Éditions Ruedo ibérico
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INTRODUCCION a la primera edición


Más de 200 colegios, institutos, residencias universitarias, centros culturales de todo orden, diseminados por 40 países de Europa, África, Asia y las dos Américas ; una sede central en Roma que alberga permanentemente, además de un sólido Estado Mayor, 300 personas debidamente seleccionadas y provistas de impresionantes títulos universitarios, que se dedican durante cinco años a austeros estudios filosófico-religiosos ; éste es el balance sumario de la implantación mundial del Opus Dei, tal como lo establecía hace ya tres años Jacques Guillemé-Brûlon en una serie de artículos publicados en el diario francés Le Figaro, consagrados al célebre Instituto Secular (1). Todo nos autoriza a pensar que esas cifras están hoy ampliamente superadas (2).

El Opus Dei ha hecho correr ya mucha tinta. ¿ Se trata de una institución de carácter puramente religioso que pone al servicio de nuevas formas de apostolado el empleo racional de técnicas y de medios de acción modernos ? ¿ O bien se trata de una sociedad casi secreta que aspira, en primer lugar, a captar las élites, al mismo tiempo que persigue fines, mal conocidos en todo caso, retrógrados y más políticos que religiosos ? He aquí sumariamente resumidos los dos polos de una controversia en la que esperamos introducirán alguna claridad las páginas que siguen, aunque como indica claramente el título de este trabajo, el objeto perseguido está netamente circunscrito a un país determinado : España.

En efecto, este libro es el resultado de una serie de constataciones : el Opus Dei ha nacido en España hace cuarenta años ; su fundador es un sacerdote español. Aunque sus dirigentes afirman que la Obra tiene desde sus orígenes una vocación universal, de hecho, hasta hace unos quince años, parece haber sido poco menos que puramente española. Antes, pues, de convertirse en la importante organización extendida por varios continentes que hoy conocemos, el Opus Dei estuvo durante un largo periodo de su existencia estrechamente inscrito en el contexto no solamente religioso, sino también intelectual, político y social, de la España anterior y sobre todo posterior a 1936. ¿ No da esta circunstancia un interés primordial a seguir la evolución de la Obra, desde su creación, en el cuadro de su país de origen ?

Es indiscutible, por otra parte, que España sigue siendo en la hora actual el terreno preferido y el baluarte esencial del Opus Dei. En ninguna parte del mundo es tan omnipresente la Obra ; en ninguna otra parte su papel exacto desata tantas discusiones apasionadas. Para algunos, el Opus Dei es un extraordinario instrumento de renovación del catolicismo español ; para otros, más numerosos, es -y que se nos disculpe este juego de palabras- el Deus ex machina que todo lo explica. Es conocida la anécdota del jesuita español a quien preguntaba un diplomático extranjero la opinión que le merecía la actividad del Opus Dei en su país. El jesuita respondió : « Muy buena. Antes cuando algo andaba mal en España se acusaba a los jesuitas. Ahora se echa la culpa de todo al Opus Dei...»

Tendremos ocasión de volver ampliamente sobre este debate ; pero no deja de ser cierto que el Opus Dei, que según The New York Times del 9 de mayo de 1967, agrupa en España 20 000 miembros, ha llegado a ser hoy, según opinión casi unánime, un elemento esencial en la vida española. Si se recuerda que la poderosa organización actual comenzó, en 1928, siendo únicamente un grupo de algunos estudiantes católicos madrileños que rodeaba a un sacerdote aragonés desconocido, se explica que parezca una aventura asombrosa y verdaderamente excepcional a cualquiera que se interese por la historia contemporánea de España.

Seguir el desarrollo de esta aventura es el fin que se propone el presente trabajo. Desearíamos situar al Opus Dei con relación a las corrientes de pensamiento que ha encontrado en su camino en la España de estos últimos cuarenta años ; marcar las etapas del desarrollo de la Obra; subrayar, en fin, sus sucesivas transformaciones. Estamos convencidos de que, desde sus orígenes, el Opus Dei no ha dejado de modificarse de acuerdo con la coyuntura ; y por esta razón hemos proyectado nuestra tarea como historia y no como sociología ; sólo un análisis histórico puede dar cuenta del complejo itinerario de la Obra. Estudiaremos, primero, las implicaciones ideológicas y políticas del Opus Dei ; pero no podrá ser descuidado su aspecto puramente religioso ; debido a la propia naturaleza del Opus Dei, este aspecto es difícilmente disociable de la actuación de conjunto desarrollada en España por el Padre Escrivá y su grupo.

Un contacto estrecho con la realidad española actual nos ha convencido -y ese convencimiento es el origen de este estudio- de que el papel histórico del Opus Dei en la España contemporánea y, en especial, en la España posterior a 1939, aunque sea poco conocido con frecuencia y sobrestimado a veces, es un hecho y merece que se intente pesar con todo cuidado su importancia. Incluso es necesario ir más lejos, y afirmar ya que si se descuida el estudio del crecimiento del Opus Dei, lento en un principio y rápido más tarde, si no se presta atención a los diferentes cambios de orientación que cabe señalar en la historia del Instituto, se renuncia a un importante hilo conductor para comprender la España franquista.

Detrás de una fachada de relativo inmovilismo institucional (3), turbado por las crisis sociales y por ciertos cambios de rumbo bruscos, el régimen del general Franco no ha cesado de ser, desde su origen, teatro de conflictos internos, a menudo mal conocidos. En el seno del franquismo cohabitan movimientos muy diversos : falangismo, tradicionalismo, tendencias monárquicas y demócratas cristianas, más o menos conscientes, que se entregaron y se entregan todavía a sordas luchas de influencia, complicadas por rivalidades personales y toda especie de intrigas, a las que el Caudillo pone tregua periódicamente, imponiendo su arbitraje soberano. Muy pronto, el Opus Dei ocupará un lugar en el seno de estas fuerzas, todas ellas ávidas de aumentar, o de defender, su autoridad y su esfera de influencia. Intentaremos presentar al Instituto en la encrucijada de ciertos episodios importantes de la evolución del franquismo como, por ejemplo, la crisis gubernamental de 1956. La actitud del Opus Dei, o si se quiere la de algunas de sus fracciones -la distinción es capital y merece ser señalada ya aquí-, primero subterránea, o al menos limitada al campo de la ideología, de la enseñanza y de la investigación científica, se extiende al campo político a partir de la década del 50. El gran viraje económico de 1959 confirmará la importancia adquirida por los hombres del Instituto en la orientación del régimen.

Nos parece inútil señalar que el problema del Opus Dei en España, tal como lo plantean las líneas precedentes, entra en contradicción flagrante con los portavoces oficiales de la Obra. Estos portavoces se niegan a admitir que el Opus Dei sea otra cosa que una institución exclusivamente religiosa y que, por lo tanto, intervenga en el terreno político. Los miembros del Instituto pueden adoptar posiciones ideológicas y políticas, pero esa adopción es libre, su responsabilidad enteramente personal, y el Opus Dei no está obligado por los compromisos adquiridos por algunos de sus miembros.

Volveremos sobre esta tesis, expuesta en términos más o menos idénticos cada vez que un espíritu no conformista trata de probar que, de hecho, el Opus Dei ha adquirido el aspecto de un movimiento político-religioso. Es evidente que esto constituye un punto capital del problema. Por el instante, y sólo para justificar la perspectiva que hemos adoptado en este estudio, vamos a contentarnos con oponer a las negativas de los responsables del Opus Dei algunas afirmaciones formuladas por personas poco sospechosas de antipatía hacia la Obra.

Ya el 15 de octubre de 1952, Jean Creac'h, cuyos vínculos con el Opus Dei no son un secreto para nadie, por entonces corresponsal del diario Le Monde en Madrid, daba a uno de sus artículos el siguiente título : « Una institución religiosa estimula a la Iglesia y al Estado españoles : la Sociedad del Opus Dei » (el subrayado es nuestro). Precisamente este estímulo, en su aspecto puramente político, es el que nos vamos a esforzar en poner de relieve.

Más recientemente, un escritor español muy cercano al Instituto, Vicente Marrero, evocaba en un grueso volumen (4) los conflictos ideológicos que se manifiestan en la España actual. A propósito del Opus Dei adopta la posición tradicional de los amigos de la Obra, pero de manera muy matizada ; tan matizada, incluso, que emplea respecto a ella la expresión « grupo de presión ». He aquí las líneas más significativas de Marrero : « El Opus Dei, en cuanto tal, no se identificará con las ideas políticas o intelectuales o con las actividades económicas o sociales de sus miembros, pero como grupo de presión, vamos a llamarlo así siguiendo una terminología ahora muy usada, no puede ocurrir que sea inexistente. » (5)

Finalmente, el mismo año, un miembro eminente del Opus Dei, Antonio Fontán, al estudiar en un pequeño pero sustancioso volumen (6) el papel de los católicos en la Universidad española en el curso de los últimos cincuenta años, se extiende ampliamente sobre los diferentes « proyectos político-culturales »(7) que se han sucedido en España desde 1940. De manera natural, el Opus Dei figura, según Fontán, entre tales « proyectos político-culturales». ¿ No hallamos también aquí una confesión implícita de que la tesis de un Opus Dei, institución estrictamente religiosa, es insostenible ? Otros interrogantes se nos plantean en el mismo sentido. Que se nos permita formularlos ya. ¿ Cómo es posible que un organismo de carácter religioso, y exclusivamente religioso, que afirma la libertad total de sus miembros en materia cultural, social y política, que se pretende pluralista y preocupado únicamente por el bien de las almas, tropiece con tanta hostilidad ? ¿ Por qué el Opus Dei se esfuerza vanamente desde hace años, con gran despliegue de comunicados, en convencer a la opinión española de que se mantiene al margen de la política? ¿Por qué choca con tantos incrédulos cuando afirma que sus métodos de acción, no por ser nuevos dejan de ser completamente normales y no recuerdan en nada ciertos procedimientos atribuidos a las sociedades secretas prohibidas en España desde 1939 ? Es cierto que algunos de los ataques más virulentos contra el Opus Dei proceden de la « izquierda » falangista, a la que se puede suponer envidiosa de los rápidos progresos del Instituto, progresos que contrastan con el terreno por ella perdido desde 1945. Pero ¿ no es impresionante constatar la convergencia de opiniones respecto al Opus Dei de todos los sectores más o menos ligados a la oposición, desde los liberales más tímidos a la extrema izquierda ? Semejante unanimidad viniendo de hombres que profesan opiniones muy diversas en cuanto al porvenir de España, y muchos de los cuales son intelectuales con gran independencia de criterio, ¿ no es por lo menos desconcertante ?(8)

Para cualquiera no interesado queda fuera de discusión que, en la España actual, el Opus Dei en sí mismo ha adquirido el aspecto, volens nolens, de un organismo que ya no es exclusivamente religioso. Al constatarlo no hacemos otra cosa que señalar una evidencia. Negar esta evidencia es tan absurdo como querer descubrir huellas de la Obra por todas partes, cosa que también sucede. Queda así legitimado el objeto de este libro ; para prevenir eventuales objecciones, hemos querido, aun a costa de algunas repeticiones, formular estas precisiones indispensables en las primeras páginas de este trabajo. Hecho esto, el autor tiene que confesar que no se ha lanzado a esta aventura sin ciertas aprensiones. Estudiar una organización ciertamente religiosa en sus principios, pero que ha llegado a ser parapolítica, y que parcialmente se ha transformado en grupo de presión influyente, es tarea singularmente difícil cuando los responsables de tal organización se niegan absolutamente a reconocer dicho carácter. Esa es, desde luego, la actitud de todos los miembros del Opus Dei. Interrogarlos sobre los fines que el Opus Dei persigue y sobre las modalidades de su acción, dando a entender, aunque sea ínfimamente, que la Obra no tiene un carácter exclusivamente apostólico, significa recibir en el acto un mentís absoluto, acompañado de una respuesta tan categórica como estereotipada. Se trata de una « cuestión previa » en materia de método de trabajo que apenas admite excepción. Hay que añadir a esto la notoria reputación de « discreto » de que goza el Opus Dei y su gusto por el secreto, que sólo ahora comienza a atenuarse un poco.

En fin, los portavoces de la Obra tienen una singular aptitud para soportar con dificultad cualquier contradicción por cortés que sea ; demostrando una especie de incapacidad física para tolerar la libertad de crítica, les repugna toda discusión y la mayoría de las veces se limitan a la negativa pura y simplemente. La consecuencia de tal talante es que, en un estudio como el nuestro, la encuesta personal entre los miembros del Instituto resulta completamente imposible.

Nos hemos visto obligados, por lo tanto, a prescindir de ella en este libro. En contrapartida, hemos estudiado y examinado detenidamente cuantos libros y artículos procedentes de miembros españoles del Opus Dei nos ha sido dado a conocer -algunos de estos escritos tienen carácter confidencial- y de ellos hemos retenido, con especial interés, cuanto concierne a la evolución política e ideológica de España. Siempre que ha sido posible, hemos cedido la palabra a estos textos, que con frecuencia son muy elocuentes en sí mismos. Se ha hecho un trabajo bibliográfico análogo con las publicaciones de autores no pertenecientes al Opus Dei. Se ha completado esta investigación con una larga encuesta, forzosamente unilateral, sobre el terreno. Esta encuesta nos ha permitido recoger testimonios orales de hombres que por su profesión, su trabajo personal, su conocimiento de la política española de los veinticinco últimos años, por los vínculos que, en algún momento de su vida, tuvieron con el Opus Dei, podían aportar informaciones muy preciosas sobre las actividades de la Obra en España. Tales informaciones, por no poder ser contrastadas en la mayor parte de los casos, no dejan de ser el complemento indispensable de los documentos escritos, incluso aunque haya que utilizarlas con cierta prudencia. Por razones evidentes no podemos citar los nombres de estas personas. El autor tiene que limitarse simplemente a dar gracias colectiva, pero calurosamente, a todos sus interlocutores.

Relacionado con la actualidad más inmediata y fundado sobre una documentación cuyos límites acabamos de señalar y que no abarca archivos originales, el presente estudio no pretende alcanzar el rigor de un trabajo histórico propiamente dicho. El autor es perfectamente consciente de su temeridad al aventurarse en un terreno apenas descubierto y sembrado de asechanzas. Quiere solamente, con toda buena fe, que esta crónica imperfecta, al abrir pistas, al señalar correlaciones y constantes, pueda ser de alguna utilidad a los futuros historiadores de la época franquista y prefranquista, al mismo tiempo que arroje ya cierta luz sobre algunos aspectos mal conocidos de la España contemporánea.

Para terminar estas largas pero necesarias consideraciones, nos permitimos hacer el siguiente ruego. A causa de las condiciones en que ha sido elaborado este trabajo, las páginas que siguen contendrán lagunas e inexactitudes. Puede ser que hasta sean demasiado numerosas al abordar los problemas relacionados con la vida interna del Instituto, vida interna de la que sólo se puede tener conocimiento, actualmente, fundándose en hipótesis, comparaciones y confidencias -también- de antiguos miembros de la Obra, carentes, quizá por esta misma razón, de imparcialidad. El Opus Dei no dejará, en consecuencia, de refutar numerosos puntos y de aducir rectificaciones. ¿ No valdría más que la Obra, en lugar de limitarse a las críticas de detalle, expresadas verosímilmente con tono de indignación, aprovechase la ocasión de este trabajo para abandonar las fórmulas hechas, y presentase, por fin, una defensa exacta y motivada tanto de sus estructuras como de su papel en la vida española de hoy ? El autor de este estudio, por ser él mismo católico y por tratarse de una organización católica, debe formular este ruego de la manera más neta. Si por suerte este libro obtuviese algún resultado aun parcial ; si el Opus Dei, respondiendo a los interrogantes que a su respecto se formulan tantos españoles, consintiera alzar el velo que cubre su actuación real, quedaríamos plenamente convencidos de que nuestra ardua tarea no ha sido inútil (9).


Daniel Artigues (Jean Becarud) Marzo de 1968



NOTAS

1. J. Guillemé-BrÛlon : Le Figaro, 26 de marzo de 1964. (Bueno será señalar que el Opus Dei, Instituto Secular desde 1947, quizá esté en vísperas de modificar su situación canónica. En espera que ésta sea oficialmente determinada, se continúa empleando para designar al Opus Dei la expresión Instituto Secular, aunque ciertos portavoces del mismo Opus Dei pretendan que este término no es exacto ya y se utilice más la palabra Obra, que es la que emplean corrientemente los miembros del Opus Dei para designar la organización a que pertenecen.

2. En un artículo objetivo y bien informado de 1965, J. P. Lapierre calculaba los efectivos globales del Opus Dei en 72 000 miembros, comprendidas todas las categorías. (Revue Politique et Parlementaire, septiembre de 1965, p. 27.)

3. El mismo J. Guillemé-Brûlon, poco sospechoso de hostilidad sistemática hacia el Opus Dei, puesto que el Padre Escrivá le ha reservado el privileqio extra- ordinariamente raro, de concederle una entrevista (Le Figaro del 16 de mayo de 1964), en el número del 2 de marzo de 1964 del mismo diario, escribía en estos términos al comienzo de uno de sus artículos sobre la Obra: « La historia de la España contemporánea seguiría siendo completamente hermética sin el examen de la asombrosa documentación que hoy ofrecemos a la atención de nuestros lectores ».

4. La guerra de España y el trust de los cerebros, Ediciones Punta Europa, Madrid, 1961.

5. Ibid., p. 493-494.

6. Antonio Fontán, Los católicos en la Universidad española, Rialp, Madrid, 1961.

7. Op. cit, p. 100.

8. Un buen ejemplo de las posiciones adoptadas por los representantes de la oposición ante el problema del Opus Dei, tal como se planteaba ya en 1965, nos lo da una nota de Dionisio Ridruejo, publicada en Mañana, en octubre del mismo año (p. 4). Hemos considerado necesario reproducir íntegramente este texto pues formula, de manera a la vez firme y matizada, la situación del Opus Dei en tanto que grupo de presión : « El grupo de presión a que me refiero se identifica, para la mayoría de los españoles, como la asociación u orden religiosa (Instituto Secular es su denominación oficial) del Opus Dei. Sabemos, claro es, que tal identificación pudiera ser excesiva. Sin duda hay en el Opus Dei personas que discrepan políticamente del equipo tecnocrático que hoy «representa» ante el país al antedicho. Algunos de los mismos « políticos» del Opus, que hacia los años 50 se expresaban como contrarrevolucionarios fervorosos, antiliberales y casi integristas, confían hoy en las soluciones democráticas y no ocultan su desazón por la colaboración persistente de sus cofrades de reemplazo. Justo es anotarlo. También es justo anotar que, con frecuencia, ciertos sacerdotes del Opus insisten públicamente en aclarar que su orden, asociación o Pía Unión, no es más que un vínculo que compromete a ejercer el apostolado en el siglo mediante la práctica de la ejemplaridad cristiana y que las colaboraciones políticas o las implicaciones económicas de los individuos de la Obra nada tienen que ver con ésta ni la comprometen, son el resultado de la libertad de que sus miembros gozan en su acción secular. A esto cabe argüir que quizá sea cierto, pero que las apariencias acusan un fuerte espíritu mutualista entre los miembros del Opus y que ayudarse sectariamente para conquistar posiciones en el mundo -ya se trate de cátedras, ya de gerencias- no parece un modelo de apostolado cristiano y sugiere la imagen del grupo de presión. Es ahí, en la figura del grupo de presión, donde se confunden las cosas. Si los hombres del Opus aparecen solidarizados en la recíproca ayuda, llevando gerencias de Ministerios o de negocios, de medios de publicidad o de centros de cultura, «eso» es, en la práctica, puro grupo de presión. Y no cabe alegar que no se comprometen con la colaboración de éste o aquél los que de ella se benefician asociativamente. Haría bien el Opus de recurrir al sano medio de la publicidad por lo que a sus implicaciones se refiere. En tanto no lo haga, como ahora, más que con vagas teorizaciones, tendremos que seguir pensando que el ciudadano común que ve al « Opus » en el gobierno y lo confunde con un grupo de presión parasitado en el franquismo y de cariz muy conservador, incurre, quizá, en una simplificación, pero no en una injusticia. »

9. Es interesante recordar que la revista El Ciervo de Barcelona, al abrir un debate en 1965 sobre el Opus Dei, recibió un voluminoso correo. Varias cartas, aun usando un tono respetuoso con el Opus Dei, expresaban, sin embargo, el deseo de que la Obra aceptase la discusión y aclarase ella misma algunas de sus actividades. Por ejemplo, un corresponsal de Zaragoza escribía en El Ciervo de agosto de 1965 (p. 14); «Continuar en esa especie de semiarcano no es un beneficio para la Obra. Beneficioso es que se pueda discutir sobre « Opus Dei », que se ponga en tela de juicio muchas de sus actuaciones y que se purifique hasta públicamente, si lo necesita. » Hace poco tiempo (a fines de 1967), ha sido publicado en Alemania un libro cuyo título es Opus Dei. Für und Wider (Opus Dei. El pro y el contra). Se trata de una colección de artículos y estudios que informan útilmente sobre las actividades de la Obra en algunos países. Pero, a la inversa de lo que parece indicar su título, el libro no incluye ningún punto de vista hostil al Opus Dei. En su escueta bibliografía sólo figuran referencias favorables a la Obra, con excepción de los muy conocidos artículos de Urs von Balthasar.