Gabriel Jackson - Breve historia de la guerra civil de España

Roberto Mesa Garrido

Gabriel Jackson
The Spanish Republic and the Civil War 1931-1939

Princeton University Press, 1965, 578 páginas.


Hace ya treinta años, toda la vida de un hombre, desde que las tropas coloniales del ejército español se alzaron en armas contra el gobierno de la segunda república. Comenzaba, aquel día 18 de julio de 1936, la guerra civil más sangrienta que hasta entonces se había conocido; se levantaba la veda para la caza del hombre; se acudía complacientemente desde los Estados Mayores europeos a las grandes maniobras generales de la segunda guerra mundial; se traspasaban al campo de la eliminación personal y de la práctica revolucionaria las polémicas y querellas que dividían el frente socialista. Por encima de todo esto, que era bastante, un pueblo, inmenso en generosidad, iba a ser inmolado en un holocausto de oportunismos; sacrificio que aún hoy, seis lustros ya, la existencia de un hombre, no ha concluido. Con la esperanza de que tanto sufrimiento, al final de tan largo y duro combate, no ha de ser inútil; ni para la clase que se debatió y resultó humillada, ni para todo un país maniatado y escarnecido.

Tal acontecimiento, no podía ser de otra forma, suscitó una curiosidad universal, cuando no una participación fraterna y desinteresada, hombro con hombro, en los campos de batalla. Los primeros frutos de las manifestaciones intelectuales no se hicieron esperar: Franz Borkenau (The Spanish Cockpit, Michigan, 1937), Georges Bernanos (Les grands cimetières sous la lune, París, 1938) y George Orwell (Homage to Catalonia, Londres, 1938). Después vino todo un raudal de literatura del momento, llamémosla así para no denunciar su vergonzante estilo de caricatura de la realidad o de testimonio partidista, encubridora de un maniqueísmo programado o de un encargo de las alturas. Es obligado insistir, una y otra vez, sobre la ínfima calidad de los estudios de la guerra civil debidos a los españoles política y militarmente contendientes o interesados en su perpetuación; haciendo abstracción de las piezas de carácter literario, imaginativo o poético. Parecía como si el español, el de siempre, el de dentro o el de fuera, estuviese incapacitado para emitir un juicio sobre el hecho que dejó en precario su existir como entidad política. Quizá fuese un signo de los tiempos, confusos y desconcertantes, que aún imponen su imperio; o, más exactamente, más cercanos a la realidad, que el español estuviese envuelto, inmerso por su escasa capacidad de análisis, en una interminable campaña de enfrentamiento, desunión y discordia. Había que esperar, antes de conseguir un resultado más fecundo, que los españoles se acercasen los unos a los otros sin pretensiones caínistas, sin ánimos de venganza y sin propósitos de sojuzgamiento. Tenía que llegar una generación de hombres nuevos, de individuos sin historia ; que en su actuar no relegasen la guerra civil a las vitrinas de los museos, pero que sí la considerasen como un fenómeno a no repetir; como algo a tener en cuenta, no en un balance revanchista, sino en el conocimiento de las causas estructurales que la hicieron posible y que en gran proporción todavía guardan vigencia. Unos hombres que no tuviesen que asumir el saldo de vidas y muertes, que no se responsabilizasen con la guerra de sus mayores. Esto, para los españoles del interior, aquéllos sobre cuyas espaldas juveniles cargaron los beneficios o las culpas del acontecimiento de armas, era algo muy difícil de conseguir. Y, hasta ahora, sólo hemos hablado de un problema de toma de conciencia; pensar en un trabajo de investigación seria y eficiente es algo mucho más remoto. No se reúnen en nuestro país cómodamente las condiciones de objetividad y serenidad que el investigador necesita; aunque éste sea otro problema muy distinto. Los españoles de fuera, por su parte, bastante tenían con poder vivir día a día; con tratar de resolver las diferencias y tragedias, abismos y separaciones, que en sus mochilas de soldados o en sus libros de escritores llevaron al exilio.

Este signo de esterilidad, apasionamiento, ausencia de razón y sano juicio, fue el que durante años, con uno u otro pie de imprenta, presidió lo escrito sobre el periodo 1936-1939. Era la época, repetimos, de los relatos personales falsificados o simplemente justificadores, con buena o mala fe, del paso del tiempo y del sucederse de los cambios políticos. En esta regla general cabe algún que otro libro de excepción; pero, lamentablemente, no habría que hacer grandes salvedades.

En esta tesitura, era evidente que, tras un compás de espera inevitable en cualquier estudio de tipo histórico con pretensiones de rigor científico, fuesen las plumas extranjeras las que se dedicasen al estudio de la guerra civil. El mérito habría que atribuirlo primero, en los tiempos más cercanos, a Hugh Thomas (The Spanish Civil War, Londres y Nueva York, 1961) (1); bien entendido que solamente se trata de una virtud circunstancial: poner sobre el tapete la temática de la guerra civil. H. Thomas adoptaba una postura normal, hasta cierto punto, en los estudiosos extranjeros: la de un frío analizador ante un espectáculo sanguinario, un festival lejano y exótico, en el que cualquier digresión ideológica quedaría descartada y resultaría descalificada. Thomas confundió el juego limpio con el no compromiso, que en la pura actividad intelectual son quehaceres opuestos. En esta primera hornada habría que hacer dos excepciones. La primera, muy anterior en el tiempo, es la de Gerald Brenan (The Spanish Labyrinth, Cambridge, 1943) (2), y que venía ilustrada por una condición no fácil de hallar: inserción en el tema, integración con la problemática ; debido ello, quizá, a su larga permanencia en España y, sobre todo a su indiscutible honestidad. Brenan perfilaba la introducción más conseguida al fenómeno socio-histórico de la guerra civil. La segunda excepción, contemporánea ésta al libro de Thomas, es la obra de Pierre Broué y Emile Témime (La révolution et la guerre d'Espagne, París, 1961); en este supuesto, los autores se lanzan, desde una plataforma de compromiso ideológico, a desentrañar una serie de cuestiones intrincadas y no explicadas del periodo de la lucha civil. Con todas las matizaciones y diferenciaciones partidistas que se le quieran y puedan hacer, era casi el primer intento de análisis, que arrancaba de una seria documentación y de un radical apasionamiento. Más que nada, una crónica de la lucha desde el sector geográfico de la zona republicana. Un valioso ensayo interpretativo de las fuerzas revolucionarias o contrarrevolucionarias en presencia.

A partir de 1961, fecha clave en nuestra historiografía, aparecen con mayor frecuencia una serie de títulos que estudian consecuentemente una serie de temas parciales. Entre los más destacados, y en un imprescindible aspecto desmitificador, El mito de la cruzada de Franco (París, Ruedo ibérico 1963) de Herbert R. Southworth, pieza única de orientación bibliográfica que sitúa en sus términos exactos un sin fin de obras publicadas con el no logrado afán de sentar cátedra de dogmatismo y cerrazón. En otro plano destacable las memorias de Ignacio Hidalgo de Cisneros, especialmente su segundo volumen (Cambio de rumbo. París, Colección Ebro 1964), que, aparte de su indiscutible atractivo literario y de sus calidades humanas de sincerísimo testimonio es inapreciable para el conocimiento del desarrollo militar de la contienda.

Por fin a los treinta años exactos, día a día, 1a Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, aprovechando el clima de reposo intelectual propiciado por la represión policiaca inicia la publicación de unos Cuadernos bibliográficos de la Guerra de España (1936-1939) iniciada con el Fascículo I de la Serie I. Esta primera entrega presenta los " folletos " existentes en la Biblioteca Nacional y en el Departamento de Estudios de la Guerra Civil del Ministerio de Información y Turismo. A cada ficha acompaña una breve nota crítica. La dirección de la publicación corre a cargo de Vicente Palacio Atard. La nota crítica a que hacemos referencia, por desgracia, sólo parece tener en cuenta el lugar de edición para la emisión del juicio valorativo. Un valor indiscutibie tiene esta nueva serie: cada ficha incluye la signatura del folleto en la Biblioteca Nacional; dato éste que, una vez obtenidas las reglamentarias autorizaciones y salvadas las moratorias interminables y las pesquisas policiales, facilitará su posterior localización y lectura. No ocurre lo mismo con los fondos pertenecientes al Departamento de Estudios de Información y Turismo que, hasta la fecha no tienen este "especialísimo" carácter de públicos.

Todo ello, como nota conducente al libro de Gabriel Jackson (The Spanish Republic and the Civil War, Princeton University Press, 1965) (3). G. J. conoce el tema a fondo, más de siete años de investigaciones, y parte de una premisa elogiable y ya ineludible: el intento de exponer " la historia de la segunda república y de la guerra civil como se vería desde el interior mismo de España ". Punto de observación que es el único válido; y el no separar como compartimentos estancos la república de la guerra, algo imprescindible si se quiere conseguir una primera aproximación de causas y efectos.

La contextura internacional del conflicto es dibujada sin dubitaciones por G. J. y desarrollada con arreglo al siguiente esquema: " Desde el comienzo los conspiradores militares contaron con la ayuda armada de Italia, la asistencia de Portugal y la neutralidad amistosa de los intereses ingleses y americanos en la Península [...], la actitud de los Estados Unidos estuvo dominada por el doble deseo de neutralidad y aislacionismo [...]. Entre las grandes potencias, únicamente en la Unión Soviética coincidió el sentimiento popular con la política del gobierno en favorecer la causa de la república [...]. En Portugal, bajo la dictadura de Oliveira Salazar, las masas silenciosas esperaban la victoria del Frente Popular como un paso para su propia salvación " (p. 247, 255 y 257).

En lo que respecta a la dimensión interna del conflicto, G. J. hace una descripción de la zona republicana que los españoles de generaciones jóvenes no hemos menos de agradecer. El autor no elude ningún acontecimiento cuyo examen pudiese resultar incómodo; un ejemplo, entre otros muchos, el caso de Andrés Nin; que había sido confusa o partidistamente tratado desde casi todos los frentes intelectuales. En las páginas 403 y 404, G. J. sitúa la desaparición del líder poumista en sus debidas proporciones; sin ocultar nada, sin minimizar, sin tratar de realizar deducciones fantásticas y con un adecuado sentido de la realidad histórica del momento. La muerte de Andrés Nin queda caracterizada como lo que tuvo que ser: una versión para españoles de las purgas estalinistas de la época. Este es un buen camino, valor y objetividad histórica, para todos los que política y científicamente se interesen por el hecho del enfrentamiento civil.

Gran interés guarda, asimismo, el estudio realizado por G. J. de la zona en poder del ejército sublevado. Son escasas las obras, medianamente aprovechables, sobre la formación y el nacimiento del nuevo Estado (entre los clásicos sigue figurando Ramón Serrano Suñer, con su Entre Hendaya y Gibraltar, Madrid, 1947). Incluso sugiere G. J., aunque sea labor que por sus dimensiones sólo ha podido dejar esbozada: la autonomía de los distintos responsables del levantamiento y las competencias de cada uno de ellos en sus respectivas demarcaciones de conquista. Apunta G. J. uno de los casos más atrayentes, sino el más interesante de todos : "Casi hasta el final de la guerra, Andalucía fue la propiedad personal de Gonzalo Queipo de Llano. Aseguró inmediatamente las facilidades portuarias de Sevilla, Cádiz y Algeciras, y muy poco después las de Huelva, que operarían virtualmente sin interrupción. Aceitunas, naranjas, jerez, piritas de hierro, fueron embarcadas a Inglaterra y al Norte de Europa en sus cantidades normales " (p. 415). Desde este punto, con toda claridad, se pasa al examen de las relaciones comerciales entre Andalucía y Alemania.

La obra concluye con tres apéndices que son cierre perfecto. El primer apéndice, lo dedica el autor a destruir la leyenda negra montada sobre la segunda república. El segundo, a exponer la legitimidad y autenticidad de todas las elecciones celebradas en dicho periodo; y, el tercero, a la fijación de las muertes originadas por el conflicto civil. G. J. reduce sensiblemente las bajas atribuidas a la guerra española. Que, sin embargo y con el dramatismo de las cifras, sufren un alza considerable, juicio acertado, al contabilizar y sumar las muertes habidas en España, a consecuencias de la guerra civil, en el periodo 1939-1945: últimas ejecuciones, cárceles, epidemias, hambre, etc.

En suma, la obra más importante publicada hasta el día de la fecha sobre la guerra civil española, y la presidida por un criterio más acertado. G. Jackson hace gala de un conocimiento documental exhaustivo y de un manejo correctísimo del mismo. Movidos, no obstante, por un exagerado criterio de erudición, podrían señalarse varias ausencias penosas. Para el periodo correspondiente al Pacto de San Sebastián y a los primeros pasos del gobierno provisional de la segunda república no se cita el Porqué cayó Alfonso XIII (México, 1961) de Miguel Maura. También es de señalar la falta de un documento de gran interés debido a Indalecio Prieto, sus Cartas a un escultor (Buenos Aires, 1961), correspondencia cruzada con el escultor Sebastián Miranda, y que proporciona información sobre la famosa candidatura de Cuenca (4) para las elecciones del Frente Popular y otros extremos también dignos de ser tenidos en consideración. Por último, por la fecha de edición casi contemporánea a su libro, G. J. no incluye el segundo volumen de las ya mencionadas memorias de Ignacio Hidalgo de Cisneros.

No obstante, estas correcciones finales son un puro formalismo; una deformación profesional metodológica difícilmente soslayable. Hay algo mucho más importante que permanece tras la lectura del libro de Gabriel Jackson. La erudición, en fin de cuentas, es un lujo pseudo-intelectual y que por sí sola tiene muy pobre valor. Una exhibición bibliográfica nunca podrá suplir lo que tan abundante y generosamente posee Gabriel Jackson: el amor al pueblo español, pero un amor racional, integrado y asimilado por la admiración de sus cualidades y la comprensión de sus sufrimientos. En todo estudio sobre la guerra civil española hay una hipótesis previa de trabajo, un primer deber de objetividad, que G. Jackson ha comprendido y que preside toda su obra: saber y reconocer dónde se situaba el pueblo de España en la guerra civil, que lado de la trinchera ocupaba y porque luchó y perdió su vida. Nada más abierto ni más esperanzado que las últimas líneas del libro de Gabriel Jackson: " De todos estos fenómenos, muchos analistas deducen que los españoles son incapaces para la política democrática. Pero debe recordarse que la república siguió a siete años de dictadura y que la precedente constitución monárquica había falsificado regularmente las elecciones para las Cortes [...]. La democracia sólo puede aprenderse a través de la experiencia y la libre agitación política siempre incluye un serio periodo de aprendizaje " (p. 490).


1. Traducción española : La guerra civil española, Ruedo ibérico. París, 1962. N.D.L.R.

2. Traducción española : El laberinto español, Ruedo ibérico, París, 1962.

3. De próxima aparición en Ediciones Grijalbo, México. Difusión asegurada para Europa occidental por Ruedo ibérico. N.D.L.R.

4. Las Cortes de la república anularon, el 3 de mayo de 1936, las elecciones del distrito electoral de Cuenca porque la lista mayoritaria -derechista- no había alcanzado el 40 % de votos exigido por la ley. El 24 de abril las derechas presentaron una lista con vistas a la segunda vuelta electoral, compuesta por José Antonio Primo de Rivera, Antonio Goicoechea, Francisco Franco Bahamonde y Manuel Gonsálvez. El gobernador civil de Cuenca dispuso -de acuerdo con la ley electoral- que los votos recogidos por los candidatos que no habían participado en la primera vuelta -José Antonio Primo de Rivera y el general Franco- no serían computados. El general Franco retiró su candidatura antes de la votación. N.D.L.R.


In Cuadernos de Ruedo ibérico nº 11, febrero-marzo 1967