscovitas el legajo había sido declarado inaccesible. Otra casualidad.</p>
<p>4. La recomendación de la NKVD la puso en marcha Pedro Fernández Checa, secretario de Organización del PCE. Fueron militantes comunistas y anarco-sindicalistas quienes se encargaron de los aspectos operativos. Los primeros actuaron a través de los órganos de la DGS. Los segundos, que controlaban la periferia madrileña libre de asedio, aseguraron la realización. Fuera o no por igual, todos colaboraron en la liquidación de la presunta quinta columna excitados por las bravatas del general Mola acerca del potencial de sus partidarios en la capital.</p>
<p>5. Las primeras “sacas” se examinaron en una de las periódicas reuniones de la Junta de Defensa de Madrid. Ninguno de sus componentes pudo alegar desconocimiento sobre lo ocurrido. Dado que la presidía el general Miaja, sería difícil exonerarle de responsabilidad. También a los demás componentes. Uno de ellos, el consejero de Orden Público, Santiago Carrillo, recibió instrucciones que no se transcribieron. Como otros jóvenes socialistas, acababa de solicitar el ingreso en el PCE. Las “sacas” se paralizaron por intervención del anarquista Melchor Rodríguez. Volvieron a reanudarse después de que éste quedara desautorizado por el ministro de Justicia, el expistolero cenetista García Oliver.</p>
<p>6. La supervisión quedó en manos no de la DGS, relegada como brazo ejecutor, sino del miembro más prominente del Buró Político que permaneció en Madrid: Fernández Checa. Uno de los policías, Ramón Torrecilla Guijarro, declaró posteriormente que solía informar a Organización sobre cómo iba la operación. Esto respondía estrictamente al modus operandi comunista. El secretario de Organización era, en los diferentes partidos comunistas nacionales, el enlace con los servicios de inteligencia soviéticos. Lógico. En la concepción comunista de la lucha contra la reacción, la NKVD era al partido lo que el partido era a las masas: su vanguardia.</p>
<p>7. Fernández Checa era también el responsable de una sección consustancial a toda organización de corte leninista: el aparato secreto o ilegal, compuesto de “cuadros especiales” que se activaban según el contexto en que se desenvolviera el partido. Uno de los consejeros militares en España, Mansurov (Xanti), rememoró haber trabajado con él en la capacitación de tales cuadros. Algunos se formaron in situ; otros, como Santiago Álvarez Santiago (participante en las reuniones del consejo de la DGS en noviembre de 1936 y uno de quienes engranaban con los delegados en las prisiones para seleccionar a los presos que irían camino del matadero), se instruyeron en la sección especial político-militar de la Escuela Leninista de Moscú o en su seminario político. Fue el caso de Isidoro Diégez (responsable del PC madrileño). También los de Lucio Santiago (jefe de las Milicias de Vigilancia de la Retaguardia, movilizadas para las “sacas”), Andrés Urrésola (policía encargado de efectuarlas en Porlier), Agapito Escanilla (secretario del Radio Oeste del PC) o Torrecilla (miembro del consejo de la DGS y enlace con el Buró Político). El aparato se incrustó en la DGS mucho antes de noviembre. Todos se habían ya curtido en la eliminación de falangistas.</p>
<p>8. El nombre y doble papel de Fernández Checa no han aparecido, que sepamos, en los centenares de páginas vertidas sobre Paracuellos por los autores profranquistas. Pero su responsabilidad tanto en el chispazo inicial como en la supervisión y vigilancia de la operación es innegable. La dualidad de cadenas de mando nunca existió para quienes la ejecutaron: su lealtad no la debían a la Junta de Defensa sino exclusivamente al partido, vanguardia consciente de la lucha antifascista. El operativo fue netamente comunista. Los anarquistas más bien auxiliares.</p>
<p>9. Tanto desde el punto de vista profranquista, como después para autores en busca de notoriedad, siempre fue más “productivo” centrar la atribución de responsabilidades en Santiago Carrillo. Fernández Checa murió en México en 1940. La mayoría de los “cuadros especiales” fueron ejecutados en España en 1941-42. Todos quedaron amortizados como elemento arrojadizo de la publicística antirepublicana. Sorprende un tanto la absolución otorgada a Miaja. Sin duda no cabía extraer mucho capital propagandístico poniéndole en solfa. </p>
<p>No ocurre lo mismo con Carrillo, hasta el punto de desfigurar arteramente hace poco tiempo las referencias que a él hizo Felix Schlayer, cónsul honorario de Noruega y súbdito alemán que publicó sus memorias durante el cálido régimen del maestro Goebbels. Curioso es también que el número de citas a Carrillo sea más abundante en las glosas posteriores de la Causa General que en la propia documentación del procedimiento. No tuvo un expediente propio hasta su promoción como ministro en el gobierno Giral en el exilio en 1946. Un mero repaso a la hemeroteca digital de Abc llevará al lector a la conclusión de que su nombre aparece tanto más vinculado a Paracuellos cuanto más se aproximaba la transición. Una batalla del pasado que sigue librándose en tono presentista.</p>
<p>10. El énfasis que continúa poniéndose sobre Paracuellos cumple dos funciones esenciales. En primer lugar, sirve para epitomizar el “terror rojo”. Paracuellos aparece como norma en lugar de lo que realmente fue, una dramática excepción que continúa presentándose como algo de lo que fue responsable el Gobierno de la República. En segundo lugar, sirve de inmejorable tapadera para ocultar la represión franquista, mucho más sangrienta y duradera. Los “mini-Paracuellos” de que están esmaltadas las regiones en que triunfó la sublevación no cuentan. Su recuerdo hay que obliterarlo con humo e incienso.</p>
<p>Es molesto leer, particularmente en este periódico, cómo en las cunetas y fuera de los cementerios, a veces en modernas urbanizaciones, las “fosas del olvido” tienen la desagradable ocurrencia de emerger tan pronto se excava. España es en esto un caso único, y auténticamente vergonzoso, en la Europa occidental. Paracuellos se ha convertido en la contraseña taumatúrgica para oscurecer, de forma pavloviana, un terror mucho más brutal.</p>
<p>Fernando Hernández Sánchez, José Luis Ledesma, Paul Preston y Ángel Viñas son contribuidores en la obra <em>En el combate por la historia</em> (Pasado y presente, 2012).</p>
<p>Fuente:http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5262</p>
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		<title>No es sólo la Academia: Es el franquismo en los textos de enseñanza secundaria</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Nov 2012 16:32:10 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fernando Hernández Sánchez, Grundmagazine, 28.10.2012
Que el conocimiento de nuestra historia contemporánea sigue siendo pasto de tergiversaciones no le es ajeno a quien conozca el éxito de los bestsellers del revisionismo franquista que han anegado los anaqueles de nuestras librerías en los últimos años. Es un síntoma de que algo ha fallado, de que la investigación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fernando Hernández Sánchez</strong>, <em>Grundmagazine</em>, 28.10.2012</p>
<p>Que el conocimiento de nuestra historia contemporánea sigue siendo pasto de tergiversaciones no le es ajeno a quien conozca el éxito de los bestsellers del revisionismo franquista que han anegado los anaqueles de nuestras librerías en los últimos años.<span id="more-1519"></span> Es un síntoma de que algo ha fallado, de que la investigación académica, liberada de la mordaza a la que fue sometida durante la dictadura franquista y enormemente prolífica en estudios en la transición democrática no ha calado hasta los niveles básicos de la enseñanza, allí donde la mayoría de los ciudadanos adquiere el conocimiento de su historia reciente. Es como si, frente a los avances en la Biología, en las aulas continuase prevaleciendo la enseñanza del creacionismo o de los humores galénicos en Medicina.</p>
<p>La publicación del <em>Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia</em> no deja de ser un caro monumento —6,4 millones de euros aportados por los Ministerios de Educación e Industria— a una historiografía caduca y a la egolatría de alguno de sus inspiradores. Tampoco es la primera vez que la vetusta institución rinde un servicio al conservadurismo rancio: durante el mandato de José María Aznar y bajo la égida en el Ministerio de Educación de Esperanza Aguirre y Pilar del Castillo proporcionó munición para la renacionalización del currículum escolar, supuestamente amenazado por los nacionalismos periféricos, los localismos y la disolvente pedagogía moderna. Fue la época en que alguien del citado Ministerio se lució afirmando que en las clases de Historia había que enseñar quién, dónde, cómo y cuándo de los hechos, pero no las razones, que son controvertibles.</p>
<p>Como es conocido, el contenido de algunas de las reseñas biográficas aparecidas en los 25 tomos publicados (de un total previstos de 50) suscitó una enorme alarma en el gremio de los historiadores y en la sociedad en general. La obra que, en origen, debería ofrecer el canon informativo sobre los personajes que han protagonizado la Historia española a lo largo de los siglos mostró un perfil muy caracterizado para aquellos cuya biografía transcurrió en los años decisivos del siglo XX, los que van de la crisis de la Restauración y la República hasta el Franquismo, pasando por el hito fundamental de la guerra civil: una apreciación hagiográfica de los individuos vinculados al conservadurismo, la Iglesia o el Ejército tradicional, y marcadamente peyorativa para los ligados a posiciones republicanas y de izquierdas. </p>
<p>El paroxismo de esta óptica sesgada se alcanza en la reseña biográfica del general Franco, elaborada por un devoto Luís Suárez Fernández, medievalista de formación y responsable de la Fundación Francisco Franco. Todo un monumento a la parcialidad, la tergiversación y el empleo de sofismas para ocultar deliberadamente la naturaleza dictatorial del régimen político que imperó por la fuerza y la represión entre 1939 y 1975.</p>
<p>El escándalo trascendió del mundo académico y se convirtió en tema de debate social. Desde entonces, lo que empezó siendo motivo de crítica va camino de convertirse en objeto de chanza, a tenor de las supuestas medidas de corrección propuestas por el Ministerio sufragante, encabezado ahora por el impetuoso José Ignacio Wert. </p>
<p>Se propone la corrección de 31 biografías e incluso la redacción de una versión alternativa de las más polémicas. Es decir, si a usted no le complace la idea de un Franco “autoritario pero no totalitario” siempre podemos ofrecerle la del “dictador con las manos manchadas de sangre”. Si estamos extendiendo la lógica del mercado a la sanidad y a la educación, ¿por qué no a la pluralidad de productos historiográficos, y que el consumidor decida cuál es la verdad histórica que le queda a medida? ¿Se imagina el lector algo así en Alemania: “Tenemos dos biografías del Führer: Hitler, el genocida implacable, o Adolf, el mañoso acuarelista de paisajes vieneses”?</p>
<p>Todo lo que precede es el corolario de una atroz falta de conciencia colectiva sobre la trascendencia del conocimiento de nuestra Historia reciente. Ahora bien, cabe decir que, en este sentido, lo peor no es lo de la Academia. Más preocupante es lo que ocurre en la enseñanza obligatoria. En la actual ordenación de la ESO, la Historia reciente se imparte en el último curso. Tres horas semanales no son suficientes para completar un temario que abarca desde el siglo XVIII hasta hoy. </p>
<p>En la práctica, es probable que muchos estudiantes estén abandonando la escolarización sin un conocimiento adecuado de las raíces de la sociedad en que se insertarán como ciudadanos activos. Los libros de texto son una herramienta habitual en el aula. La mayoría se acogen a un modelo teleológico, en el que los acontecimientos se encadenan para conducir a un final previsible. La República y la guerra civil van emparejadas en una misma unidad didáctica. La República queda connotada como un periodo conflictivo cuyas contradicciones desembocan fatalmente en tragedia. Se emplea el término “bando” para referirse a las partes en guerra, como si el gobierno legítimo y los sediciosos estuviesen en plano de equivalencia. ¿Sería aceptable una lectura del 23–F que lo describiera como el choque de los bandos de Milans–Tejero–Armada, y el monárquico–constitucional? ¿Aceptaría la derecha democrática que la figura de Suárez fuera pintada con los trazos con que le caracterizó el búnker?</p>
<p>Con la cesura entre guerra civil y franquismo, este queda exonerado de su origen. Como si el franquismo no hubiera sido siempre el “Estado del 18 de julio” o, parafraseando a Clausewitz, la continuación de la guerra civil por otros medios. Sin embargo, según los manuales, tras una fase de aislamiento, implantó el desarrollismo gracias a su alianza con los EEUU. A partir de la Guerra Fría se suceden los hitos que hicieron eclosionar la democracia desde el seno del propio sistema. </p>
<p>El crecimiento económico sirvió para legitimar y reforzar al régimen, que poco a poco fue iniciando una reforma política, aunque muy tibia: La Ley Orgánica del Estado (1967), la Ley de Prensa de Fraga (1966)… Los gobiernos tecnócratas del Opus Dei impulsaron el crecimiento económico: España pasó, en afortunada y rancia imagen, “de la alpargata al 600”. Se nutrieron las clases medias que, primero como mayoría silenciosa y luego como base social del consenso, se constituirían, junto con el Rey, en los motores del cambio. El turismo contribuyó a relajar las costumbres y la rígida moral católica y la emigración al exterior abrió nuevas perspectivas a la mano de obra. La culminación del aperturismo fue el nombramiento de Juan Carlos de Borbón, en 1969, como sucesor de Franco a título de Rey. Colorín, colorado.</p>
<p>Episodios fundamentales de la memoria democrática quedan invisibilizados. Poco o nada leerán los estudiantes sobre exilio, maquis, resistencia en Francia, españoles en los campos nazis, cárceles y trabajos forzados, ejecuciones sumarísimas, depuración del magisterio, leyes de excepción y tribunales especiales, clandestinidad, persecución de otras religiones y de la objeción de conciencia, Ley de Peligrosidad Social, censura moral e intelectual, violencia en la transición, temas que deberían ser de obligado conocimiento para la correcta valoración del precio al que se consiguieron las libertades democráticas. Sobre estos auténticos protagonistas de aquella lucha que, si bien no pudieron lograr su objetivo de derribar a la dictadura, sí consiguieron erosionarla, primero, e impedir su perpetuación después, cae en los manuales escolares de nuestro sistema educativo el más impenetrable de los silencios.</p>
<p>Frente a este estado de cosas, un grupo de historiadores, especialistas en Historia Contemporánea en diversas áreas (política, social, económica y cultural) fuimos convocados por el editor Gonzalo Pontón a elaborar una respuesta al Diccionario de la Academia, así como a una visión manipulada de nuestro pasado como sociedad. El resultado es <em>En el combate por la Historia</em>, el volumen colectivo publicado por Pasado&#038;Presente que, más allá de su denominación comercial como Contradiccionario ha tratado de responder al espíritu del título tomado de la obra de uno de los grandes renovadores de la historiografía, Lucien Febvre. Junto con Marc Bloch, Febvre fundó la Escuela de Annales y planteó el estudio y la divulgación de la Historia como un compromiso del historiador con el mundo y la sociedad en la que vive. Bloch llevó este compromiso hasta sus últimas consecuencias, uniéndose a la Resistencia y siendo, por ello, fusilado por los alemanes en 1944. Los historiadores, los docentes tenemos que asumir la tarea de desvelar a los ciudadanos de mañana la realidad de nuestro pasado reciente. Es un imperativo no ya historiográfico, sino cívico.</p>
<p>Fuente:http://www.grundmagazine.org/2012/no-es-solo-la-academia-el-franquismo-en-los-textos-de-ensenanza-secundaria/</p>
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		<title>¿Vivían mejor los sindicatos bajo Franco?</title>
		<link>http://www.ruedoiberico.org/blog/2012/11/%c2%bfvivian-mejor-los-sindicatos-bajo-franco/</link>
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		<pubDate>Sat, 03 Nov 2012 16:24:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexión y discusión]]></category>
		<category><![CDATA[Actualidad política]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia y Justicia]]></category>
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		<description><![CDATA[Un viaje por el surrealismo cultural de la derecha española y su imaginario histórico
If old truths are to retain their hold on men´s minds, they must be restated in the language and concepts of successive generations. – The Constitution of Liberty, F.A. Hayek.
 
Álvaro Rein, SinPermiso, 29.4.2012
La pregunta que da título a este artículo puede parecer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un viaje por el surrealismo cultural de la derecha española y su imaginario histórico</p>
<p><em>If old truths are to retain their hold on men´s minds, they must be restated in the language and concepts of successive generations. – The Constitution of Liberty, F.A. Hayek.</em><br />
 <br />
<strong>Álvaro Rein</strong>, <em>SinPermiso</em>, 29.4.2012<span id="more-1516"></span></p>
<p>La pregunta que da título a este artículo puede parecer del todo ridícula para cualquier lector de esta publicación mínimamente informado sobre la historia del movimiento obrero bajo la dictadura franquista. Sin embargo, por increíble que parezca, el discurso antisindical -que afirma que los sindicatos han heredado del franquismo una posición privilegiada en la sociedad, cuyo precio lo pagan millones de parados condenados a permanecer excluidos del mercado laboral en democracia-, se halla fuertemente arraigado en la cultura política popular de la derecha española. Esta cultura ha salido a relucir recientemente con los mensajes públicos que lanzaban numerosas autoridades políticas del PP con ocasión de la última reforma laboral y la huelga general.</p>
<p>En unas recientes declaraciones en apoyo a la reforma laboral del PP, Esperanza Aguirre, por ejemplo, afirmaba que la reforma acababa con &#8220;el marco franquista&#8221; de relaciones laborales, y acusaba a los sindicatos de defender políticas &#8220;anticuadas, reaccionarias y antisociales&#8221;. </p>
<p>Nada refleja mejor esta concepción del mundo que un reciente artículo, en inglés, para <em>Bloomberg</em> de Ana Palacio. En él, la ex ministra de exteriores de Aznar y ex vicepresidenta del Banco Mundial, le explicaba a un público internacional cuál había sido, según ella, la verdadera condición de privilegio en la que vivían los trabajadores y los sindicatos bajo Franco mediante afirmaciones como ésta:<br />
<em>&#8220;La legislación laboral franquista ofrecía a los trabajadores una seguridad laboral de hierro y unos fuertes derechos de negociación colectiva. Estos eran elementos críticos de los sistemas de bienestar que fueron adoptados por regímenes fascistas o nacional socialistas que intentaban preservar la armonía social en Europa en ausencia de la democracia. Cambiar estos elementos ha sido una prueba crítica de la madurez de la democracia española desde su establecimiento en 1977 y los gobiernos sucesivos han fracasado en este intento. Al contrario de lo que se podría esperar, ha sido la izquierda política la que se ha opuesto más a cambiar leyes que fueron adoptadas bajo la dictadura fascista de Franco&#8221; </em>(1).</p>
<p>Si uno tuviese que basar su conocimiento de la historia de la Europa de posguerra en esta especie de &#8220;Cuéntame como fue&#8221; surrealista de la derecha española, podría llegar a pensar que el estado de bienestar en realidad lo inventó el fascismo. Que en los verdaderos estados de bienestar que se establecieron en las democracias de posguerra, en países como la Alemania Federal, Gran Bretaña, Francia o Italia, reinaba el despido libre, no existía la negociación colectiva y los sindicatos no jugaban ningún papel relevante, mientras que en la España de Franco sucedía todo lo contrario. Por lo visto, en el ideario político de Ana Palacio solo los regímenes fascistas promueven &#8220;seguridad en el empleo&#8221; y &#8220;sistemas de bienestar&#8221;, mientras que &#8220;democracia&#8221; debería de ser sinónimo de despido libre y libertad de contratación.</p>
<p>En realidad, este relato revisionista de la derecha española se apoya en una selección interesada de ciertos elementos históricos de las relaciones laborales durante un período concreto del Franquismo para tergiversarlos de manera interesada. El marco de relaciones laborales franquista no fue homogéneo durante los casi cuarenta largos años de dictadura, y con el paso del periodo autárquico al periodo de liberalización económica bajo el Plan de Estabilización, a finales de los años cincuenta, estas relaciones sufrieron importantes transformaciones.</p>
<p>En 1958 el régimen de Franco promulgó la famosa &#8220;ley de convenios colectivos&#8221; que rompía el monopolio del gobierno a la hora de fijar las condiciones laborales existente bajo el periodo de autarquía. Esta ley sentó una de las bases para la liberalización de la economía bajo el plan de estabilización. Al contrario de lo que predica Ana Palacio, en aquel contexto histórico, el marco de relaciones laborales regido por convenios colectivos fue introducido por el franquismo precisamente para facilitar la liberalización de la economía, tratando de adaptar los salarios a la productividad, tal y como hoy pretende la CEOE.</p>
<p>Sin embargo, los convenios colectivos fueron introducidos por el franquismo en un marco normativo en el que no se reconocía la existencia de las partes en las relaciones laborales y por tanto, tampoco su autonomía. De este modo, los convenios se negociaban en el seno de la Organización Sindical Española (OSE), el Sindicato Vertical que integraba obligatoriamente tanto a patronos como a obreros en un mismo sindicato controlado por el estado. Los convenios colectivos se introdujeron para flexibilizar la fijación de los salarios y los horarios de trabajo y adecuarlos mejor a las condiciones productivas de las empresas. En realidad, un paso en la misma dirección en la que ahora quiere avanzar el PP, descentralizando la negociación colectiva aún más para dar más peso a los convenios de empresa.</p>
<p>Lo que Ana Palacio, por supuesto, olvida convenientemente decir en su artículo es que este &#8220;fantástico&#8221; marco de negociación colectiva franquista excluía la libertad sindical, la representación independiente de los intereses de los trabajadores gracias a esa libertad sindical y el derecho de huelga.  Puede que yo no haya recibido una educación política tan sofisticada como la de Ana Palacio, pero la pretendida validez de cualquier concepto de &#8220;negociación colectiva&#8221;  sin libertad sindical y sin derecho de huelga se me antoja cuanto menos surrealista.</p>
<p>Ana Palacio dice también en su artículo de <em>Bloomberg:<br />
&#8220;El bando franquista introdujo los fundamentos de la legislación laboral actual en 1938. Esa legislación estaba influida por la Carta del Lavoro de Mussolini y fue complementada con revisiones en los años cuarenta, sesenta y en los setenta. Gran parte de esa legislación se mantiene en vigor hoy.&#8221;</em></p>
<p>Ana Palacio se refiere aquí al Fuero del Trabajo de 1938, de inspiración fascista, que se convirtió en una de las leyes fundamentales del franquismo. Pero se olvida de mencionar que esta ley fue derogada con la entrada en vigor de la Constitución democrática de 1978. Tampoco menciona que el Estatuto de los Trabajadores de 1980 y la Ley Orgánica de Libertad Sindical de 1985 reemplazaron la legislación laboral franquista. </p>
<p>La legislación laboral de la democracia esta fundada sobre la Constitución de 1978, que en su artículo 28 protege la libertad sindical y el derecho de huelga: <em>&#8220;Todos tienen derecho a sindicarse libremente. (…) La libertad sindical comprende el derecho a fundar sindicatos y a afiliarse al de su elección, así como el derecho de los sindicatos a formar confederaciones y a fundar organizaciones sindicales internacionales o afiliarse a las mismas. Nadie podrá ser obligado a afiliarse a un sindicato. (…) Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses.&#8221;</em></p>
<p>El artículo 2 del capitulo XI del Fuero del Trabajo franquista, sin embargo, decía sobre actos como el derecho de huelga: &#8220;2.- Los actos ilegales, individuales o colectivos, que perturben de manera grave la producción o atenten contra ella, serán sancionados con arreglo a las leyes.&#8221;</p>
<p>Asimismo, todo el Capitulo XIII del Fuero del Trabajo franquista se basaba en la negación de la libertad sindical, al obligar explícitamente a los trabajadores a encuadrarse en un solo sindicato controlado por el estado, la Organización Sindical, junto a los empresarios. El Fuero del Trabajo, en suma, respondía a una concepción coercitiva del trabajo, que era considerado como un deber.</p>
<p>Por lo tanto, es ridículo afirmar, como hace Ana Palacio, que una legislación laboral basada en la libertad sindical y el derecho de huelga esta fundamentada en otra cuyos principios fundamentales niegan estas dos libertades esenciales para el ejercicio del derecho de los trabajadores a defender sus intereses. </p>
<p>Asimismo, de ninguna manera se puede afirmar que la legislación protectora del trabajo surgió en el franquismo, como viene a sugerir Palacio. Por el contrario, en España esa legislación arranca a finales del siglo XIX, con la Comisión y luego el Instituto de Reformas Sociales y cristaliza al fin en un corpus de Derecho del Trabajo en –vaya, otra vez- la Segunda República. Muy al contrario, el franquismo se funda, precisamente, en el exterminio de las organizaciones libres de los trabajadores, en la persecución feroz de sus miembros y dirigentes y en la erradicación completa de los derechos colectivos del trabajo.</p>
<p>A propósito de la &#8220;seguridad laboral de hierro&#8221; que según Ana Palacio ofrecía el franquismo a los trabajadores:  esa &#8220;seguridad&#8221; en realidad desaparecía en dos minutos cuando se trataba de despedir o encarcelar a trabajadores que se atrevían a protestar por sus condiciones de trabajo. Cárcel, despido libre y despido exprés era lo que ofrecía también el marco laboral franquista a los enlaces sindicales infiltrados en el Sindicato Vertical por unas Comisiones Obreras (CC OO), situadas primero fuera de la legalidad y más tarde declaradas explícitamente ilegales por el franquismo, cada vez que esos delegados eran elegidos por los trabajadores para negociar en favor de sus intereses los convenios colectivos. Es decir, que cuando los trabajadores se atrevían a negociar verdaderamente sus convenios, la libertad de despido funcionaba repentinamente de manera bien &#8220;flexible&#8221;, mucho más que bajo la democracia actual.</p>
<p>Ana Palacio tampoco menciona que aunque hubiese convenios colectivos bajo el franquismo, cuando el gobierno de la dictadura consideraba que los trabajadores intentaban aprovecharse de su marco de negociación colectiva para verdaderamente defender sus intereses, a menudo anulaba los acuerdos alcanzados mediante las llamadas &#8220;Normas de Obligado Cumplimiento (NOC)&#8221;, que imponía el gobierno sobre lo negociado en el convenio. Estas NOCs fueron aumentando en frecuencia según iba avanzando el movimiento obrero ilegal, pero independiente, de CC OO que conseguía imponerle a los empresarios convenios más favorables para los trabajadores. Cuando esto sucedía, el gobierno y el Sindicato Vertical simplemente encarcelaban o despedían a todos los enlaces ilegales de CC OO e imponía sus NOC. Es precisamente en este punto el gobierno Rajoy el que ha reinstaurado las NOC franquistas en la negociación colectiva, a través de la Reforma Laboral. Ha sido con ocasión del actual conflicto de los pilotos de Iberia cómo han sido restauradas en la práctica.</p>
<p>Por ejemplo, después de la oleada huelguistica de 1967, y de los avances de CC OO en la elecciones sindicales de ese año, la represión franquista contra los trabajadores volvió a sus andadas y según el historiador Álvaro Soto Carmona:<br />
<em>&#8220;Desde 1969 la represión fue en aumento y era frecuente la detención de los cargos sindicales cuando se producía una huelga en la fábrica que los había elegido. Entre octubre de 1971 y diciembre de 1972 fueron dados de baja por «extinción de contratos» más de diecisiete mil enlaces; renunciaron más de seiscientos y fueron desposeídos de sus cargos veinticinco. En ocasiones los trabajadores denunciaron la represión ante la OIT&#8221;</em> (2).</p>
<p>En realidad el mercado laboral franquista era mucho más flexible de lo que se imagina Ana Palacio cuando de lo que se trataba era de despedir a trabajadores que intentaban mejorar sus condiciones de trabajo. Porque a lo hasta ahora dicho debe añadirse que la legislación franquista –las Reglamentaciones de Trabajo-, así como los Reglamentos de Régimen Interior de las Empresas autorizados por la autoridad laboral, consagraba un brutal desequilibrio de poder entre el empresario y el trabajador, que hacía del primero el señor absoluto dentro de la empresa. Y es precisamente hacia esa situación franquista en las relaciones laborales franquistas hacia donde la reciente Reforma Laboral se ha dirigido a toda máquina. En segundo lugar, más allá de la legislación laboral franquista, bajo la dictadura existió un colosal mercado de trabajo negro, que afectó a hombres y mujeres durante los primeros veinte años y a éstas últimas a lo largo de toda la dictadura. Y, como se sabe, en el mercado de trabajo negro se carece de derechos.</p>
<p>Pero después de todo esto, lo que a uno realmente le entran ganas de preguntar es donde estaban Ana Palacio y sus amigos del PP en 1973 durante el proceso 1.001, abierto por el franquismo contra la cúpula sindical clandestina de CC OO, o cuando ametrallaban a los trabajadores a la salida de una asamblea en la iglesia de San Francisco en marzo de 1976 en Vitoria. ¿Dónde estaban ellos en julio de 1970 cuando la policía franquista asesinaba a tiros a tres trabajadores huelguistas en Granada porque los trabajadores de la construcción se movilizaban para negociar un convenio? ¿Dónde estaban en marzo de 1972 cuando la policía franquista asesinaba a tiros a dos trabajadores huelguistas de CC OO en el Ferrol, delante del actual secretario confederal de CC OO? ¿Dónde estaban ellos cuando se sucedían las palizas y los asesinatos que sufrían los trabajadores cada vez que se les ocurría reclamar algo?  Quizás estos son los auténticos ejemplos de &#8220;lo bien&#8221; que se llevaba la negociación colectiva y el marco de relaciones laborales bajo el régimen franquista, que a Ana Palacio y al PP no le interesen hoy recordar.</p>
<p> <br />
<strong>Notas:</strong>  </p>
<p>(1) Ana Palacio, &#8220;Spain&#8217;s Wilting Economy Still Held in Franco&#8217;s Grip&#8221;, <em>Bloomberg</em>, 17 de abril, 2012 http://www.bloomberg.com/news/2012-04-17/spain-s-wilting-economy-still-held-in-franco-s-grip.html </p>
<p>(2) Álvaro Soto Carmona &#8220;No todo fue igual. Cambios en las relaciones laborales, trabajo y nivel de vida de los Españoles: 1958-1975&#8243; http://www.vientosur.info/documentos/Relaciones%20laborales%20bajo%20el%20Franquismo.pdf</p>
<p>Alvaro Rein es un analista económico que colabora habitualmente en <em>Sin Permiso</em> con artículos sobre los mercados financieros, la UE y China.</p>
<p>Fuente: www.sinpermiso.info, 29 abril 2012</p>
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		<title>España en quiebra</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Oct 2012 12:10:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexión y discusión]]></category>
		<category><![CDATA[Actualidad política]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia y Justicia]]></category>
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		<description><![CDATA[Xavier Díez Rodríguez, 20.10.2012
Todos los países pasan, a lo largo de su existencia, por situaciones límite. Y ante esos contextos inesperados y peligrosos, unos salen reforzados, mientras que otros acaban descompuestos y divididos. Un ejemplo poco conocido de los primeros es la Finlandia de principios de los noventa, cuando la URSS, principal socio comercial, acabó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Xavier Díez Rodríguez</strong>, 20.10.2012</p>
<p>Todos los países pasan, a lo largo de su existencia, por situaciones límite. Y ante esos contextos inesperados y peligrosos, unos salen reforzados, mientras que otros acaban descompuestos y divididos.<span id="more-1513"></span> Un ejemplo poco conocido de los primeros es la Finlandia de principios de los noventa, cuando la URSS, principal socio comercial, acabó colapsada. Entonces la frágil y escasamente desarrollada economía finlandesa perdió en poco tiempo un cuarto de su riqueza nacional y llegó a unos niveles de desocupación sin precedentes. Tras un pacto de rentas, un reparto equitativo de los sacrificios y una apuesta decidida por la educación y las nuevas tecnologías consiguió en menos de una década convertirse en un referente económico mundial y una sociedad emergente.</p>
<p>Lamentablemente, ese no parece el destino de España. Ahora, la antigua potencia imperial encara una de esas situaciones límite, pero no ofrece indicios saber gestionar este contexto excepcional adecuadamente. La contestación social se multiplica. La política parece invocar a los fantasmas de la guerra civil. La memoria se convierte en un espacio de confrontación. La secesión de vascos y catalanes ha pasado de ser una hipótesis remota a una posibilidad real. Mientras tanto, se extiende un ambiente de desconfianza mutua, de rabia y desesperación, de odio y resentimiento.</p>
<p>¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Quizá la pregunta esté mal formulada. Sería más adecuado interrogarse sobre el porqué ha tardado tanto en estallar este conflicto “multiorgánico” que parece poner en cuestión la propia existencia de la antigua metrópolis tal como la conocíamos. Para intuir una explicación, es necesario centrarse en origen de la democracia constitucional instaurada tras un tortuoso proceso de Transición, entre 1975 i 1982 cuyo éxito resultó ser más aparente que real.</p>
<p>Probablemente el público latinoamericano recordará que durante los ochenta y parte de los noventa España trataba de vender su Transición a la democracia como un modelo a exportar, especialmente a aquellos estados americanos que salían de dictaduras militares y a los países del este de Europa escapados de la tutela soviética. Sin embargo, ese proceso, como la mayoría de los historiadores coincidimos, ni fue modélico, ni pacífico (hubo más de 600 muertos en el periodo), ni transparente, ni, sobre todo, consiguió resolver los conflictos seculares que España venía arrastrando desde su insuficiente integración a la modernidad. De hecho, el franquismo no hizo otra cosa que agravarlos. Y las asignaturas pendientes pueden resumirse en tres; una cultura democrática de baja calidad, unas diferencias sociales extremas y una reiterada incapacidad de administrar la diversidad nacional. La terrible guerra civil no fue otra cosa que un conflicto plural entre estas contradictorias concepciones sociales, políticas y nacionales, y el hecho que fueran los grupos más anclados en el pasado quienes salieron victoriosos, no hizo otra cosa que mantener larvados los conflictos en el presente.</p>
<p>A pesar de ello, a la joven democracia española le sentaron bien los ochenta y noventa. Aunque la Transición se fundó en una especie de consenso tácito por el cual los franquistas conservaban todos sus privilegios, mientras que se permitía a la oposición menos exigente participar en el poder, el contexto de libertades y la coyuntura internacional permitieron un cierto crecimiento y expansión, libres de las cortapisas de la dictadura. Mediante impuestos indirectos (las grandes fortunas provenientes de la dictadura siguieron esquivando al fisco) se expandió el gasto social sin que a su vez se ampliaran las entradas. El ingreso en la Unión Europea inundó de recursos económicos (fondos de cohesión y las subvenciones a la agricultura) al estado. Pero demasiado a menudo éste se dilapidó en obras de dudosa utilidad (tren de alta velocidad, exposiciones universales, olimpiadas, quintos centenarios,…) o enriqueciendo a los muy ricos (la duquesa de Alba ha sido la principal receptora de fondos agrícolas de la UE). Por otra parte, y a pesar de que surgió en España una generación muy bien formada, las viejas élites torpedearon cualquier intento de modificar el sistema productivo español, puesto que cualquier cambio de estructura económica habría cuestionado su estatus dominante. En cierta manera, la gran burbuja especulativa de la vivienda se explica por esta razón. Las clases dirigentes tradicionales, descendientes de la vieja aristocracia terrateniente y la oligarquía financiera, fueron el gran aspirador de recursos de este período. Para conseguir una cierta legitimidad social, ampliaron sus redes clientelares en la administración, y sobre todo en el entramado de empresas privatizadas que habían sido antiguos monopolios estatales. Es así como se explican las características de las inversiones de muchas empresas españolas en Latinoamérica, su arrogancia, prepotencia e incapacidad de administrar correctamente sus intereses.</p>
<p>Precisamente durante los noventa, la antigua derecha franquista (que tiene mucho que ver con el “liberalismo de antiguo régimen”), se rearmó moral y políticamente. Con un joven José María Aznar como líder, y gracias al aparente desarrollo del país, se lanzó a una política de intentar recuperar el antiguo  (y supuesto) prestigio imperial español, mediante una agresiva expansión internacional de los negocios y un alineamiento incondicional con los Estados Unidos. Pero también a reinventarse desde un punto de vista político, con una extraña combinación de viejo conservadurismo (que en España posee fuertes tintes autoritarios), neoliberalismo y nacionalismo (que se traduce en una política de hostigamiento contra la autonomía de vascos y catalanes). Las consecuencias fueron las de ir rompiendo viejos consensos. Una democracia muy frágil, con enfrentamientos continuos y formas toscas, una extensión de la corrupción (a la que también se apuntaron socialistas y nacionalistas periféricos), un crecimiento del independentismo y una profundización de las desigualdades sociales. De hecho, en los períodos de crecimiento económico, basado en actividades especulativas o de escaso valor añadido, España empezó a importar mano de obra extranjera en momentos de paro elevado.</p>
<p>La crisis económica, a raíz de haber apostado por este modelo anacrónico, hace estallar los viejos conflictos no resueltos. Y la forma cómo se está administrando el problema, no hace otra cosa que agravarlos. Las divisiones internas, de orden político, social, y nacional, y la manera escasamente equitativa sobre el modo en el que se están realizando los sacrificios están llevando a España a una situación límite. A diferencia de Finlandia, todos desconfían de todos, y cada sector empieza a pasar de expresar indignación a experimentar rabia. El hecho es que asistimos a un empobrecimiento desigualitario, en el que unas frágiles clases medias que habían accedido al consumo durante un par de décadas, pierden sus trabajos o temen perderlos. Que, sin haber disfrutado de un verdadero estado del bienestar, son conscientes de su fragilidad y orfandad política. Que incluso aquellos sectores que se habían beneficiado de las redes clientelares, perciben que nadie les protege. Que el barco se hunde, mientras que hay rumores ciertos que quienes viajaban en primera se han quedado todos los botes salvavidas. Que muchos ven en la independencia (según una reciente encuesta más de la mitad de vascos y catalanes votarían sí en un referéndum secesionista) una oportunidad de salir de esta situación desesperada. En resumen, que nos hallamos en una situación explosiva.  Y que más allá de un cierto nacionalismo emocional y futbolero, España no es una nación, en el sentido que pocos creen ya en un proyecto común. Lo que se traduce en una “quiebra técnica”, más de orden moral que estrictamente económica.</p>
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		<title>“Éramos esclavos y nada más&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Oct 2012 15:34:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En su investigación sobre los crímenes del franquismo, la jueza María Servini de Cubría aborda el trabajo forzado para grandes obras de la dictadura y empresas importantes
A. del Campo, elplural.com, 6.8.2012
Desde el comienzo del golpe militar los franquistas crearon centros de detención para los prisioneros. Muchos estaban confinados de modo preventivo a la espera de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En su investigación sobre los crímenes del franquismo, la jueza María Servini de Cubría aborda el trabajo forzado para grandes obras de la dictadura y empresas importantes</p>
<p><strong>A. del Campo</strong>, <em>elplural.com</em>, 6.8.2012<span id="more-1510"></span></p>
<p>Desde el comienzo del golpe militar los franquistas crearon centros de detención para los prisioneros. Muchos estaban confinados de modo preventivo a la espera de que se dilucidaran sus &#8220;responsabilidades&#8221;. Entre ellos había personas detenidas por cuestiones ideológicas o por simples diferencias personales. De modo gradual estos centros se convirtieron en campos de concentración y después se transformaron en un vivero de auténticos esclavos utilizados para la realización de grandes obras de construcción por el Estado y empresas privadas. Así lo denuncia el sindicato CGT en la querella que estudia la jueza argentina María Servini de Cubría que llegará a Madrid en septiembre.</p>
<p>Para administrar esta mano de obra gratuita se creó el 11 de octubre de 1938 el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo (PCRPT) que luego se llamaría de Nuestra Señora de La Merced. Lo presidía el Jefe del Servicio Nacional de Prisiones y en el figuraban funcionarios de prisiones, del servicio nacional de Prensa y Propaganda, un eclesiástico, un contable, varios ingenieros, auditores generales de los tres ejércitos y de los organismos públicos que más trabajadores empleaban, como el Servicio Nacional de Regiones Devastadas, la Compañía de Caminos de Hierro del Norte, empresas ferroviarias intervenidas y el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas. </p>
<p>De los máximos responsables “creemos que aún puede haber personas vivas”, dice Cecilio Gordillo representante de CGT-Andalucía, sindicato que se ha sumado a la querella y que, a través de su sección de Recuperación de la Memoria Histórica, administra la página web: <a href="www.todoslosnombres.org.">www.todoslosnombres.org.</a></p>
<p><strong>Pantanos, carreteras y empresas privadas</strong> <br />
“Más de 200.000 presos pasaron por ‘trabajos forzados’ en algún momento de su vida carcelaria desde 1938 hasta principio de los años sesenta. El mayor número se registró en los primeros años de la posguerra (1940-1945) y estuvieron presentes en todos los ámbitos del mundo del trabajo. En sectores como la minería y la construcción, los presos fueron imprescindibles para poner en marcha estas actividades. El número de pantanos construidos e inaugurados por Franco, sin la mano de obra esclava, hubieran sido muchos menos. Lo mismo que las líneas férreas, carreteras, aeropuertos hubieran tardado bastantes años más en entrar en funcionamiento, todas las instituciones del Estado, así como la iglesia y un importante número de grandes, medianas e incluso pequeñas empresas e individuos, se beneficiaron de la existencia de este tipo de presos”, continúa Gordillo, quien cita como ejemplo “a Dragados y Construcciones o Entrecanales y Tavora”. Entre las grandes obras que realizaron los presos se cuenta el Valle de los Caídos.</p>
<p><strong>La empresa paga y el Estado “administra”</strong><br />
 Gordillo explica: “Los trabajos de los presos eran de todo tipo. Desde los más duros en la minería y la construcción, hasta la restauración de obras de arte o en arqueología. Un día de trabajo, redimía dos días de pena. Por cada día de trabajo, el Estado cobraba una cantidad a la empresa donde trabajara el preso, y el Estado (no siempre se cumplía) “pagaba” una cantidad a la familia del preso, dependiendo si estaba casado (por la iglesia) y/o tenia hijos (bautizados) con un máximo establecido. A cambio, el Estado le cobraba al preso la comida y la ropa. Si al final le quedaba algo, se le ingresaba en una cartilla de correos que le entregaban cuando salía en libertad (aunque “aconsejaban” que era mejor no pasarse a recoger ese dinero)”.</p>
<p><strong>Hambre y estraperlo </strong><br />
¿Cuántas personas murieron allí? El representante de la CGT apunta: “Pasaron enfermedades y hambre. Mucha de la comida destinada a los campos de concentración terminaba siendo comercializada (estraperlo) por los militares y funcionarios encargados del control. Sabemos que los presos que caían enfermos eran trasladados a las prisiones para ser tratados o para que murieran allí, así no eran achacables –estadísticamente- a los campos ni a los trabajos forzados, por ello es difícil saber con un mínimo de garantía el número de fallecidos”. La mayoría del territorio de España, e incluso Marruecos está lleno de puntos donde intervinieron los presos.</p>
<p><strong>“Vendían la comida los sinvergüenzas”</strong><br />
 José Barajas Galiano con 91 años, lo recordaba así en los testimonios publicados por la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia: “Los batallones… Allí fue peor que en la guerra… éramos esclavos y nada más…. Nos habían llevado allí para ‘trabajar’ en la carretera que querían hacer atravesando los Pirineos desde Girona a Irún. (…) Pasamos mucha hambre porque el alférez y el cabo (los muy sinvergüenzas) vendían la comida que era para el batallón: aceite, garbanzos, todo lo que podían…</p>
<p><strong>“Nos pegaban a muerte” </strong><br />
Barajas prosigue en sus recuerdos: “Comíamos hierbas cocidas. Si nos veían coger hierbas y comerlas, nos pegaban patadas con aquellas botas, y golpes con palos. Muchos palos, muchos. Nos pegaban por cualquier cosa, pero a lo duro, a muerte. Cada vez que me acuerdo… murieron muchos compañeros, muchos. Por la noche, como podíamos, nos arrimábamos unos a otros y así nos calentábamos. Cuántas veces al llegar la luz del día, te encontrabas a algún compañero que se había quedado tieso durante la noche. Así era, sabíamos cuántos nos íbamos a dormir, pero no cuántos nos despertaríamos al día siguiente”.</p>
<p><strong>Listas negras </strong><br />
La vida de estas personas tras su puesta en libertad fue dura. “Durante la dictadura muchos estuvieron fichados y por lo tanto ‘las listas negras’ estaban a la orden del día, así como los certificados de penales y de buena conducta formaban parte de lo cotidiano. Haber estado preso, o simplemente detenido, significaba un estigma en todas las facetas de la vida (acceso a los mínimos servicios públicos; viviendas, colegios, universidades, trabajo, pasaportes…”</p>
<p><strong>Miedo a empresas importantes </strong><br />
CGT se sumó a la causa del juzgado número 5 de la Audiencia Nacional abierto por el juez Baltasar Garzón a quien entregaron 22.400 nombres de asesinados y ahora se han personado en la querella de Argentina. Desde el año 2000 estuvieron buscando en España gabinetes jurídicos dispuestos a pleitear con el Estado por este asunto. “Creemos que los nombres de muchas e importantes empresas y “personajes” echaron para atrás a más de uno. Otros no estaban dispuestos a enfrentarse a lo que significa la transición y la ‘ley de punto final’ que es la Amnistía de 1977″.</p>
<p><strong>Trama civil, militar y empresarial </strong><br />
Gordillo opina en cuanto a los responsables que “fue tal el número de personajes del régimen (trama civil, funcionarios y militares) como de empresarios y terratenientes, que es muy difícil creer que todos hayan desaparecido”. En cuanto a la querella, afirma: “Soy pesimista dado los resultados obtenidos, hasta ahora, en España y Estrasburgo. Siempre hemos perseguido, con este tipo de actuaciones, conseguir que la verdad, la justicia y la reparación, no sean tres palabras vacías de contenido al final de una frase”.</p>
<p>Fuente:http://www.elplural.com/2012/08/06/eramos-esclavos-y-nada-mas-nos-pegaban-por-cualquier-cosa-pero-a-lo-duro-a-muerte/</p>
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		<title>18 de julio de 1936: una sublevación militar con ayuda fascista</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Oct 2012 15:23:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>coordinadora</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexión y discusión]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>

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		<description><![CDATA[Angel Viñas. SinPermiso, 22.7.2012
El 1 de julio de 1936, el Gobierno de Mussolini firmó cuatro contratos por los que se comprometía a suministrar aviones y armas a los insurgentes españoles. Faltaban diecisiete días para la rebelión
Se acerca lo que durante la dictadura fue la “Fiesta Nacional”. Es el momento de dar a conocer algunos pormenores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Angel Viñas</strong>. <em>SinPermiso</em>, 22.7.2012</p>
<p>El 1 de julio de 1936, el Gobierno de Mussolini firmó cuatro contratos por los que se comprometía a suministrar aviones y armas a los insurgentes españoles. Faltaban diecisiete días para la rebelión<span id="more-1508"></span></p>
<p>Se acerca lo que durante la dictadura fue la “Fiesta Nacional”. Es el momento de dar a conocer algunos pormenores que rodearon el “18 de Julio”. No gustarán a franquistas, neofranquistas, conservadores y neoconservadores. Menos aun a los “historiadores patrióticos”. Hay que reescribir un pelín la conspiración, los antecedentes del golpe y revalorizar, sobre todo, la conexión fascista.</p>
<p><strong>Hechos</strong> </p>
<p>a) El 1º de julio de 1936 se firmaron en Roma cuatro contratos. Detallaban el material que los italianos se comprometieron a suministrar a los futuros insurgentes. El primero fue el más importante: recayó sobre 12 aviones Savoia-Marchetti 81, bombas, carburantes y productos varios de aviación. Ascendió a 16.246.750,55 liras. Los aviones constituían la parte del león (14.400.000 liras). El lote debía entregarse en el mes de julio.</p>
<p>b) Los otros contratos abarcaron aviones, explosivos, municionamiento y diversos materiales, extremadamente detallados en larguísimos anexos. Debían entregarse antes de finales de agosto. Lo más significativo fueron los primeros: 24 Fiat CR 32, los famosos chirris; 3 hidroaviones de caza Macchi 41 y otros 3 SM 81.</p>
<p>c) El importe de los cuatro contratos ascendió a 39,3 millones de liras. Los precios se especificaron pormenorizadamente. Aplicando los tipos de cambio utilizados en uno de los pagos parciales, ello equivalía a 615.987 libras esterlinas, de las cuales 362.915 correspondían a los 42 aviones. Expresado en pesetas de la época los compromisos representaban unos 22.5 millones. Hoy, aplicando la fórmula utilizada por el profesor José Ángel Sánchez Asiaín, los suministros contratados supondrían al menos 337 millones de euros.</p>
<p><strong>Implicaciones</strong></p>
<p>La determinación del material y de sus precios tuvo que llevar tiempo. Los contactos operativos que desembocaron en los contratos debieron establecerse tras las elecciones de febrero de 1936. No había motivo para hacerlo antes. Probablemente, y como es habitual, en las negociaciones habría un toma y daca. Tuvieron lugar en Roma. Los nombres de los negociadores son desconocidos, pero entre ellos hubo aviadores italianos y probablemente españoles.</p>
<p>Mussolini entendió su apoyo en una clave ofensiva contra la República que databa, según Heiberg, de 1931. Esto revela el carácter agresivo de su política exterior. Acababa de demostrarla con éxito en Abisinia. Una España amiga le permitiría, por su posición geoestratégica, aspirar a la hegemonía en el Mediterráneo occidental. El Duce, que ya se aproximaba velozmente a Hitler, se disponía a sentar las bases para agredir, en su momento, a las decadentes democracias. </p>
<p>Las elucubraciones de historiadores como Renzo de Felice y sus numerosos seguidores, que la caracterizaron de “oportunista”, deben descartarse. Los contratos dan la razón, por el contrario, a las interpretaciones de Mauro Canali, Lucio Ceva, John Gooch, Morten Heiberg, MacGregor Knox, Robert Mallet o Brian Sullivan. (El lector no encontrará demasiadas referencias a estos autores entre nuestros historiadores “patrióticos”).</p>
<p>Del lado español, es obvio que los conspiradores no retrocedían ante una guerra. La composición de los 42 aviones contratados, en general muy superiores a la aviación gubernamental, permitía combinar tres tipos de operaciones: de bombardeo, de transporte y de caza. También proteger ciertos territorios. Nos inclinamos a pensar que se trataba de las Baleares. Actividades, no es necesario subrayarlo, que eran estrictamente bélicas.<br />
¿Quiénes lograron tan significativo éxito? Podemos eliminar a los falangistas (hiperexaltados en cierta literatura). También a los políticos de la CEDA (que se concentraron en otras actividades como las de excitar a la opinión pública y, en frase inmortal de Gil Robles, “desgastar a las izquierdas”). Sabemos que no fueron los carlistas. ¿Quiénes quedan? Algunos militares, que aportarían su know-how técnico, y sobre todo los monárquicos: la gente de Renovación Española y del Bloque Nacional. Con nombres y apellidos: Joaquín Calvo Sotelo, Antonio Goicoechea, Pedro Sainz Rodríguez. Los que gravitaban en torno a la revista Acción Española. Quienes predicaban la “contrarrevolución” y se preparaban para la guerra pura y dura. Los que durante años habían amamantado cuidadosamente los contactos con los italianos. Quienes no temían adentrarse por la vía fascista, como anunció orgullosamente Calvo Sotelo el 14 de junio en las Cortes. Precisamente cuando Goicoechea escribió a Mussolini pidiendo dinero. Por si las moscas.</p>
<p>Podemos tranquilamente dejar de lado a Luis Antonio Bolín y sus omnipresentes mentiras. Al igual que en la operación del Dragon Rapide, se autopresentó como un superman. Él solito habría detonado la ayuda italiana, camelo que se ha creído más de algún autor. Hasta ahora.</p>
<p>La realidad no fue la prevista. Los planes monárquicos se cumplieron en lo instrumental. Tan pronto como Goicoechea y Sainz Rodríguez se desplazaron a Roma el 24 de julio despejaron las incógnitas que habían hecho dudar a Mussolini durante varios días. Sus espías militares le habían informado desde Tánger que el golpe se hacía bajo la dirección de un desconocido general, Francisco Franco. ¡Pero nadie había negociado por Franco en Roma! Aclarada la cuestión, los 12 SM prometidos emprendieron raudos el vuelo hacia Marruecos, más fácil de alcanzar que Burgos. Aterrizaron solo 9. Mussolini cumplió a rajatabla y en plazo el primer contrato. También cumplió los otros, adaptándolos a las nuevas circunstancias de guerra.</p>
<p>¿Y Mola? Atascado en Burgos y desesperado. Las cosas no le habían salido como había previsto. No avanzaba hacia Madrid. Necesitaba aviones. Afirmó (en contra de la máxima de que a nadie le desagrada una perita en dulce) que no era para ganar la superioridad aérea. Lo que quería era aviones para apoyar las tropas de tierra, que podrían desmoralizarse fácilmente en cuanto se las bombardease, aunque fuera con bombitas. El conde de los Andes salió disparado a Roma a convencer a los italianos.</p>
<p>Este episodio no es anecdótico. Le otorgamos un interés relevante. Mola estaba dispuesto a adquirir aviones a cualquier precio. Tal era el inequívoco mensaje. Los italianos lo entendieron y cumplieron a rajatabla su deseo. No gustará a los historiadores neofranquistas que comparemos los precios de los aviones contratados el 1º de julio de 1936 con los suministrados al simpar Caudillo a lo largo de la guerra. Muestran un notable aumento. Los SM pasaron de 1,2 millones de liras por unidad a un máximo de 2 millones, con precios intermedios entre 1,35 y 0,954 millones según los niveles de equipamiento. Los chirris, valorados en los contratos a 175.000 liras (9 lo fueron a 250.000 porque tendrían un equipo superior), ascendieron hasta 664.000. Y ¿qué hizo Franco? Tragárselos. Como también se tragó los sobreprecios cargados por los nazis, siempre tan pulcros y aseados. (El lector debe saber que este reproche del trágala lo hacen algunos autores a los republicanos en relación con los precios soviéticos, aunque ninguno de ellos ha querido advertir que estuvieron en línea con los cargados a Franco, a pesar de partir de supuestos de atribución de costos de producción radicalmente diferentes).</p>
<p>Con la muerte violenta del “proto-mártir” Calvo Sotelo, el accidente mortal de Sanjurjo, el estancamiento de Mola y el fulgurante ascenso de Franco, supuesto general monárquico, los planes restauradores de Renovación Española y del Bloque Nacional no fructificaron. Se contentaron con lo que, en el fondo, más les importaba: anular las reformas económicas, sociales, educativas, políticas y culturales republicanas. Ni siquiera fueron capaces de reconocer su mayor logro: el haber apalabrado la ayuda fascista antes del 18 de julio. Si Alfonso XIII, en Roma, había estado al corriente de las negociaciones, lo cual es verosímil, tampoco dijo ni pío. Algunos, eso sí, maldijeron de Franco de puertas adentro. A Goicoechea Franco le compró con la suculenta prebenda de gobernador del Banco de España. Sainz Rodríguez, ministro de Educación Nacional, echó la vista hacia la España católica, imperial y sobre todo reaccionaria como modelo a emular.</p>
<p>Las interpretaciones propaladas en general por los republicanos (que presentan la sublevación como un golpe militar fascista o la guerra civil como una defensa contra el fascismo) se aproximan más a la realidad documentable que las de la derecha (un golpe para impedir que España cayera en los abismos del comunismo). Todavía algunos de sus prohombres continúan creyendo tal camelo.</p>
<p>Coda. Se ha defendido la no desclasificación de millares de documentos militares entre otras razones para no “perjudicar” las relaciones diplomáticas. Desvelar la fría agresión italiana, que es lo peor que un país puede hacer a otro, no dañará las relaciones con Italia. Un Gobierno temeroso del pasado y que tampoco se fía de sus ciudadanos da que pensar. En la Unión Europea, tras tantos años, España vuelve a ser diferente.</p>
<p>Ángel Viñas es historiador y catedrático emérito de la UCM. Este artículo adelanta  una investigación en curso.</p>
<p>Fuente:http://elpais.com/elpais/2012/06/14/opinion/1339679956_048174.html</p>
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