Éditions Ruedo ibérico
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Presentación


Vitoria, capital de Álava, provincia de Euskadi, con sus 150 000 habitantes, era hasta hace unos años una pequeña ciudad tranquila y provinciana, con todas las características de una sociedad teñida por el predominio de una amplia clase media pequeño-burguesa. Es a partir de los años 60 cuando se inicia un periodo de creciente y progresiva industrialización, que hace que hoy su población sea eminentemente obrera.

Este proceso de industrialización ha provocado la necesidad de nueva mano de obra, cualificada o no. Numerosas empresas radicadas en Vizcaya, y sobre todo en Guipúzcoa, han trasladado sus plantas e instalado nuevas fábricas en la capital alavesa, dadas las ventajas fiscales derivadas del concierto económico, los bajos costos de construcción por ser terreno llano, y su situación geográfica abierta hacia el sur, lo que puede suponer ciertos ahorros a los inversores.

Todo ello hace que la población vitoriana esté compuesta, además de por el elemento alavés, por grupos guipuzcoanos y vizcaínos, así como por inmigrados de otros pueblos del Estado español.

Es en esta Vitoria, hasta ahora anodina para la opinión pública (aunque tampoco se pueden ocultar ni olvidar conflictos anteriores tan importantes como los de Ajuria, Esmaltaciones y, sobre todo, los de Michelín de 1971), donde millones de personas del mundo entero han fijado sus ojos a través de la prensa, radio y televisión.

Han sido necesarios cinco asesinatos de otros tantos obreros alaveses, realizados por la patronal y su gobierno, mediante sus guardianes armados, para que todo el pueblo, incluidos, claro está, los habitantes del Estado español, se enterase de que en Vitoria se estaba viviendo una importante lucha de la clase obrera contra el capital y su gobierno.

La masacre de Vitoria, mucho más que la propia huelga de dos meses, ha sido objeto de las primeras páginas y primeros espacios informativos de la prensa, radio y televisión del mundo entero.

Nosotros estimamos que la mayor traición que se podría hacer a la clase obrera alavesa y a los mismos obreros asesinados sería quedarse en el final de toda una tragedia o aislar la masacre de su contexto, ocultando lo que nos parece fundamental: la heroica lucha llevada por los obreros alaveses durante más de dos meses a través de la Asamblea de fábricas en lucha, que es lo que precisamente ha originado la criminal masacre. Porque la matanza no ha sido algo casual, sino el episodio más cruel (que puede repetirse en Vitoria y en cualquier otro rincón dominado por la dictadura juancarlista) de una larga lucha de la clase obrera alavesa contra el capital y su gobierno.

En efecto, existe el peligro de quedarse con los datos finales, sensacionalistas y a la vez trágicos, como es una matanza que ha costado tantas vidas humanas y heridos. La prensa del Estado español, y la misma prensa internacional, con algunas excepciones, al servir a intereses capitalistas, ha tenido buen cuidado de no ir a la raíz de los hechos, ocultando o dejando en la penumbra lo que realmente ha sido lo importante y a la vez desencadenador de la misma: el duro y largo combate de los obreros alaveses, apoyados por sectores populares, que han ido tomando conciencia de que son ellos quienes tienen que decidir democráticamente su camino para la destrucción del sistema capitalista y la construcción de una sociedad sin clases.

Para ello, la clase obrera alavesa, a través de la Asamblea de fábricas en lucha, se ha enfrentado a la legalidad burguesa, rechazando y marginando al sindicato oficial e imponiendo su negociación directa con la patronal a través de sus representantes elegidos directamente por cada Asamblea de fábrica.

Y así, de esta forma y con esta lucha, ha demostrado su capacidad de autoorganización y la eficacia de la asamblea obrera como motor y dirigente de la lucha y la fuerza que da la unión.

Todo esto es precisamente lo que los capitalistas, su gobierno y guardianes armados no pueden consentir. Por eso, Fraga y su gobierno, defensores de los intereses de los empresarios, ordenaron a su policía y guardia civil disparar, matar y detener a los obreros alaveses: Este es el camino de la «democracia» fascista de la monarquía juancarlista.

De ahí la importancia y la necesidad de que esta experiencia de combate obrero y de la matanza consiguiente no quede en el olvido. Ese es justamente el deseo de los empresarios y su gobierno, y prueba de ello es el secuestro de que ha sido objeto el primer libro escrito sobre los acontecimientos de Vitoria (El libro negro de Vitoria, de ediciones 99, de Madrid). Sus autores, periodistas madrileños, han sido procesados por el TOP.

Los empresarios y el gobierno de la dictadura juancarlista no están dispuestos a que queden escritos y aparezcan ante la opinión pública sus crímenes ni el testimonio del largo combate que culminó en la trágica matanza del día 3 de marzo [de 1976] en la iglesia de San Francisco de Vitoria.

Por ello, haciéndonos eco de la voz de la clase obrera alavesa, hemos querido reunir en este libro materiales elaborados por las propias Comisiones representativas, así como testimonios directos de los mismos protagonistas recogidos en directo.

Creemos que la lucha y la tragedia de Vitoria tendrán que ser desveladas con estudios y análisis exhaustivos, pero por de pronto aquí va esta documentación que a pesar de ser de urgencia reúne datos importantes y de primera mano.

Estimamos que todo ello puede ser, a la vez que una denuncia pública de un sistema y de un gobierno, un material útil para sucesivos combates de la clase obrera.