Jorge Semprún

José Manuel Naredo, Xornal de Galicia, 15.6.2011
El reciente fallecimiento del conocido político y escritor Jorge Semprún originó una variada nube de artículos y referencias en los medios sobre su persona que solo tienen en común haber dejado una laguna importante, que trato de paliar con estas líneas. En ninguno de los artículos ni reseñas en radio y televisión sobre Semprún aparecidos recientemente se hizo mención, que yo sepa, a su relación con la editorial Ruedo ibérico y menos aún con su revista Cuadernos de Ruedo ibérico.
Poco importa que haya sido ignorancia, olvido, autocensura o todo junto, lo que sigue motivando el ninguneo sistemático que se ha venido produciendo hacia una editorial y una revista que, en su día, alguien calificó, como la meca de antifranquismo.
Ambas cometieron el gran pecado de no entrar por el aro de una transición política excluyente y de denunciar una ley que amnistiaba de un plumazo todos los crímenes contra la humanidad del régimen franquista: tema que, al haberse cerrado en falso, ha resurgido ahora con la persecución del juez Garzón. Ante la perplejidad y vergüenza que de pronto dicen sentir algunos por el acoso al juez Garzón, Juan Martínez Alier nos recuerda en un texto suyo reciente (La crítica de la Transición en las páginas de Ruedo ibérico, Colegio de España, París, 27/5/11) que “era previsible. Fue previsto, explicado y advertido”.
Para refrescar un poco la memoria histórica voy a recordar que conocí personalmente a Jorge Semprún y a Fernando Claudín en unas jornadas clandestinas de reflexión de estudiantes comunistas con la dirección del PCE, que tuvieron lugar en las proximidades de Arrás, en Francia, durante el verano de l963. Recuerdo que Jorge y Fernando mostraban un talante bastante más abierto a inquietudes intelectuales y políticas y una personalidad bastante más cultivada que los del resto de los funcionarios de la dirección del partido presentes en el encuentro.
Así, su relación con los universitarios, aunque no siempre coincidente en ideas, resultó ser bastante más fluida que la del resto de sus camaradas de la plana mayor del PCE y lo siguió siendo después de que fuéramos expulsados del partido por desavenencias con la dirección (yo al poco de volver de Arrás y ellos unos cuantos meses más tarde).
Tras su expulsión del partido, la editorial Ruedo ibérico, con su director José Martínez a la cabeza, los acogió con espíritu hospitalario, ayudándoles a superar ese episodio de sus vidas. Jorge Semprún pasó a ser socio de la editorial Ruedo ibérico y redactor-jefe de la revista Cuadernos de Ruedo ibérico durante toda su primera época (1965-1973) codo a codo con José Martínez, alma tanto de la editorial, como de la revista. Fernando Claudín, más desvalido que Jorge –que era ya entonces escritor e intelectual bien reconocido en Francia– recibió de la editorial trabajo como traductor (sobre todo del ruso de las obras de Trotsky) y anticipos como autor (de un importante volumen, prologado por Jorge Semprún, sobre La crisis del movimiento comunista, París, Ruedo ibérico, 1970, 680 pp.) para paliar su precaria situación económica, tras perder los privilegios de la nomenclatura del PCE.
Ambos estrecharon vínculos de amistad y de colaboración con José Martínez y con muchas de las personas vinculadas a la editorial y a la revista, que no cabe enumerar aquí. Simplemente quiero constatar que mantengo buen recuerdo de esa relación, durante mis dos estancias en París, en 1966-67 y 1970-73 y quiero rememorarla ahora que ambos han fallecido, al igual que falleció José Martínez y mucho más recientemente, casi coincidiendo con Jorge, mi compañera de toda la vida y también testigo de esos encuentros, María Molero. Porque esas relaciones de amistad y colaboración existieron, pero también se desvanecieron después, con la diáspora de la izquierda antifranquista vinculada a Ruedo ibérico y con la desaparición de la editorial, víctima de esa transición excluyente de los críticos del sistema de poder oligárquico imperante, que se reconvirtió “sin traumas” bajo la nueva cobertura democrática que le facilitó esa izquierda contemporizadora con el poder, capitaneada por el PSOE.
Jorge Semprún y Fernando Claudín formaron parte de esa diáspora y el PSOE de Felipe González les ofreció sendos puestos al sol en el nuevo régimen democrático que pasaron a ocupar, al frente del Ministerio de Cultura y de la Fundación Pablo Iglesias, respectivamente, hipotecando sus anteriores estatus de librepensadores, su posible mordiente crítico y hasta sus amigos (cuando estuvieron en España, apenas vi ya a Jorge y a Fernando, como no fuera de modo tangencial, en algún encuentro casual, en los múltiples actos en los que participaron).
Valga decir, eso sí, que gracias a mi amigo Juan Manuel Velasco, Director General del Libro siendo ministro de Cultura Jorge Sempún, se pudo hacer una compra de libros de Ruedo ibérico destinada a las bibliotecas por una cuantía que permitió sufragar el préstamo contraído por la editorial con el antiguo Banco de Crédito Industrial y liberar las viviendas hipotecadas (la de un amigo y la mía) que avalaban dicho crédito. Desconozco hasta qué punto el entonces ministro Jorge Semprún tuvo o no conocimiento de esta operación y tampoco puedo preguntárselo a Juan Manuel Velasco, fallecido mucho antes. Tal vez fuera lo último que pudo hacer a favor de Ruedo ibérico y de quienes apoyamos hasta el final ese empeño editorial tan “radicalmente libre y radicalmente independiente”.
Fuente:http://www.xornal.com/opinions/2011/06/15/Opinion/jorge-semprun/2011061422461900206.html

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